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martes, 22 de abril de 2014

Hacer feliz, es el mayor aliciente para tu propia felicidad…

Cuando amas, la meta principal debe de estar en llegar al corazón de la persona,
intentar conocer sus fibras más sensibles, sus necesidades, sus sueños y sobre todo,
sacar de uno mismo lo mejor que tiene para ponerlo al servicio de la felicidad
de la persona a la que se ama…

No es una tarea fácil, por que en los sentimientos. intervienen demasiados factores
que nublan nuestra razón para comprender que el amor es una continua entrega
en el que hay que dejar de lado nuestro propio egoísmo, para dirigir cada acto 
de nuestra vida a hacer posible esa felicidad…

Es un proceso lento que requiere de autoconocimiento y fe en nuestras propias 
posibilidades, para tener claro el objetivo que queremos alcanzar amando…y ese
objetivo no debe de ser otro, que el de llegar a conquistar el ultimo peldaño 
de esa escalera que nos lleva paso a paso a plantar la semilla de la seguridad
en los corazones, que debido al maltrato de sus emociones en otras relaciones,
sufren a lo largo de su vida…cuando eso se consigue, la persona se entrega por entero
y una persona totalmente entregada, es el mejor campo de cultivo donde germinará
todas esas rosas que plantas en ellas día a día para convertirla en un bello jardín.

Nadie puede dudar, la satisfacción plena que nos produce las cosas bien echas…
y cuando uno ve los resultados en la vida de la persona que se siente amada,
realmente amada sin la menor sombra de dudas y que cada día está sembrando
el amor que recibe en tu propio corazón, estas comprobando que es el camino
correcto para sentirte feliz, con el regalo de la cosecha que tu corazón recoge…
por que si eres realmente humano, la felicidad de la persona que amas, 
 es el mayor aliciente para tu propia felicidad…