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jueves, 11 de febrero de 2016

Caminando hacia el abismo.-Capítulo 19 Traumatismo.



Capítulo 19

Traumatismo.-

Me he despertado con dolor en la pierna, está nublado y húmedo y cuando eso ocurre, mi destrozada pierna derecha me da la lata. Me ocurrió el domingo de ramos de la semana santa de 1969, solo hacia un mes que me había comprado una ducati 24 horas, el mismo modelo que ganó ese tipo de carrera de resistencia...en esos años se celebraran carreras dentro del parque, me encantaba participar...

Esta es una foto de una de las carreras donde me salí de la curva y me empotre contra las balas de paja de protección, no me pasó nada, el accidente al que me refiero fue en una calle de Sevilla al adelantar a un coche, la pierna derecha me la fracturé por varios sitios, entre ellos el tobillo que lo tenia destrozado y de milagro salve la pierna aunque se me gangrenó por negligencia medica, me la escayolaron con una herida abierta. Ese año tenia dos motos, las dos ducati, una la camellito y otra la 24 horas, el correr era una pasión para mi... la camellito se lo decia yo por esas especie de jorobas...

En ese grave accidente, un amigo que llevaba detrás se quedó sin piel en los glúteos del roce con el asfalto, salió de nazareno ese jueves santo según me contó cuando vino a verme al hospital y lloraba de dolor del roce con la túnica, pero hizo todo el recorrido...yo estuve ingresado en el hospital hasta que llegó la feria y solicité el alta voluntaria bajo mi responsabilidad, no me podía perder la feria aunque solo podía ir apoyándome entre dos amigos, pues no podía apoyar el pie en el suelo....

Le dí un buen susto a mi madre cuando fue a verme al hospital y no me vio en la cama, pensó en lo peor y se puso a correr por el pasillo mirando en todas las habitaciones, hasta que una enfermera le dijo que me había ido voluntario..., en lugar de haberla llamado a ella para que no se preocupara, llamé al hermano de mi novia de aquel entonces, Asun...y los hermanos para irme a la feria...

Mi madre odiaba las motos y me contó un día porque, presencio un accidente de dos motos de frente y se destrozaron la cabeza mutuamente, eso le impacto mucho. Al comprar la moto yo no le dije nada, solo cuando ya la tenia fui a casa con ella y desde el balcón la vio cuando yo la llame, su cara era un poema, me dio mucha tristeza, pero en esa época era muy egoísta...

En una ocasión la vecina habló conmigo y me dijo que mi madre siempre se quedaba llorando cuando me iba en la moto. Aún con la pierna escayolada, me fui a Córdoba en la 24 hora como paquete a ver a la novia de mi cuñado Juan Manuel, a la vuelta nos picamos con un 600 preparado con motor de carrera que solo pudimos adelantar a ciento sesenta kilómetros por hora, redujo la velocidad después de pasarlo y justo en una curva enfrente del aeropuerto, nos reventó la rueda trasera y di mas vuelta que una cabra en un garaje...estaba sin ropa y despellejado pero no me rompí ni un hueso...

Tuve la suerte de que no había lesiones en la cara, me quedé a dormir ese día en casa de Juan Manuel
y al siguiente día, me puse ropa suya y fui a mi medico por que me dolía hasta el pensamiento, el medico lo que me dijo es, te voy a dar el alta antes de que te mates...a continuación llamó a mi madre y se lo contó...Nunca dejé las motos, incluso hace unos años antes de que ella muriera me compré una de gran cilindrada, esa nunca la conoció ella por que la dejaba aparcada lejos cuando iba a verla y jamas le dije que la tenia, ya le había echo sufrir demasiado...

Hoy he dedicado este capitulo exclusivamente a experiencias vividas por un motivo fundamental, muchas veces he pensado que la vida nos castiga de una forma u otra cuando por nuestro egoísmo, hacemos daño a los demás, yo he sufrido mucho después que mi madre muriera por que no me quitaba de la cabeza cuanto la hice sufrir a ella por no pararme a pensar, cuanta tristeza podía generar mi egoísmo que me hacia pensar solo en mi mismo, sin parar en las consecuencias...
Ya no esta conmigo, pero mi dolor sí. Eso me hace disculpar a mis hijos cuando por acción u omisión me hacen daño sin saberlo. Me digo para mis adentros que no tengo derecho al pataleo...

Estoy terminando este capitulo y me estoy riendo recordando cuando Rufo el profesor de gimnasia quería hacerme una foto en la barra fija, me pidió que me subiera a pulso y no conseguí ni moverme, el me decía, arriba, arriba, échale narices, yo parecía petrificado pero me dio una idea, a los catorce años aún no había crecido suficiente y a partir de entonces me la pasaba media hora diaria colgado de la barra esperando que así podía crecer mas rápido al estar colgado...solo conseguí unos buenos callos en las manos y muchas carcajadas de los compañeros y profesores que me veían...di un gran estirón a los diecisiete años, cuando salieron los zapatos de plataforma, tuve uno de doce centímetros y deje definitivamente la barra fija, ya me sentía bastante grande, no necesitaba crecer más...

Ademas, la mujer con la que me casé años mas tarde era altísima, estos zapatos eran ideales para cumplir con las apariencias de esa sociedad que nos hace pensar que el hombre tiene que ser más alto y por si acaso, solo me los quitaba una vez sentado en la cama, hasta el primer día que fui a la playa con ella y le pedí que me soltara la mano...por favor, se van a creer que soy tu hijo...aunque me reía diciendo que me podía pasear debajo de la cama vestido con el capirote de nazareno, el madurar me hizo sentir augusto conmigo mismo por que siempre e escuchado que soy una buena persona y ese es el mayor regalo que me hicieron en la vida desde el colegio hasta la fecha...

Si no os gusta mi vida y lo que cuento lo siento, por que voy a escribir mas, mucho mas...

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Ángel Reyes Burgos

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