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martes, 18 de octubre de 2016

Al atardecer, solo, en la meseta

Llanuras abiertas sin melancolía,
un ancho silencio donde pasearse,
magnetismo seco de aquellas presencias
que ya no se nombran,
que no pueden nombrarse.

Árbol invisible, crecen las audacias,
iris continuado, locas negaciones.
Pasa, calla el viento,
pasa con su larga gloria de otro mundo,
calla con su vasta ruina transparente.

Porque sí el espacio brillante y vacío;
yo, perdido, en medio,
yo sin mis entrañas cálidas y amargas,
yo solo y mi sombra
que si el sol se pone crece exagerada.

Yo y mi sombra, lejos,
yo y mi sombra, loca,
los ojos dolidos de tanta evidencia,
las manos vacías, la sangre sin eco
y caricatura, mi sombra creciendo.

Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta, conocido como Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 18 de marzo de 1911-Madrid, 18 de abril de 1991), fue un poeta español de la generación literaria de posguerra.

Celaya fue uno de los más destacados representantes de la que se denominó poesía comprometida o poesía social. Su obra y su figura estuvieron influenciados y fueron fruto de la estrecha colaboración con su esposa, Amparo Gastón...Para saber más pulse aquí.

Otoño en mi vida...

Despojando la juventud de nuestros cuerpos
hoja a hoja en el otoño de la vida
nos acercamos al final de nuestro tiempo
con el corazón y el alma, llena de heridas.

Miramos con envidia a la juventud
sin darnos cuenta que también se deshoja
y a pedazo se cae esa virtud
con las puñaladas que en el cuerpo les dejan.

En la recta final y en soledad
sin un nieto que tener entre mis brazos
mis huesos yacen yerto en la humedad
que caen desde mis ojos a mi regazo.

Y yo solo me siento en ese banco
y solo me da por recordar
aquellos tiempos de mis años mozos
donde pocos días me daba por llorar.

Ya mis días los consumo en agonía
de esta juventud dorada que se ha ido
solo esperando que llegue ese día
en que muera mi pecho consumido.