jueves, 4 de abril de 2019

Sonetos de don Luis de Góngora

No enfrene tu gallardo pensamiento 
Del animoso joven mal logrado 
El loco fin, de cuyo vuelo osado 
Fue ilustre tumba el húmido elemento.

Las dulces alas tiende al blando viento, 
Y sin que el torpe mar del miedo helado 
Tus plumas moje, toca levantado 
La encendida región del ardimiento.

Corona en puntas la dorada esfera 
Do el pájaro real su vista afina, 
Y al noble ardor desátate la cera;

Que al mar, do tu sepulcro se destina, 
Gran honra le será, y a su ribera, 
Que le hurte su nombre tu ruina
Gallardas plantas, que con voz doliente 
Al osado Faetón llorastes vivas, 
Y ya sin invidiar palmas ni olivas, 
Muertas podéis ceñir cualquiera frente,

Así del Sol estivo al rayo ardiente 
Blanco coro de Náyades lascivas 
Precie más vuestras sombras fugitivas 
Que verde margen de escondida fuente,

Y así bese (a pesar del seco estío) 
Vuestros troncos (ya un tiempo pies humanos) 
El raudo curso deste undoso río,

Que lloréis (pues llorar sólo a vos toca 
Locas empresas, ardimientos vanos) 
Mi ardimiento en amar, mi empresa loca.

























La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles...Para saber más pulse aquí.
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