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jueves, 23 de febrero de 2017

Quiero vivir en tu pecho...poema de amor.

Yo quiero vivir en tu pecho
para llenarte de vida
y convertir tus recuerdos
en calor de llama viva.

Que viva siempre prendida
para iluminar tus sueños
que esa antorcha encendida
mitigué tus sufrimientos.

Un faro que a ti te guíe
como un halcón peregrino
por los bellos horizontes
hasta encontrar tu destino.
Y yo seré esa antorcha
que se convierta en paloma
y llevar en el pico prendida
los besos que te coronan.

Con mis vuelos entre las calles
que me llevan a Monterrey,
como no tomarte del talle
para sentirme tu rey.

Y tu mi reina sin corona
y yo que no estoy coronado
nos perderemos por las lomas
de ese paraíso soñado...
















En tu pecho crayolita

Yo me moriré, y la noche ...

Yo me moriré, y la noche 
triste, serena y callada, 
dormirá el mundo a los rayos 
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo, 
y por la abierta ventana 
entrará una brisa fresca 
preguntando por mi alma.

No sé si habrá  quien solloce 
cerca de mi negra caja, 
o quien me dé un largo beso 
entre caricias y lágrimas.
 
Pero habrá estrellas y flores 
y suspiros y fragancias, 
y amor en las avenidas 
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano 
como en esta noche plácida, 
y no tendrá quien lo escuche 
sollozando en la ventana.

Juan Ramón Jimenes, escribió cientos de poemas pero su obra más celebrada es Platero y yo,  Una hermosa narración lírica...Para saber más, pulse aquí.

Versos de Clotilde. (octosílabos)

Vive Dios, que aunque no deba,
sea penoso este intento
he de correr a tu encuentro
aunque en tus brazos me muera.

Que nunca fui más certera
al descubrir lo que siento,
pues aunque me muera lento,
con tal de verme a tu vera
merece tal sufrimiento.
Que salte y trote mi vena
cuando yo sienta tu beso,
aunque sólo por momento
morir merece la pena.

Por tu amor vivo ceguera
y mi ansiedad es tormento,
que cuando te sueño y pienso...
¡Ya estoy muriéndome ciega!

Clotilde Roman
Derechos reservados.

miércoles, 22 de febrero de 2017

A veces me siento solo...

A veces me siento solo
y otras veces a mi me ayudan
a sentarme bajo un cielo
que me cubre de amarguras.

Y es que a veces yo soy fuerte
y otras veces mis heridas
son mas fuertes en mis sienes
para dejarme sin vida...

No quiero que a mi me ayuden
a sentirme solo y triste
deja que la silla quede
para momentos felices.
Si le echas leña a mi fuego
que en mi pecho no se apaga
dame una sonrisa en silencio
para iluminar mi mirada.

Cuantos tizones encendidos
que cargados de veneno
alimentan los amigos
que van matando los sueños.

Por eso que nadie me siente
aunque yo me sienta solo,
deja que la silla se quede
que yo roto no me siento...
















Sonetos de David Escobar Galindo, El Salvador

Ábreme, dios, el juego de tus venas, 
la voz de tus cartílagos contusos, 
la animación floral de tus abusos, 
tu cariñoso abismo de sirenas.

No ese estupor de luz en que te entrenas, 
ni el salar de tus mares inconclusos, 
no, porque pese a crédulos ilusos, 
tienes de oscuridad las manos llenas.

Sólo tu ser en mí que hable aprensible: 
o mejor esta lengua corrosiva 
que se encarna en un verbo remisible.

Alto cuévano de agua fugitiva: 
si bebiéndote bebo lo imposible, 
no te asustes del dios que te derriba.
Nada es más que un instante. Lo remoto 
se quedó detenido en su minuto. 
La sucesiva flor soñó su fruto 
para prenderlo en el dorado exvoto.

