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martes, 16 de febrero de 2016

Caminando hacia el abismo.-Capítulo 27.- La ruleta rusa.


Capítulo 27.-

La ruleta rusa.-

No puedo saber cuantas personas se enganchan en las drogas desde muy jóvenes, es una edad difícil en que el carácter no esta suficientemente formado y se puede caer muy fácil en la tentación de experimentar nuevas sensaciones. Puede que la primera vez no pase nada, pues el cuerpo necesita de una continuidad para habituarse y que se manifiesten los primeros signos de abstinencia que es cuando realmente el asunto es grave si no se para a tiempo. Pedro jugaba continuamente a la ruleta rusa...Llegó un momento en que no se negaba a participar de cualquier cosa que le ofrecieran.

En una ocasión tomando una copa en mi bar de la calle Betis de Sevilla, cuando ya habíamos cerrado, un americano que estaba dentro, tomó un plato y puso un trozo de pan en el centro, le clavó un palillo de dientes y sobre el dejó pinchado un trozo de hachís...a continuación le prendió fuego y lo apagó tapándolo inmediatamente con una copa. La copa se llenó de humo y le dijo que la cogiera y aspirara el humo de forma rápida, lo vi que empezó a sentirse mal y que no podía respirar bien, decía que necesitaba aire, el sudor lo invadió enseguida diciéndome que era un sudor frío. le abrí la puerta de la calle para que saliera a respirar y no tardó ni cinco minutos en caer redondo al suelo...

Me dio un susto de muerte y lo metimos de nuevo en el bar, en media hora se fue recuperando y creí que ya no volvería a hacer una tontería como esa...pero hizo otras diferentes y a cada cual peores...
Era como un pájaro con la boca siempre abierta para aceptar cualquier pastilla o ácido que le dieran.
Estaba sentado jugando al ajedrez con un cliente y desde la barra observe que abría la boca y le metían algo, a los veinte minutos aproximadamente estaba sin conocimiento tumbado en el suelo, nunca me enteré de lo que le habían dado, pero como tomaba mucho alcohol, todo le hacia daño. Solo estuvo en esa ocasión siete días en Sevilla, pero le rogué que no volviera por el bar...

Quien me iba a decir que ese niño con cara de bueno, lo podría ver en situaciones semejantes. Por que unas personas que prueban la droga nunca vuelven a consumirlas y otras sin embargo desde la primera vez se quedan enganchados, sin que haya aparecido el síndrome de abstinencia. Creo tener una teoría al respecto. Hay personas que el día que la prueban solo es por experimentar, si en ese momento está pasando por una situación personal difícil y la droga lo evade haciéndose sentir mejor, cuando vuelva a sentirse mal o triste, se acordará de eso que sintió y querrá de nuevo tomarla para sentirse bien, sin percatarse que cada disparo, lo esta acercando cada vez más a esa bala irremediable que surgirá de pronto para llevarlo al abismo sin remedio. Es un juego muy peligroso al que no hay que jugar, pues tarde o temprano el síndrome de abstinencia va a llegar haciéndote un esclavo.

Prefiero recordar a Pedro en muestras andaduras juveniles del internado. Le gustaba mucho el deporte como a mi y cada tiempo libre jugábamos a voleibol, balón cesto o a tenis de mesa que nos encantaba, los fines de semana estábamos continuamente pidiendo turnos en la mesa...
Pero sobre todo pasábamos temporadas fabulosas en el campamento de verano, aunque se trabajaba mucho en acondicionar los alrededores para señalizar calles con piedras pintada de cal, recoger las piñas secas caída de los pinares y estudiar las batallitas y estrategias de los conquistadores españoles..Me hubiese gustado quedarme en la inocencia de esos años donde se podía ser feliz solo con desearlo, tener la capacidad de vivir mi propio mundo sin dejar el mundo que me rodeaba con los amigos y los sueños de héroes de la conquista sin conquistar nada sin tener esta pesadilla que aunque sin buscártela, te haga sentir que la vida juega contigo a la ruleta rusa. Pero no me engaño, no es la vida quien juega, somos nosotros cuando cambiamos las balas de fogueo, por esas otras de plomo macizo que son las drogas y otras sustancias que algunos desaprensivo ponen en el mercado para nutrirse de tus despojos llevándote a una muerte lenta... 

