Venganza salvaje por Ángel Reyes BUrgos se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://sonrrisasparati.blogspot.com.es/p/venganza-salvaje-capitulo-1.html.
Por la crudeza de esta novela, no se recomienda la lectura a
personas especialmente sensibles y resulta totalmente prohibido para menores de
edad…
Capítulo 1.-Hombre o animal
Capítulo 2.-Su primera victima
Capítulo 3.-Matanza múltiple
Capítulo 4.-La matanza de los jabatos
Capítulo 5.-Cazador cazado
Capítulo 6.-Cruel venganza
Capítulo 7.-Doble asesinato
Capítulo 8.-Un cuadro macabro
Capítulo 9.-Parto grotesco
Capítulo 10.-Cuerpo profanado
Capítulo 11.-Conociendo el origen
Capítulo 12.-Asesinato de su hijo, Eva y Javier
Capítulo 13.-Empieza la cacería
Capítulo 14.-Hacia la cueva del engendro
Capítulo 15.-La cueva de los huesos
Capítulo 16.-Carnicería en la aldea
Capítulo 17.-La sandalia del pescador
Capítulo 18.-Con el rabo entre las piernas
Capítulo 19.-El cementerio crece
Capítulo 20.-De vuelta a la aldea
Capítulo 21.-La jauría sometida
Capítulo 22.- Venganza consumada
EPILOGO:
Venganza salvaje, Novela de terror de Ángel Reyes Burgos
Prólogo...
Albert Einstein
dijo… Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana y de la
primera no estoy muy seguro…lo que no tendrán ninguna duda al terminar de leer
esta novela es de su infinita perversión…
Lo que aquí
relato, son las experiencias de un psicópata que estuve entrevistando unos
días… Estando en Aragón, me hablaron de unos terrible sucesos acaecidos en una
remota aldea del pirineo, como periodista y psicólogo, sentí curiosidad por
conocer los acontecimientos de primera mano, casi pierdo la vida en el intento,
este hombre no hablaba con nadie y los que lo intentaron, nunca se les volvió a
ver. Quizás me salvo la vida el hecho de que llevaba una foto de su madre que
le enseñe cuando me iba a atacar.
Pasé tres
semanas de un crudo invierno en su cueva tomando notas.
Me costó mucho
escribir lo que me contaba porque su vocabulario era muy escaso y su
pronunciación casi inteligible, pero después del trabajo que me costó el
permitirme que le entrevistara, no dejaría la labor sin terminar…
En más de una
ocasión, estuve por abandonar, las atrocidades que ese salvaje contaba, me
ponían los vellos de punta, no sabía si tendría estomago para llegar al final
de esta odisea...
No sabía su
nombre, ni su edad ni cómo llegó hasta la cueva, tampoco recordaba haber tenido
trato con otros humanos, lo primero que recuerda y me cuenta es, que un día se
encontraba enfermo. Dos mastines negros con multitud de cicatrices, aparecieron
por la mañana en su cueva llevando una mano y parte del brazo de un niño, había
visto en una ocasión uno bañándose en el río y le recordaba a eso…la perra lo
deposito junto a el en el suelo como si fuera un regalo, su hambre era
acuciante y lo devoró en unos momentos, nunca había comido carne humana, le
gustó y supo que iba a seguir comiéndola.
Su exagerada
dentadura, le permitía rasgar la carne y triturar los huesos.
Su cabeza en
parte pelada y una gran cicatriz sobre su sien derecha y con una hendidura en
el cráneo, le conferían un aspecto tétrico y terrible, no me sentía cómodo
mirándole a la cara, me inspiraba temor.
