miércoles, 13 de diciembre de 2017

Nana de Navidad de Poemas del alma. José Luis

Mi Niño, duerme que duerme
sobre el perfume de un nardo,
su Madre le canta nanas,
con las estrellas mirando.

La luna brilla de envidia,
por no poder abrazarlo,
y estrecharle entre su pecho,
de color blanco y estaño.

El Niño duerme que duerme,
su Madre sigue cantando,
con un querube que viene,
de los cielos escapado.

Mi niño sigue durmiendo,
con sus ojitos cerrados,
mientras los pastores llegan,
con sus quesos en la mano..
Las ventanas de los cielos,
sus visillos no han cerrado,
para que salga la luna,
y las estrellas bailando,
con farolillos chinescos,
con zampoñas y charangos.

Mi Niño sigue durmiendo,
su Madre le está arrullando.

El Niño sigue durmiendo,
Su Madre le está velando,
y por las dunas de Oriente,
camellos vienen trotando.

La palmera se arrodilla,
para tenerle en sus brazos.
La noche se hace de fuego,
“pa” que bailen los gitanos.
La luna se pintó su cara,
de color blanco y estaño.

La detención del turco...

Dos policías que habían terminado su servicio en una comisaría de Casablanca, salían del vestuario a la calle para dirigirse a tomar unas copas a un bar de la avenida, al pasar junto a un vehículo un hombre sentado al volante leía aparentemente el periódico, a uno de los policías le pareció un rostro conocido y sacó de su bolsillo unas cuantas fotografías y tocó en el brazo al compañero…una de las fotos estaba calificada como muy peligroso…el compañero asintió con la cabeza, si, es ese hombre.
Siguieron adelante hasta rodear el vehículo por detrás y cada uno se dirigió a una puerta.
Se produjeron varios disparos seguidos desde la acera de enfrente… en la puerta de una joyería, dos individuos disparaban contra un coche de donde  asomaba una mano en alto con una placa de policía y la pistola en la otra.

El turco fue a salir del coche para ayudar a sus compañeros sin haberse percatado aún de los agentes que vestían de paisano, la puerta se cerró violentamente sobre sus piernas y los hombres le encañonaban con sus armas. Lo esposaron boca abajo y desde esa misma posición comenzaron a disparar, uno de los individuos cayó al suelo mientras el otro retrocedía dentro.

Levantaron al turco y se dirigieron al coche desde donde se había disparado y un agente que se presentó como policía de aduanas, le pidió que le entregara al turco reclamado por la policía española. Los agentes dijeron que tenía que esperar ordenes de sus superiores y llamaron a la central para solicitar ayuda y una ambulancia.

El lugar se llenó rápidamente de coches y agentes de diferentes cuerpos de la seguridad del estado y un pequeño vehículo blindado del que salieron hombres armados hasta los dientes y protegidos con cascos y chalecos antibalas.
Un mercedes negro, recogió al turco y se lo llevó a la comisaría donde pertenecían los dos agentes que le habían detenido.

El turco llegaba al día siguiente fuertemente escoltado a la jefatura superior de policía de Sevilla, en un primer interrogatorio, dijo que no conocía de nada a Berta, pronto le tiraron por tierra sus declaraciones cuando la policía les mostró otras de testigos trabajadores de la finca en el que reconocían al turco como el hombre que con una furgoneta descubierta llevaba piensos y otros productos a la finca.
El fiscal hizo un trato con el, firmaría una declaración de culpabilidad incriminando a Berta en el pago de servicios para encubrir el asesinato de su marido o lo juzgarían por cómplice de asesinato…el turco accedió y firmo…

En media hora, el fiscal tenía una orden firmada por el juez para detener a Berta por asesinato. Su fotografía apareció en las cadenas de televisión y la prensa, no había un lugar público donde no la mostraran y una Lucrecia abatida lloraba amargamente sola en su casa.

En su mesa, el fiscal repasaba testimonios y pruebas para el juicio contra la dama,  tomó un pequeño sobre transparente que contenía una bala encontrada dentro de los intestinos de un cerdo comprado por un comerciante a la ganadería propiedad de Berta y se preguntaba, ¿A quién mató esta bala?...dos hombres habían desaparecido de la finca en los mismos días, uno su marido sin dejar rastro y otro el profesor de tenis, se afirmó así mismo que solo con la confesión de Berta sabría la verdad después de tantos años.

Lucrecia en su casa, recogía de la caja fuerte todas las cintas grabadas de sus orgías y conversaciones comprometidas y las echaba en un incinerador de basura.