Ya solo queda un mes para que Pedro termine su tratamiento, me siento bien  y como decían los versos de Góngora,... 

Ándeme yo caliente y ríase la gente...

Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días  mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente, y ríase la gente.

Parece que siempre que me relajo en un capitulo sin muchas alteraciones, es por que la tragedia de nuevo esta a la vuelta de la esquina, como en este próximo capitulo llamado despropósitos... 

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Caminando hacia el abismo.-Capítulo 26.- En el buen camino.

Capítulo 26.-

En el buen camino.-

He pasado seis meses sin ir a ver a Pedro, prefería esperar a ver como evolucionaba, no era mi intención verlo, solo hablar con su psicólogo que me dijera como estaba.

Me vine con muy buena impresión, le habían rebajado cada semana la metadona y de ochenta con lo que empezó el tratamiento ya solo tomaba cuarenta y sin signos de ansiedad o dolores físicos, se sentía muy animado, participaba en todas las salida y talleres del centro y si sigue así en seis meses más estaría sin metadona,  pues se la iban a seguir rebajando de acuerdo con sus propios deseos...

En una ocasión que hable con el, le advertí que la metadona es una droga mas pura y fuerte que la heroína que venden en la calle y la única forma de dejarla es rebajándola poco a poco y potenciar su autoestima realizando trabajos que le ocupen y le haga sentirse útil como persona, así superará la depresión que tiene y dejara de sentir que es un miserable.

Esa conversación me había alegrado el día, parecía como si una gran losa que me estaba aplastando de pronto apenas pesara y me dejaba liberado, iba hacia el restaurante la dorada que había quedado con un cliente para comer y no dejaba de silbar canciones en el coche. Busqué antes de llegar el libro,
Autoayuda, combatir adicción a las drogas de la referencia que me dio Enrique el psicólogo.
Me impactó una de las imágenes que traía de una mujer joven antes y después de consumir drogas...

Me hubiera gustado encontrar alguna foto de este tipo de cuando consumían droga y después ya recuperados, pero no encontré nada en librerías ni en Internet, pensaba que así podía verse en un futuro inmediato cuando estuviera totalmente recuperado...para que le sirviera de aliciente.
La comida transcurrió bien y fue exitosa como terminó al llegar a la oficina con el cliente y aceptar el presupuesto de unas viviendas que quería encargarme, el día no podía ser mas completo.

Ahora que estoy escribiendo este capitulo, me siento feliz y relajado por que no tengo pesadillas que contarles, o aunque si las tengo, no quiero hoy hurgar en mi memoria para terminar el día con el alma tranquila, aunque todos sabemos sobre esos días que nacen con un sol radiante y lleno de promesas y cualquier eventualidad lo termina nublado y con truenos...yo prefiero hoy cruzar los dedos y quedarme con lo bueno que el día me ha deparado...

En la noche antes de dormir repasé algunas notas que tenia para el libro y di con una anécdota de un día de reyes cuando teníamos ocho años y nos vistieron de rey mago para ir a llevarle juguetes y caramelos a los niños del hospicio de San Luis, otro internado que estaba en el centro de Sevilla donde había también un colegio de sordomudos. Tiene una iglesia que es una obra de arte...

En algunas ocasiones que estoy cerca, me gusta entrar y sentarme en un banco a contemplarla y escuchar música de órgano que ponen como fondo y me relaja mucho. En una ocasión que me encargaron un proyecto de rehabilitación de toda la calle, inserté entre las fachadas la fachada de esa iglesia dibujada a plumilla con todos sus detalles, mi madre la conservó toda su vida.

Pues el camino hacia San Luis que lo hicimos andando, fue un verdadero martirio, la barba me picaba más que la que me pusieron en el nacimiento como san José, pero ademas como iba de rey negro, el betún con que me pintaron la cara, me chorreaba por la cara del sudor cuando nos hicieron correr hacia el colegio por que llegábamos tarde, mis dedos estaban negro y mi cara al llegar parecía que había pasado un arado, la tenia llena de surcos blancos. Pero fue algo memorable cuando entramos en el colegio de sordomudos, ver la cara de felicidad de esos niños prácticamente de nuestra edad y hablándonos por señas con las manos que no conseguíamos entender, pero con sus sonrisas entendimos lo suficiente...

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Ángel Reyes Burgos