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miércoles, 4 de enero de 2017

Dos sonetos siglo de oro, Miguel de Unamuno

Dejar un grito, nada más que un grito, 
aquel del corazón cuando lo quema 
metiéndose el solo, pues no hay sistema 
que diga tanto. Dice el infinito 

Del engaño, dice cómo el hito 
cayó que nos marcaba la suprema 
jornada de ilusión, dice la extrema 
resignación alo que estaba escrito. 

¿Definiciones? Sí, buenas palabras 
que aunque presumen ser abracadabras 
no nos abren tesoro verdadero: 

No se cura la vida con razones, 
espacio, tiempo, lógica, sayones 
sin compasión de todo cuanto espero. 
Hecho teatro de mí propio vivo, 
haciendo mi papel; rey del desierto; 
en torno mío yace todo yerto 
y yo, yerto también, su toque esquivo 

En vez de hacer algo que valga, escribo; 
al afirmarlo todo no estoy cierto 
de cosa alguna y no descubro puerto 
en que dé tierra al corazón altivo. 

Me desentraño en lucha con el otro, 
el que me creen, del que me creo potro 
y en esa lucha estriba mi comedía: 

Pasan los años sin traerme cura; 
bien veo que es mi vida una locura 
que sólo con la muerte se remedia. 



















Al acabar sus primeros estudios en el colegio de San Nicolás y a punto de entrar en el instituto, asistió como testigo al asedio de su ciudad durante la Tercera Guerra Carlista, lo que luego reflejará en su primera novela, Paz en la guerra...Para saber mas pulse aquí.

2 comentarios :

Ame dijo...

Un poema majestuoso, Ángel
Un beso

Ame dijo...

Te agradezco la visita, ´ha sido un placer verte por allá, hace un tiempo tuve problemas con una mujer algo obsesiva y me vi en la necesidad de inhabilitar el botón derecho, algo que nunca me hubiera gustado hacer, pero llegó un momento en que esa mujer me agotó y me disculpo por ello.
Te anexo el texto y te reitero mi agradecimiento.
Otro beso, Ángel

Invasor sombrío

Prometiste cuidar mi corazón y redimir mi alma.
Introducir tu mente dentro de mi mente
y encontrar el lugar correcto para colocarte allí.

Prometiste lamer viejas heridas
recorrerlas con tu lengua y tu respiración ahogada
hasta rellenarlas y de ésta forma,
el vacío que hasta ese momento habitó en mí
... lo llenarías de ti, de tu olor a hoguera
de tu roce con sabor a precipicio
y tus palabras repletas de romanticismo.

Prometiste continuar allí,
donde los demás han fracasado
y reconstruir las ruinas en las que me dejó el pasado.

¡ Prometiste tanto ... !

Tenía miedo ... lo confieso.
Porque lo único que quería y necesitaba
era sacarme ese traje de culpas inertes
de cicatrices de guerras pasadas
y volar sin alas.

Te abrí la puerta y te incrustaste allí
en ese corazón dañado.

Ahora todo mi ser se desvanece
cuando el pequeño latido que te sobrevive en mi pecho
te vuelve a mí.

Existes dentro de mí ... ¿ lo sabías ... ?