Se dirigió a los tres bancos donde guardaba otros vídeos y el que se hizo con el senador para chantajearlo, pensó que con Tomas muerto, ya no le serviría de nada, pero algo le preocupaba, después de ese accidente de la galería donde murió el senador y cuya cinta acababa de destruir, ella no vio ninguna noticia en prensa o televisión sobre su muerte, no le parecía lógico que un hombre público que llegó a presentarse a la presidencia, pudiera haber pasado desapercibido de esa forma…algo no le cuadraba…De mi novela: Las damas y el té de las cinco, para seguir leyendo pulse aquí.

Autorretrato y galantería, sonetos.

Por la espaciosa frente pálida y pensativa,
desciende la melena en dos rizos iguales.
Negros ojos miopes, gruesa nariz lasciva,
la faz oval y fina, los labios sensuales.

Sobre el flexible cuerpo, perturban la negrura
del enlutado traje que su dolor retrata,
el dannunziano cuello con su nívea blancura
y con manchas sangrientas la flotante corbata.

Apura un cigarrillo Kedive, reclinado
en un diván oscuro, y entre el humo azulado
del tabaco, sus ojos contemplan con amor

el azul de las venas sobre las manos finas,
dignas de rasgar velos de princesas latinas
y ceñir el anillo del Santo Pescador.
Por ver quién recogía tu pañuelo,
que dejaste caer a unos truhanes,
con el más bravo de los capitanes
al pie de tus balcones tuve un duelo.

Me hirió su espada bajo el ferreruelo,
y para contener nuevos desmanes
le hundí el acero hasta los gavilanes
y cayó, desangrándose, en el suelo.

Y tu pañuelo recogí galante
con ademán del que recoge un guante.
Y envainando la espada enrojecida,

me alejé sonriente y satisfecho,
apretando el pañuelo contra el pecho
para enjugar la sangre de mi herida.





















Francisco Villaespesa Martín (Laujar de Andarax, 15 de octubre de 1877-Madrid, 9 de abril de 1936) fue un poeta, dramaturgo y narrador español del modernismo. Para saber mas pulse aquí.

Pesadillas reales...

Si desde pequeño hubieramos echo reseñas en nuestros diarios de las pesadillas que tenemos por las noches, seguro que la mayoría de nosotros tendríamos creado un verdadero libro de terror...

Yo confieso que jamás hice referencia a algunas de esas pesadillas, ni de pequeño ni de adulto, pero hay una en concreto que me dejó muy marcado y que jamás he olvidado después de tantos años, las recuerdo con mucha frecuencia y las revivo con los sentimientos y miedo del primer día.

Siempre comenzaba la pesadilla con la sabana superior de mi cama subiendo y flotando, yo la miraba aterrorizado si saber que estaba pasando y sobre todo porque veía a mi madre a los pies de mi cama conmigo en brazo, yo me quería tapar con la sabana pero no la alcanzaba y sobre todo porque mi madre me acercaba cigarros encendidos a la cara y me dolía de una forma infernal, tampoco podía cerrar los ojos y tenia que ver como mi cara se llenaba de ampollas.

Yo tenia unos seis años y esa edad la estableció mi madre cuando al cabo de unos veinte yo le hable de ese sueño que se me repetía continuamente y ella me habló de que con esa edad pasé por una de mis muchas enfermedades infantiles de la época y estuve mas de una semana con fiebre muy alta.

Hasta entonces no pude darle una explicación lógica a mi pesadilla, el efecto de la sabana voladora y esa visión se había producido por la alta fiebre, la cara me ardía y el sueño le daba ese tipo de explicación aunque mi madre jamás me hizo daño alguno. A pesar de empezar a entender esa pesadilla, seguí teniéndola hasta el día de hoy aunque con menos intensidad desde que entró en mis sueños una película que vi de Freddy Krueger, Pesadilla en Elm Street...

Tenia unas peleas a muerte con este Freey, se ponia sobre mi y con esas cuchillas me quería rajar el pecho y cuando sentía las cuchillas me despertaba sudando...

Hasta cierto punto las pesadillas se pueden controlar. Yo he leído varios libros sobre este tema y antes de dormir existen una series de pensamientos positivos que te predisponen a soñar en uno u otro sentido y también a saber diferenciar dentro de la pesadilla, que eso no es real y que como estas en un sueño tu tienes el control total con lo que sales victorioso de cualquier situación.

Igual que las malas pesadillas, las buenas también puedes prolongarlas. La que mas me ha gustado siempre es aquella en la que vuelo y controlo la dirección y altura moviendo mis manos extendidas y me paro justo donde estoy viendo desde el aire, ya sea una casa hermosa en un prado o un grupo que se baña en la orilla de un río...

A veces no se puede controlar una pesadilla y te despiertas asustado, pero con algo de ejercicio mental y predisponiendo tu mente para soñar cosas hermosas en las que piensas antes de dormir, es posible ahuyentar muchas pesadillas...

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