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miércoles, 17 de mayo de 2017

Frases geniales de Juan Rulfo, escritor y fotógrafo mexicano.

No suelo hacer entradas muy extensas para no cansar, pero no me he resistido a poner las 30 frases memorables de este gran escritor y fotógrafo mexicano. Juan Rulfo escribió poco, El Llano en llamas, (cuentos) y Pedro Páramo, (novela), pero lo que escribió lo hizo con tal misterio, acierto, belleza y genialidad que le bastó para convertirse en un escritor inmortal y de culto en las letras mexicanas.  

Les dejo con 30 frases de amor, mujeres, esperanza y muerte...y los libros de donde se han sacado...

1. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. (¡Diles que no me maten!)

2. Y abrí la boca para que se fuera (mi alma). Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón. (Pedro Páramo)

3. Me haré a la idea de que te soñé –dijo-. Porque la verdad es que te conozco de vista desde hace mucho tiempo, pero me gustas más cuando te sueño. Entonces hago de ti lo que quiero. No como ahora que, como tú ves, no hemos podido hacer nada. (Un pedazo de noche)

4. Apréndete esto, hijo: en el nidal nuevo hay que dejar un huevo. Cuando te aleteé la vejez aprenderás a vivir, sabrás que los hijos se te van, que no te agradecen nada; que se comen hasta tu recuerdo. (Paso del norte)

5. Sin embargo, la vida no es muy seria en sus cosas. (La vida no es muy seria en sus cosas)

6. Pero ¿por qué las mujeres siempre tienen una duda? ¿Reciben avisos del cielo, o qué? (Pedro Páramo)

7. Nadie te hará daño nunca, hijo. Estoy aquí para protegerte. Por eso nací antes que tú y mis huesos se endurecieron antes que los tuyos. (El hombre)

8. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas. (Pedro Páramo) 

9. sentí ese llanto  de ella dentro de mi como si estuviera exprimiendo el trapo de nuestros pecados. (Talpa)

10. Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí te tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que le di!” Lo dije desde que supe que usted estaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente… (No oyes ladrar los perros)

11. Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo. (Pedro Páramo)

12. Ella no se imaginaba a la muerte sino de un modo tranquilo: tal como un río que va creciendo paso a paso, y va empujando las aguas viejas y las cubre lentamente; más sin precipitarse como lo haría un arroyo nuevo. . (La vida no es muy seria en sus cosas)

13. Sólo las lagartijas buscan la misma covacha hasta cuando mueren. Dí que te fue bien y que conociste mujer y que tuviste hijos, otros ni siquiera han tenido eso en su vida, han pasado como las aguas de los ríos, sin comerse ni beberse. (Paso del norte)

14. ¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. (Pedro Páramo)

15. Nadie de los que todavía vivimos está en gracia de Dios. Nadie podrá alzar sus ojos al cielo sin sentirlos sucios de vergüenza. (Pedro Páramo)

16. Y es que allá el tempo es muy largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupan como van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza. (Lubina) 

17. Se conoce que lo arrastraba el ansia. Y el ansia siempre deja huella. (El hombre)

18. En el cielo me dijeron que se habían equivocado conmigo. Que me habían dado un corazón de madre, pero un seno de una cualquiera. (Pedro Páramo)

19. No, no me dan pena los muertos, y mucho menos los vivos… Cuando uno es sepulturero hay que enterrar la lástima con cada muerto que uno entierra. (Un pedazo de noche)

20. Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague. (Pedro Páramo)

21. Me vienes a buscar en la necesidad. Si estuvieras tranquilo te olvidarías de mí. Desde que tu madre murió me sentí solo; cuando murió tu hermana, más solo; cuando tú te fuiste vi que ya estaba solo para siempre. Ora vienes y me quieres remover el sentimiento; pero no sabes que es más dificultoso resucitar un muerto que dar la vida de nuevo. (Paso del norte)

22. No se puede contra lo que no se puede. (Nos han dado la tierra)

23. Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. (Pedro Páramo)

24. El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él’. (Pedro Páramo) 

25. Los vivos son los que son una vergüenza. ¿No lo crees tú así? Los muertos no le dan guerra a nadie; pero lo que es lo vivos, no encuentran cómo mortificarle la vida a los demás. Si hasta se medio matan por acabar con el corazón del prójimo. Con eso te digo todo. En cambio, a los muertos no hay que aborrecerlos. Son la gran cosa. Son buenos. Los seres más buenos de la tierra. (Un pedazo de noche)

26. Soy soltera, pero tengo marido. Una cosa es ser señorita y otra cosa es ser soltera. Tú lo sabes. Y yo no soy señorita, pero soy soltera. (Anacleto Morones)

27. Dice que los grillos hacen ruidos siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las ánimas que están penando en el purgatorio. El día que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. (Macario)

28. Trabajando se come y comiendo se vive. Apréndete mi sabiduría…Pero usted me nació. Y usted tenía que haberme encaminado, no nomas soltarme como caballo entre las milpas. (Paso del norte)

29. Me heredó un costal de vicios de los mil judas. Una vieja loca. No tan vieja como ustedes; pero bien loca. Lo bueno es que se fue. Yo mismo le abrí la puerta. (Anacleto Morones)

30. ¡Señor, tu no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo liviano sostenido y suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios? (Pedro Páramo).

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