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jueves, 1 de septiembre de 2016

Sonetos, amor, amistad...

Amor

Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, campana sobre el viento
estrenando bajadas de elegía.

Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.

Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.

Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.


Amistad

Amistad es lo mismo que una mano
que en otra mano apoya su fatiga
y siente que el cansancio se mitiga
y el camino se vuelve más humano.

El amigo sincero es el hermano
claro y elemental como la espiga,
como el pan, como el sol, como la hormiga
que confunde la miel con el verano.

Grande riqueza, dulce compañía
es la del ser que llega con el día
y aclara nuestras noches interiores.

Fuente de convivencia, de ternura,
es la amistad que crece y se madura
en medio de alegrías y dolores.























Carlos Castro Saavedra (Medellín, Colombia, 10 de agosto de 1924 - 3 de abril de 1989) fue un poeta colombiano. Estudió en la Institución Educativa La Paz de Envigado y en el liceo de la Universidad de Antioquia. Desde muy joven escribió poesías que eran publicadas en los diarios y revistas de la ciudad. Sus primeros libros fueron Fusiles y luceros, en 1946, Mi Llanto y Manolete, en 1947, y 33 poemas, en 1949...Para saber más pulse aquí.


Dime que me quieres, dímelo por Dios...

Dime que me quieres, dímelo por Dios,
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
se te hará más fácil decírmelo así,
y el te quiero tuyo será pa mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón.
Dime que me quieres, dímelo por Dios.

Te quiero más que a mi vía,
te quiero más que a mis ojos.
más que al aire que respiro
y más que a la mare mía.

Que se me paren el pulso si te dejo de querer,
que las campanas me doblen falto alguna vez.
Eres mi vía y mi muerte.
Te lo juro compañero,
No debía de quererte y sin embargo te quiero.
Vino amargo que no da alegría,
aunque me emborrache no la puedo olvidar,
porque la recuerdo dame vino amargo,
que amargue, que amargue, pa quererla más.

Esta pena mía
me está apuñalando de noche y de día.
Esta pena mía
si me encuentro solo me da compañía.
Si ve que estoy triste se vuelve alegría.
Si ve que me pierdo me sirve de guía.
Se que me atormenta y es una agonía,
pero estoy contento con la pena mía.



Rafael de León

Este poema lo hizo famoso Concha Márquez Piquer que lo cantaba de forma magistral.






















Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, VII marqués del Moscoso y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908 - Madrid, 9 de diciembre de 1982), fue un poeta español de la Generación del 27 y autor de letras para copla, faceta esta última en la que se hizo famoso por haber formando parte del trío Quintero, León y Quiroga. Fue el letrista de algunas de las más célebres canciones populares españolas del siglo XX, como Tatuaje, Ojos verdes, A ciegas, A la lima y al limón ¡Ay pena, penita, pena!, María de la O, Con divisa verde y oro...Para saber mas pulse aquí.

Recordando tu sonrisa.

La sonrisa que tanto he disfrutado
me recuerda que todo tiempo avanza
a pesar que golpea la añoranza
me sumerjo a menudo en mi pasado.

Hoy mis dedos de nuevo te han tocado,
al hacerlo, se inclina la balanza,
la distancia se clava cual vil lanza
cuando pienso lo cerca que has estado.

Me sacude al mirarte un sentimiento
y te beso aunque no me puedas ver,
Anduriña, te fuiste con el viento.

Con tus fotos termino por volver
a vivir el reflejo del momento
y me digo... ¿parece que fue ayer?.

Ramon Bonachi