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miércoles, 4 de julio de 2012

Hay que aprender a decir adiós...

Nada dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo, y nuestra mente lo sabe. Sin embargo, qué difícil es que nuestro corazón lo entienda y lo acepte.

Vivimos un proceso continuo de cambios, de despedidas, de bienvenidas. Dejamos atrás una parte de nuestra vida para empezar otra. Pero es más fácil dar la bienvenida que despedirse.

Decía un sabio que tardamos unos segundos en decir “hola” mientras que para decir “adiós” tardamos meses, a veces años, o no lo conseguimos nunca.

Cuando la despedida no ha sido elección nuestra, todavía se nos hace más difícil.

¿Cómo podemos aceptar su ausencia? Las preguntas invaden nuestro pensamiento:

¿Por qué se ha ido? ¿Por qué me ha dejado? ¿Cómo voy a superarlo?.

Al principio nos cuesta creer que ya no está. Después, buscamos culpables o
nos culpabilizamos a nosotros mismos de la separación, de la ausencia. Finalmente lloramos, inundados por la sensación de abandono y soledad.

No es fácil decir adiós. Sin embargo, nos hemos de despedir para seguir adelante,
para dar la bienvenida a una nueva vida, una vida sin ese alguien que tanto significó para nosotros.

A veces nos da miedo despedirnos. Pensamos que si lo hacemos nos desprenderemos de la
persona que ya no está, nos quedaremos solos. Pero no es necesario decir adiós a esa persona si no quieres. Di adiós a su ausencia, cruza el puente. Llora hasta que puedas reir.

Date tiempo. Trata de separar lo perdido de ti mismo: no es lo mismo pensar que se ha ido
que pensar que te ha dejado.

No te juzgues, sé amable y comprensivo contigo. No tengas prisa. Cuídate.

Haz actividades que te consuelen. Acepta la ayuda de los demás, busca personas con las que puedas hablar, que te comprendan.

Trata de enfocarte en lo bueno de vuestra relación y agradécelo.

Confía, el dolor se apaciguará, permite que vaya menguando para que aparezca lo nuevo.

Recuerda que no podemos decir “hola” si antes no hemos dicho “adiós”.

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