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jueves, 11 de junio de 2015

Sin corazón...

No consigo asimilar por mucho que vea en Internet o los medios de comunicación, que una persona maltrate a otra. le amordace su dignidad de forma física o psicológica...a veces la alineación de la persona en términos psicológicos, son tan graves como la propia mordaza física...pero las más crudas y lamentables por su impacto visual y emocional, son las que se nos presenta en su cruda realidad...

Cuando pienso en estas personas que maltratan a otras, se me escapa el echo por parecerme no estar dentro de los patrones de comportamiento propios de un ser humano, pero aún así, no puedo negar la evidencia de que esto ocurre demasiadas veces y en sujetos que a priori nos parecen muy normales.
¿Que puede hacer que una persona se convierta en el instrumento vejatorio de otra?...

Yo desde luego no tengo la respuesta, pero si se que cuando alguien disfruta haciendo daño no puede tener corazón, aunque todos sabemos que el corazón no siente y es nuestra mente la que rige nuestra conducta y nuestros sentimientos...

Las cifras que barajan las organizaciones mundiales dan vértigo, siete de cada diez mujeres han sufrido o sufrirán a lo largo de su vida maltrato y es el mayor porcentaje de muertes entre las mujeres de quince a cuarenta y cuatro años...No me cabe duda que entre las lectoras de esta reflexión, habrá alguna que temblará recordando su propio sufrimiento...

Como es posible que en nuestros milenios de evolución, más parece que estemos en una involución permanente y cada vez más sanguinaria, nuestros padres ancestrales podían matar a sus congéneres solo cuando se veían amenazados o para defender sus territorios, en los últimos milenios, el hombre se ha acercado cada vez más a ese punto de inflexión donde parece no haber corazón...

Puede que ya no sepamos ponernos en el sufrimiento ajeno...

Ángel Reyes Burgos