Y doliéndome los ojos...


Hoy estoy triste, te cuento
Vi un viejito muy solo
En la puerta de un convento...
Mire madre que ni llanto
Me queda en estos adentros,
Mire madre que mis ojos
Se han secado de sufrimiento.

Las colas de familias hambrientas
Los asesinatos tremendos
De esos machos revienta caras,
De esos monstruos sin sueños.

Un niño de apenas un día
Lloraba envuelto en pañales
Echo de palabras vacías
Y de sentimientos banales.

Ya me estoy secando en vida
la humanidad esta muriendo
ya no cierran mis heridas
se acumulan mis tormentos. 

Y doliéndome los ojos
Por no poderlos mojar
De mi madre miro una foto
Para poder ya llorar…

Autor:  

Las flores del camposanto.




Un caballo va perdido.
Galopando va entre sueño
dejando su rastro herido
de tinta, en mi pensamiento.

Mientras mis ojos dormidos
y abiertos al negro eterno
se encienden como bombillas
para alumbrar lo que pienso.

Soñadora, siempre presa
buscando el ritmo del verso,
rapsoda, el aria sonoro
es canto de vino añejo.
Dale tu brío a mis manos
hasta derretir las nieves,
que aquellos versos de antaño
son los calores más fieles,
donde arderá el entrecejo.

Calaveras de alabastros
en bustos de frío invierno
los que dejaron sus notas
heladas en cementerio.

Mi verso fiel se desangra
en cuerpo de un esqueleto,
la brisa del camposanto
me huele a flores de muerto.



La cautiva, Espronceda



Ya el sol esconde sus rayos, 
el mundo en sombras se vela, 
el ave a su nido vuela. 
Busca asilo el trovador.
 
Todo calla: en pobre cama 
duerme el pastor venturoso: 
en su lecho suntuoso 
se agita insomne el señor. 

Se agita; mas ¡ay! reposa 
al fin en su patrio suelo; 
no llora en mísero duelo 
la libertad que perdió. 

Los campos ve que a su infancia 
horas dieron de contento, 
su oído halaga el acento 
del país donde nació. 

No gime ilustre cautivo 
entre doradas cadenas, 
que si bien de encanto llenas, 
al cabo cadenas son. 

Si acaso, triste lamenta, 
en torno ve a sus amigos, 
que, de su pena testigos, 
consuelan su corazón. 

La arrogante erguida palma 
que en el desierto florece, 
al viajero sombra ofrece, 
descanso y grato manjar.
Y, aunque sola, allí es querida 
del árabe errante y fiero, 
que siempre va placentero 
a su sombra a reposar. 

Mas ¡ay triste! yo cautiva, 
huérfana y sola suspiro, 
el clima extraño respiro, 
y amo a un extraño también. 

No hallan mis ojos mi patria; 
humo han sido mis amores; 
nadie calma mis dolores 
y en celos me siento arder. 

¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?, 
no puedo ni ceder a mi tristura, 
ni consuelo en mi amargura 
podré jamás encontrar. 

Supe amar como ninguna, 
supe amar correspondida; 
despreciada, aborrecida, 
¿no sabré también odiar? 

¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! 
La infeliz Zoraida ahora 
sólo venganzas implora, 
ya condenada a morir. 

No soy ya del castellano 
la sumisa enamorada: 
soy la cautiva cansada 
ya de dejarse oprimir.

Para saber más pulse  aquí

Y seguimos en silencio


Hoy os dejo con este poema reflexión que escribió mi hijo Miguel Ángel...

Tus silencios son tan largos, tan profundos y tan dañinos 
que te duelen en el alma mas que los golpes de sus nudillos.
Tus silencios son culpables porque ocultan a un canalla, 
tu silencio es inocente, ya no valen las palabras.

Silencio en tu barrio, silencios vecinos
silencio al trabajo, silencios de amigos, y te cuestionan...
que hay silencios que se olvidan y otros hay que no perdonan,
que cobarde es tu silencio cuando aceptas tu destino!
que silencio mas valiente cuando callas por tus hijos.

Tus silencios son mentiras que descubre tu mirada
tus silencios son verdades que le escupes a la cara,
no permitas que te calle, no le prestes tu silencio
que un silencio manejable será tu cruz y tu tormento.

Tu que de un silencio en tu cuerpo concibes la vida
y ahora te matan tus propios silencios
silencio que el maltrato lleva adentro
siguen muriendo mujeres y nosotros...

EN SILENCIO!!!
Y SEGUIMOS EN SILENCIO.


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