En el instante exprime el sol devoto 
su apuesta cotidiana al Absoluto. 
Y en esa ardiente vocación de luto 
se hunde hasta la más pura flor de loto.

Todo es instante, entonces, resumido 
en la hiriente ceniza del olvido, 
suma interior de todo lo deseante.

Pero el instante nuestro tuyo y mío
al compartir su huella de rocío 
sella la eternidad en el instante.



















David Escobar Galindo (Santa Ana, 4 de octubre de 1943) es un poeta, novelista y jurista salvadoreño. Es Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, graduado del Colegio García Flamenco y de la Universidad de El Salvador, Rector de la Universidad "Dr. José Matías Delgado", y columnista habitual del diario La Prensa Gráfica.

Salvaje...poema de amor.

Tu cuerpo a mi cuerpo quema,
tus besos en mis labios arden,
que calor el que me entra...
cuantos suspiros en el aire.

Y yo me siento tan tigre
que los rugidos me salen
y con sentimientos de hombre
mi pecho en tu pecho late.

Que me produces pasiones
que a veces son inconfesables
y entonces he de escribirte
para decirte adorable.
Y yo en fiera me convierto
para morder con mi boca
tu ardiente y hermoso cuerpo
y aplacar mis ansias locas.

Que esas ansias que produces
a mi piel deja inundada
de los sueños de mi mente
de tenerte en mi abrazada.

Yo quiero ser esa fiera
y tengas en las madrugadas
los cien rugidos que esperas
para dejarte extasiada...
















Mi salvaje crayolita

martes, 21 de febrero de 2017

Sonetos de Juan de Tassis

Después, amor, que mis cansados años
dieron materia a lástima y a risa,
cuando debiera ser cosa precisa
el costoso escarmiento en tus engaños;

y de los verdaderos desengaños
el padre volador también me avisa,
que aunque todo lo muda tan aprisa,
su costumbre común niega a mis daños;

cuando ya las razones y el instinto
pudieran de mí mismo defenderme
y por causa fundada en escarmiento;

en otro peligroso laberinto
me pone amor, y ayudan a perderme
memoria, voluntad y entendimiento.
Amor no es voluntad, sino destino
de violenta pasión y fe con ella;
elección nos parece y es estrella
que sólo alumbra el propio desatino.

Milagro humano es símbolo divino,
ley que sus mismas leyes atropella,
ciega deidad, idólatra querella,
que da fin y no medio a su camino.

Sin esperanza, y casi sin deseo,
recatado del propio pensamiento,
en ansias vivas acabar me veo.

Persuasión eficaz de mi tormento,
que parezca locura y devaneo
lo que es amor, lo que es conocimiento.



















Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, (Lisboa, 15821 - Madrid, 21 de agosto de 1622), poeta español del Barroco, adscrito por lo general al culteranismo, si bien siguió esta estética de modo muy personal...Para saber más pulse aquí,

lunes, 20 de febrero de 2017

En mi misma almohada. Poema de amor

Asómate a mis ojos
con postura de pantera
y al besar tus labios rojos
siente mi amor que te espera
para libar de tus besos
azúcar de caña fresca...

No te quites el antifaz
guardarte como un tesoro
que a través de tus pestañas
quiero que sientas mis sueños
que viven solos en España
para llenarte de antojos.
Asómate y acércate más
a través de esta pantalla
donde te escribo estas letras
que hablan de amor y te extraña
y en el alma de mi poesía
quiero ganar mi batalla.

Esa que lucha en mi alma
la que aún no está ganada
y que nunca ganará
hasta que no estés abrazada
el día que llegue la aurora
y estés en mi misma almohada.















En mi almohada crayolita

Sonetos de Miguel Hernández

La familia valenciana que dio dos papas al mundo, es recordada por su leyenda negra como ejemplo típico de nepotismo, corrupción e intrigas en el corazón de Roma.
Guiando un tribunal de tiburones,
como con dos guadañas eclipsadas,
con dos cejas tiznadas y cortadas
de tiznar y cortar los corazones,

en el mío has entrado, y en él pones
una red de raíces irritadas,
que avariciosamente acaparadas
tiene en su territorio sus pasiones.

