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martes, 15 de noviembre de 2016

De la sabia vejez y del amor presente, Alejandro Drewes

De la sabia vejez

Sobre un corcel de invierno
va el viejo que me alberga,
aquel de rostro enjuto
y medida palabra.

Va siendo lo que fue
detrás de un gran silencio
y acumula amapolas,
rencillas cotidianas,
un áspero café
y vida aún deshecha
en agrios almanaques.

Monta en pos de la muerte
y sabe que no puede
con las vanas palabras
torcerle su capricho.
Del amor presente

Descubrir
tu voz de enredadera
anudarse a mis ojos
vueltos hacia la noche
y el rastro de tu boca,
sombra que se detiene 
en el misterio
de mi cuerpo desnudo.

Descubrir que te amo
después de haberte amado.


de: Alejandro Drewes
Poeta alemán

Traducción de: Silvia Long-ohni 

Mi niño está cantando...

En su mente prodigiosa
el niño escucha su canto
el zumbar de mariposas
que le están acompañando. 

Un Sol está sosteniendo
un Do lo esta susurrando
y con el La el corazón
la canción está repasando.

Su madre lo mira orgullosa
su padre le está coreando
y una hermanita preciosa
las palmas le está tocando.
Dos gorgoritos le salen
y la garganta se aclara
dos pinceles como nieve
dos lágrimas se le escapan.

Con las manitas hace señas
los símbolos de los sordos
¨hay si supieras mamá 
que sepas porque yo lloro¨

Aunque yo no pueda hablar
desde dentro de mi alma
yo siempre voy a cantar
aunque no escuches palabras.


Carta de Adam Cohen a su padre y canción


He oído que había un acorde secreto
que tocaba David, y al Señor le gustaba.
¿Pero a ti la música no te importa, verdad?
Era así: la cuarta, la quinta,
desciende la menor, la mayor asciende,
el rey confuso componía el Aleluya.

Aleluya...

Tu fe era intensa, pero necesitabas pruebas.
La viste bañándose en el tejado
su belleza bajo la luna te derrocó.
Te ató a la silla de la cocina,
destrozó tu trono, cortó tu cabello
y con tus labios dibujó el Aleluya.

Aleluya...
Dices que pronuncié su nombre en vano
pero ni siquiera sé su nombre
y aunque lo supiera, ¿por qué te importa?
Hay una llama de luz en cada palabra.
Qué más da cuál de los dos escucharas,
 Aleluya o el que está hecho pedazos.

Aleluya...

Hice lo que pude, no fue mucho,
no sentía nada, traté de alcanzarlo.
Dije la verdad, no vine para engañarte.
Incluso cuando todo se derrumbe
permaneceré frente al Señor de la Música
y no pronunciaré más que el Aleluya.

Aleluya...



















Carta de Adam Cohen a su padre...Hay tantas cosas por las que me gustaría darle las gracias, solo por última vez. Le daría las gracias por el consuelo que siempre me ha dado, por la sabiduría que me otorgó, por el maratón de conversaciones, por su cegador humor. Le daría las gracias por tenerme, por enseñarme a amar Montreal y Grecia. Y le daría las gracias por la música: primero por su música, que me sedujo de niño, después por apoyarme en mi propia música, y finalmente por el privilegio de poder hacer música juntos”