jueves, 20 de junio de 2019

Romance...

De una torre de palacio se salió por un postigo 
la Cava con sus doncellas con gran fiesta y regocijo. 
Metiéronse en un jardín cerca de un espeso ombrío 
de jazmines y arrayanes, de pámpanos y racimos. 

Junto a una fuente que vierte por seis caños de oro fino 
cristal y perlas sonoras entre espadañas y lirios, 
reposaron las doncellas buscando solaz y alivio 
al fuego de mocedad y a los ardores de estío. 

Daban al agua sus brazos y tentada de su frío, 
fue la Cava la primera que desnudó sus vestidos. 

En la sombreada alberca su cuerpo brilla tan lindo 
que al de todas las demás como sol ha escurecido. 
Pensó la Cava estar sola, pero la ventura quiso 
que entre unas espesas yedras la miraba el rey Rodrigo. 

Puso la ocasión el fuego en el corazón altivo, 
y amor, batiendo sus alas, abrasóle de improviso. 

De la pérdida de España, fue aquí funesto principio 
una mujer sin ventura y un hombre de amor rendido.

Florinda perdió su flor, el rey padeció el castigo; 
ella dice que hubo fuerza, él que gusto consentido. 
Si dicen quién de los dos la mayor culpa ha tenido, 
digan los hombres: la Cava y las mujeres: Rodrigo.

Garcilaso de la Vega, Garcilaso entró a servir en 1520 al rey Carlos I de España en calidad de contino real. Aprendió griego, latín, italiano y francés, así como el arte de la esgrima y a tocar la cítara, el arpa y el laúd..

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