Sal de mi corazón, del que me has hecho
un girasol sumiso y amarillo
al dictamen solar que tu ojo envía:

un terrón para siempre insatisfecho,
un pez embotellado y un martillo
harto de golpear en la herrería.
Me tiraste un limón, y tan amargo, 
con una mano cálida, y tan pura, 
que no menoscabó su arquitectura 
y probé su amargura sin embargo. 

Con el golpe amarillo, de un letargo 
dulce pasó a una ansiosa calentura 
mi sangre, que sintió la mordedura 
de una punta de seno duro y largo. 

Pero al mirarte y verte la sonrisa 
que te produjo el limonado hecho, 
a mi voraz malicia tan ajena, 

se me durmió la sangre en la camisa, 
y se volvió el poroso y áureo pecho 
una picuda y deslumbrante pena.



















Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono» de la generación del 27...Para saber más pulse aquí.

Tengo un amigo...

Hace unos años, estaba desayunando en un bar y como siempre solo. Me sorprendió un señor con barba blanca que me agradó al instante porque me recordaba a un patriarca, me preguntó si podía sentarse conmigo que se sentía solo y le dije que por supuesto. Le pregunté por lo que quería tomar y me contesto que lo que yo quisiera, que el no tenia dinero para pagar y le dije que no se preocupara.

Me contó que era de Granada y que su piso de allí se lo habían embargado y estaba en la calle. Ese hombre me inspiraba confianza y me hacia sentir bien después de tantos años desayunando solo sin nadie con quien hablar. Al terminar yo, me levanté para pagar y le dije que me acompañara al supermercado. Me extrañó que su desayuno no lo habia tocado y le hice referencia a eso a lo que me contesto que el apenas comía...

En el super, a cada cosa que cogía le preguntaba que si le gustaba y siempre me decía que si, cogí más de lo que normalmente compraba pues quería invitarlo a comer, aceptó y me dijo...por cierto, yo me llamo Marcos. y me presenté, soy Ángel y terminando al pasar por caja, nos vinimos a mi casa.

Hacia muchos años que nadie venia a mi casa y me sentí muy bien escuchando otra voz que no fuera la mía, pero lo que más me gustó, fue que en mis conversaciones conmigo mismo, ya había otra persona que podía responderme y darme sus puntos de vista. Ya no era yo solo dándome la razón a todo sin cuestionarme si mi punto de vista era el correcto, el si disentía, me lo decía sin reparos.

Estuvo leyendo algunos poemas mío y sobre todo le impacto mi novela autobiografica, Al borde del abismo, en cada capitulo le veía surgir lágrimas y eso a mi me impactó por su sensibilidad. Entendí enseguida que Marcos había tenido que sufrir mucho en la vida y no quise preguntarle para que no recordara sus peores momentos, lo dejaria que saliera de el cuando necesitara contarmelo.

Le comenté el nuevo libro que estaba escribiendo, Dioses y religión, pero no me hizo ningún comentario, leyó un par de artículos del libro y se limitó a callar sin dar opiniones. Yo sé, que le hablé del nuevo libro porque yo mismo cambiaba continuamente de opinión que necesitaba contrastar. Se mantenía en su mutismo y no quise insistir. 

Me extrañaba siempre que cuando comíamos, lo veia utilizar los cubiertos que se llevaba a la boca pero el plato permanecía lleno, al terminar la comida siempre hacia café y aunque se llevaba la taza a los labios, se la retiraba llena, no me explicaba eso pero no se lo comenté nunca, quizás porque no quería saber la respuesta...

