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miércoles, 24 de agosto de 2011

Macho Man

Hay una especie extraña por ahí  “purulando”
hombrecillos breves en cuerpos de macho
que van por la vida con la boca abierta
de tanta fachada y tanta verborrea.

Les gusta inventarse vidas paralelas,
engordan su ego según su bragueta,
miran a las hembras con la lengua fuera
se les cae la baba (voy por servilletas)

Su noble cabeza es cuadriculada,
¡su escasa neurona vive encarcelada!
¿fútbol o partida? ¿botellín o jarra?
¡mira aquella piba! ¡qué polvo le echaba!


Solteros de oro, casados de plomo
que buscan un cuerpo y un culito mono.
Quieren mesa puesta, la comida hecha,
la cama caliente y tu siempre dispuesta.
La ropa lavada, tendida, planchada,
la boca callada, las piernas abiertas.

Son los trogloditas de esta nueva era..
que hoy tienen corbatas, chaleco y cartera.
No se han enterado que en la edad moderna
la mujer se erige cual hembra y guerrera.

Es autosuficiente. Elige ser ella.
Es madre y amiga, currante y colega,
es fuerza y empuje, es fuego y entrega,
es persona íntegra, compleja y completa…

Supongo que asusta tanta competencia….
y algunos insisten en ir por la vida
con la neurona colgando en su cuerpo de macho
¡bragueta abajo! ¡bragueta arriba!


Un alma abandonada

En las sombras de la madrugada
vaga un corazón herido,
porta una espina clavada,
espina que se llama olvido.

No sabe a donde va yendo,
a donde dirige su destino
tan sólo viaja deteniendo
su mirada, infinito desatino.

Si te acercas alcanzas a percibir
aquella alma en pena rezando;
de casa en casa su malherir
duras penas para sentirla murmurando:


¿Por qué me has abandonado?
¿Cuándo tu amor por mi se ha quebrado?
Ni me di cuenta ¡ay ingenua!
de que aquello no era una tregua,
ni pacto, ni entendimiento,ni esperanza,
ni desaliento; ni certeza, ni la suerte…
resultaba ser mi muerte.

Era el vacío, el abandono, no era nada; era el fin.

Ya no sufras más aliento,
ya parece que va amaneciendo,
olvida tú al olvido, momento
en el que tu savia irá creciendo;
deja los suspiros, alma errante,
aligera tu mochila de piedra
¡De tanto peso inútil y constante!
Y vuela…
vuela alto por los aires de la Sierra…

En las sombras de la madrugada
anda un alma ermitaña,
que observa en paz la alborada,
en lo alto de la montaña.