miércoles, 7 de marzo de 2018

No hay., C.Román

No hay.

No hay manos que no acaricien
la tibieza de otro cuerpo.

Ni noche sin la mañana
Ni amores sin su recuerdo
No hay infierno, si no hay cielo.

Ni boca que no repita
el paladar de otro beso.

No hay rosa que no tenga espina
Ni llanto sin su lamento.
No hay desierto sin arena
Ni camposanto sin muerto
Ni flor que no se marchite
Ni palabra sin pensamiento.

No hay vida que no termine 
y vivirla es un misterio.

No hay sol que no alumbre
Ni luna sin su reflejo.
Ni cielo sin universo.

Ni poeta que no escriba
su sentimiento hecho verso.

(© Derechos Reservados )

Miguel Hernández. Dejó las armas,


Vino. Dejó las armas,
las garras, la maleza.

La suavidad que sube,
la suavidad que reina
sobre la voz, el paso,
sobre la piel, la pierna,
arrebató su cuerpo
y estremeció sus cuerdas.

Se consumó la fiera.
La noche sobrehumana
la sangre ungió de estrellas,
relámpagos, caricias,
silencios, besos, penas.
Memorias de la fiera.
Pero al venir el alba
se abalanzó sobre ella
y recobró las armas,
las garras, la maleza.

Salió. Se fue dejando
locas de amor las puertas.

Se reanimó la fiera.

Y espera desde entonces
hasta que el hombre vuelva.

















No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. De Pablo Neruda a Miguel Hernández...Para saber más pulse aquí.
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