martes, 21 de enero de 2020

Dos sonetos de Gongora


A un sueño

Varia imaginación que, en mil intentos,
a pesar gastas de tu triste amor
la dulce munición del blando sueño,
alimentando vanos pensamientos,

pues traes los espíritus despiertos
sólo a representarme el grave ceño
del rostro dulcemente zahareño
(gloriosa suspensión de mis tormentos),

el sueño (autor de representaciones),
en su teatro, sobre el viento armado,
sombras suele vestir de bulto hermoso.

Síguelo; mostraráte el rostro amado,
y engañarán un rato tus pasiones
dos bienes, que serán dormir y cuello.
A los celos

¡Oh niebla del estado más sereno, 
furia infernal, serpiente mal nacida! 
¡Oh ponzoñosa víbora escondida 
de verde prado en oloroso seno! 

¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno, 
que en vaso de cristal quitas la vida! 
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida, 
de la amorosa espuela duro freno! 

¡Oh celo, del favor verdugo eterno!, 
Vuélvete al lugar triste donde estabas, 
o al reino (si allá cabes) del espanto; 

mas no cabrás allá, que pues ha tanto 
que comes de ti mesmo y no te acabas, 
mayor debes de ser que el mismo infierno.

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