Todos estos años cuando yo me acostaba, el permanecía sentado en la mesa del ordenador que tengo en mi dormitorio y con algunas de mis novelas, reflexiones o poemas en pantalla, me dormía con una paz que no había conocido nunca. Con su voz que parecía rota me decía, que descanses Ángel. Me extrañaba que en cuanto habría los ojos, el seguía allí sentado y leyendo. Una vez que le pregunté, me dijo que el no necesitaba dormir. No volví a preguntarle.

Una noche me desperté con un fuerte dolor en el pecho, lo veía allí sentado pero muy difuminado, parecía como transparente, intenté llamarlo pero la voz no me salia, quería pedirle el movil que estaba sobre mi mesa para llamar a urgencias, no conseguía levantarme, el dolor era insoportable, me faltaba el aliento, parecía que me estaban cogiendo el corazón en la mano y lo apretaran, sentía que iba a perder el conocimiento, me esforcé por llamarlo, Marcos...desapareció de mi vista y antes de que se me apagara la vida, me dijo, ahora vas a estar bien Ángel, no te preocupes por nada. 

Antes de que todo se hiciera oscuro definitivamente, le dí las gracias en mi corazón a Marcos, ese amigo inexistente que jamás me había abandonado...

viernes, 17 de febrero de 2017

Oda VI a Dorila.

¡Cómo se van las horas,
y tras ellas los días
y los floridos años
de nuestra dulce vida!

Luego la vejez viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,
con pálidos temblores
aguándonos las dichas:

que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.

El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.
Si esto, pues, nos aguarda,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra frágil vida?

Para juegos y bailes
y cantares y risas
nos los dieron los cielos,
las Gracias los destinan.

Ven ¡ay! ¿qué te detiene?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do leve el viento aspira;

y entre brindis suaves
y mimosas delicias
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.























Juan Meléndez Valdés, (Ribera del Fresno, provincia de Badajoz, 11 de marzo de 1754 - Montpellier, Francia, 24 de mayo de 1817) fue un poeta, jurista y político español. Era de familia hidalga; su padre era Juan Antonio Meléndez Valdés y su madre María de los Ángeles Díaz Cacho, y tuvo numerosos hermanos; tras su nacimiento la familia se instaló en Almendralejo y a los siete años de edad se quedó huérfano de madre...Para saber más pulse aquí.

jueves, 16 de febrero de 2017

Sobre mi cielo, poema de amor.

Tu que llenaste mi cielo de paraguas
para evitar la lluvia de mis tristezas
esas que me provocaban tantas lágrimas
por la falta de amor y esperanza.

Y alejaste de mis ojos la amargura
vistiendolo con la luz de mil alegrías
y acabaste para siempre con mi ceguera
llenándome de besos y fantasías.
Por eso eres mi dama salvadora
que pusiste bajos mis pies la fuerte roca
y volviste a mi alma mas soñadora
y pusiste cien sonrisas en mi boca.

Sobre mi cielo tu me tienes protegido
y bajo el tuyo me quedo sorprendido
yo no quiero más cielo que esos cielos
para quedarme en tus brazos adormecido.











Gracias crayolita

A sus plantas se agitan los hombres,

A sus plantas se agitan los hombres,
como el salvaje hormiguero
en cualquier rincón oculto
de un camino olvidado y desierto.
¡Cuál le irritan sus gritos de júbilo,
sus risas y sus acentos,
gratos como la esperanza,
como la dicha soberbios!

Todos alegres se miran,
se tropiezan, y en revuelto
torbellino van y vienen
a la luz de un sol espléndido,
del cual tiene que ocultarse,
roto, miserable, hambriento.

¡Ah!, si él fuera la nube plomiza
que lleva el rayo en su seno,
apagara la antorcha celeste
con sus enlutados velos,
y llenara de sombras el mundo
cual lo están sus pensamientos.

Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 24 de febrero de 1837-Padrón, 15 de julio de 1885) fue una poetisa y novelista española que escribió tanto en gallego como castellano. Considerada en la actualidad como una escritora indispensable en el panorama literario del siglo XIX...Para saber más pulse aquí.