Conforme pasaban
los días, mi mente se iba abriendo y confieso que en algún momento me
identificaba con él, llegando a sonreír con sus salvajadas y sintiendo cierto
placer en sus perverso comentarios, mi lucidez, estaba dando un vuelco
peligroso...procuré aclarar mis ideas y seguir con el objetivo que me trajo
hasta aquí, sin saber lo que el destino me había deparado al pasar con el
tiempo, de ser medico a paciente…
Es probable que
mi incipiente locura, este debida a escribir esta novela en primera persona,
metiéndome en la piel de este psicópata y relatarla como si se tratará de mis
propias vivencias, seguramente en algún momento tendré que desligarme de este
ser infernal, si no quiero que su personalidad psicótica se transfiera a la mía
convirtiéndome en un autentico asesino…
Capitulo 1.-Hombre o animal
Desde que puedo
recordar, vivo en una pequeña cueva solitaria sin contacto con otros humanos en
el pirineo Aragonés, mi única compañía son dos mastines de apariencia tan
grotesca y desagradable como la mía, que en algún momento hicieron acto de
presencia cuando me encontraba enfermo y hambriento…la hembra llevaba una mano
humana en la boca que dejó en el suelo junto a mi…
Mi dentadura está
muy desarrollada, hasta el punto que mis colmillos se clavan en mi labio
inferior que me cuelga por un desgarro que sufrí en un enfrentamiento con lobos
y mi cráneo, en parte pelado alrededor de una enorme hendidura producto de una
dentella, confiere a mi cabeza una imagen repugnante.
Mi potente
dentadura, me permite comer la carne cruda y esa mano iba a ser todo un festín
para mi .vacío estómago... la devoré con los huesos que crujían a cada
bocado...Era la primera vez que comía carne humana, pero no sería la última…
Aún me sentía
débil para levantarme, cuando la hembra me trajo lo que era la parte del muslo
de algún niño y como la mano también era pequeña, pensé seria del mismo
individuo y que probablemente tuvieran el resto guardado en alguna cueva de los
alrededores…con esa última comida me sentí de nuevo fuerte y con ganas de
utilizar a mis nuevos y sanguinarios amigos para alimentarme.
Al día
siguiente, até con unas cuerdas de cáñamo a las dos bestias que me enseñaban
sus enormes mandíbulas mientras lo hacía y las cerraban con un golpe seco
intentando atrapar mi muñeca, un golpe firme en el hocico con una raíz terminada
en una maza, terminó con sus intentos mientras un aullido de dolor quebraban
sus gargantas…ahora sabían quién mandaba…salimos a inspeccionar las cuevas en
dirección a la aldea y los perros se adentraron en una donde me enseñaron sus
tesoros…varios cráneos juntos a diferentes huesos que por su tamaño eran de
niños, alfombraban el suelo en un ambiente tétrico, un olor nauseabundo
acompañaban a unos restos aún con carne que parecía ser la fuente de mi última
comida…
La cueva estaba
como a diez kilómetros de la aldea más cercana, en un sitio poco accesible, por
lo que no tenía encuentros con seres humanos, la única vez que vi a uno me miró
como si viera al mismo diablo…intentó correr asustado y mis ágiles piernas lo
alcanzaron al momento y cayó fulminado cuando mi maza le abrió el cráneo en
dos, lo metí en unos matorrales para que lo devoraran las alimañas…ese
territorio era solo mío, eso sucedió antes de llegar los perros y ahora
pensaba…que desperdicio de carne…
Cuando vimos la
mal nutrida despensa con solo algún despojos, los perros y yo sabíamos que
teníamos que ir de caza, nos encaminamos a la aldea…allí estaba jugando en el
río una niña de unos diez años, sola y demasiado lejos de su choza para que
escucharan sus gritos, de tres zancadas llegué junto a ella y le tapé la boca,
mientras los perros destrozaba sus tobillos para que no pudiera correr si
se soltaba… los cuatro nos zambullimos en el interior del monte para
desaparecer...
Capitulo 2.-Su primera victima
En el camino de
regreso a la cueva, la niña intentó patalear a pesar de sus destrozados
tobillos y aplaque sus inicios de protesta con un golpe de la maza sobre su
cabeza, los perros me gruñeron en un gesto amenazador y de protesta…pensé que
para ser tan sanguinarios esos bastardos, parecían tener un poco de
consideración con la niña y pronto descubriría lo errado que estaba…
Al llegar a la
cueva, la solté sobre el suelo, su pequeño cuerpo produjo un sonido apagado al
golpear contra la tierra y un grito de dolor inundó el lúgubre lugar mientras
con gesto de nuevo amenazador los perros me miraban.
