miércoles, 25 de julio de 2018

Madrigal y Regreso, sonetos

Eres, como la luz, un breve pacto
que de colores fragua su blancura;
y en iris como a ella te figura
de la nieve menor el prisma abstracto.

Dejas, como la luz, un sordo impacto
de sombra en la retina y, por la oscura
huella que de su tránsito perdura,
recuerdo el esplendor de tu contacto.

El cristal te deshace, no el acero;
aunque, más que el cristal, la geometría,
pues transparencias sin aristas nunca

lograron traducir tu ser ligero.
Y, por eso tal vez, el alma mía
te descompone cuando no te trunca.
Vuelvo sin mí; pero al partir llevaba
en mí no sólo cuanto entonces era
sino también, recóndita y ligera,
esa patria interior que en nadie acaba.

Oigo gemir la aurora que te alaba,
músico litoral, viento en palmera,
y me asedia la enjuta primavera
que la razón, no el tiempo, presagiaba.

Entre el capullo que dejé y la impura
corola que hoy en cada rama advierto
pasaron lustros sin que abrieran rosas.

Viví sin ser... Y sólo me asegura,
entre tanta abstención, de que no he muerto
la fatiga de mí que hallo en las cosas.






















Jaime Mario Torres Bodet (Ciudad de México, 17 de abril de 1902 13 de mayo de 1974), también conocido como Celuloide y Marcial Rojas (seudónimo compartido con Bernardo Ortiz de Montellano)...Para saber más pulse aquí.

Dame de beber norteña...

Dame de beber norteña de tus montañas
a la sombra hermosa de tu cerro de la silla
solo unas gotas que de tus labios salgan
cuando bese con dulzura sobre tus mejillas.

Dame ese veneno que no me mata
en gotas de perlas claras de tu sudor
sabia de tus gemidos cuando me abrazas
gotas de dulce veneno de nuestro amor.

Dame ese veneno que consuela el alma
dorado como el piloncillo en su resplandor
aplaca mis pasiones con tu ardiente llama
apaga este fuego que arde, con tu fulgor.
Dame tus besos de rosas y fuego
que sienta tu veneno sobre mi piel
con pasión, lujuria y desenfreno
déjame rendido hasta el amanecer.

Dame el sonido de tu corazón que galopa
cuando mis brazos te aprietan tu cintura
y en tu pecho se posan palomas blancas
cuando sientes de mi pecho, tanta dulzura.

Muere lenta y cautiva entre mis brazos
y tu cuerpo se estremezca con mi pasión
que en tus ojos me encuentre por fin cautivo
y en tu alma se guarde mi corazón...

























Dame de beber crayolita
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