lunes, 30 de octubre de 2017

Sumergido en Halloween, poema

Me he sumergido en los terrores nocturnos de mi infancia
en las calabazas que me perseguían por las calles,
sus ojos rojos, sus dientes, su sonrisa maléfica y su pendencia,
me despertaba gritando, una semana sin dormir y otra rezando.

Mis noches las pasaba entre brujas y aquelarres, animales salvajes
todos querían devorarme mientras mojaba las sabanas de profundo terror,
lo peor, una bruja malvada, una laguna encantada que me producía pavor,
sapos que cantaban escupiendo fuego y un maldito pirómano con ardiente aliento.

No me gusta Halloween, esta fiesta pagana que veo pasar desde mi ventana
sus perversos disfraces, la inquisición me recuerda, persiguiendo sus muertos
las hogueras ardiendo en mis pensamientos, las ampolla explotando, la sangre saliendo.

Tu sigue bailando ante el fuego y dejame a mi vivir en mis sueños de luz y armonía
sigue con tus calabazas y brujas de feas verrugas que yo viviré en mis fantasías.

Feliz Halloween

Lo que hoy conocemos como la Noche de Brujas o Halloween se celebraba hacen más de 3000 años por los Celtas, un pueblo guerrero que habitaba zonas de Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia. Precisamente el 31 de octubre, los Celtas celebraban el fin de año con el Samhain, una fiesta pagana. Con la inmigración europea a los Estados Unidos, principalmente la de los irlandeses catolicos en 1846, llegó la tradición de Halloween al continente americano. Cuando se habla de Halloween o Día de las Brujas se piensa en disfraces, maquillaje, fiesta, dulces y niños; pero la tradición indica que su celebración no siempre fue festiva y alegre, y que los ritos que se practicaban durante la noche tenían un carácter purificador y religioso.

Ese día, además, se celebraba el encuentro amoroso, a orillas de un río, de Morirîganî con Teutatis, el Dios de la Tribu, padre de los hombres y señor del mundo inferior. Ella era la diosa única céltica, en su aspecto de señora del mundo inferior y de la guerra, "la Reina de espectros". La versión de esa pareja para los irlandeses eran Morirían y Dagda; en las Galias (Francia) se llamaban Sucellos y Herecura; y en Hispania, Endovellicos y Ataicina. La cita amorosa tenía una consecuencia importante, pues la diosa le proporcionaba a su amado los secretos para salir victorioso en la próxima batalla mítica.

Después de que los romanos conquistaran la mayoría del territorio celta en el año 43 D.C., se incorporaron dos festivales de origen romano además de la tradicional celebración de Samhain. Durante cuatro siglos, Feralia fue un festival en el que se rendía culto a los muertos y Pomona fue el festival de la cosecha cuyo nombre se debe a la diosa de los frutos (manzanas) y árboles.

En Estados Unidos comenzaron a celebrar esta fecha las pequeñas comunidades de irlandeses católicos a mediados del siglo XIX, ya luego entrado el siglo XX ( el de la comercialización ) se esparció la tradición al resto del planeta, entre ellos Puerto Rico.

Para saber más pulse aquí.

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