miércoles, 15 de octubre de 2014

La dulce vida de un hijo...

La dulce vida de un hijo
que en tus brazos se agiganta
y con el tiempo perdido
se hace un nudo en la garganta.

Al verlo en mis brazos siento
el caminar de esta vida
que como veleta en el viento
van soplando mis heridas.

Una paz se instala dentro
al recordar esos tiempos
donde este hijo querido
era vida y sentimiento.

Quizás estuviera pensando
al darle su biberón
como seguirle los pasos
y cuidar su corazón...

Más los hijos no son nuestros
y tienen que seguir sus pasos
y hacerse buenos maestros
hasta llegar a su ocaso...



Ángel Reyes Burgos
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