No entendía muy
bien el porqué de la actitud de esos carniceros, pero pronto me di cuenta
cuando el macho, se acercó a l glúteo de la niña y de un certero mordisco le arrancó
un trozo de carne…la hembra sobre su mano derecha le arrancaba los dedos y se
los tragaba para ponerse inmediatamente a lamer sus heridas….con una macabra
sonrisa en mi rostro, entendí el propósito de los perros, no querían matarla
inmediatamente, disfrutaban con los gritos horrorizados de la niña que no tuvo
aún la suerte de perder el conocimiento…como dos aristas que observan su obra,
los animales se sentaron a su lado y la contemplaban con la mezcla de sangre y
saliva saliendo de sus asquerosas bocas.
La preciosa niña
rubia de ojos increíblemente azules, parecía una muñeca rota con los
parpados totalmente abiertos y el horror reflejado en su rostro, no emitía
ningún lamento, su estado era de parálisis total a consecuencia del shock, los
perros solo se movían para lamer sus heridas y yo pude disfrutar de ese hermoso
espectáculo y esa lección para comerme a mis victimas vivas el tiempo que se
las pueda prolongar y aumentar mi placer con el dolor reflejado en sus
rostros….
Me acerque al
cuerpo, los animales habían entendido que yo había aprendido la lección. me
dejaron disfrutar de dos suculentos bocados de la tierna carne,
procurando no seccionar arterias o venas importantes para que no se desangrará…
un grito estremecedor de la niña, rompió la concentración de los animales y a mí
me dio por reír como si estuviera poseído…los perros enseguida terminaron con
el macabro espectáculo al seccionar de un solo mordisco la garganta de la niña
y desgarrar todo su cuerpo dejándome grandes trozos de carne a mis pies…
Me habían
enseñado a disfrutar de mis victimas saciando mi apetito y disfrutar de
la sensación que me produce el pánico que como un afrodisíaco viaja por mi
sangre al contemplar ese horror reflejado en sus caras mientras trozo a trozo
sus huesos y su carne desaparecen…ya estaba pensando en la forma de prolongar más
sus agonías…
Del cuerpo de la
niña solo quedó el cráneo con jirones de piel sanguinolenta pegado…
y sus enormes
ojos abiertos que parecían mirarme llenos de incredulidad. Salimos de la
cueva para beber en un arroyo que había detrás, un disparo de escopeta
nos hizo retroceder de nuevo a la cueva, permanecimos por un buen rato en
completo silencio mientras se escuchaban voces a lo lejos…
Capitulo 3.-Matanza múltiple
Estábamos en la
cueva donde dábamos buena cuenta de nuestras victimas, la cueva donde vivían
los perros antes de unirse a mí, la entrada estaba perfectamente camuflada por
unos matorrales, aunque alguien pasara delante de la entrada, no la vería.
Las voces que se
alejaban, de pronto la escuchamos más cerca, permanecimos todo el día en el
interior de la cueva, una voz se alzó sobre las demás en un grito…Eva Mariaaa
¿Donde estas
hija miaaaa?, en cada grito, solo se obtenía el sombrío eco del silencio…
La oscuridad se
hizo dueña de la belleza que infería el astro rey al frondoso espectáculo del
monte, los tétricos ruidos de la noche, hacían tener los cinco sentidos
alertas…
Me asomé al
exterior cuando la noche era totalmente cerrada, una pequeña hoguera lucia
cercana, le hice señas a los perros con mi dedo índice sobre los labios
en señal de silencio, conminándoles a salir a la oscura noche sin luna.
Como si fueran
soldados, los perros reptaban junto a mi en dirección a la hoguera sin escuchar
ya ni un solo susurro de esos hombre…cuatro bultos aparecían ante la débil luz
de las llamas, sus escopetas descansaban sobre sus cuerpos dispuesta a la
acción ante la menor señal de peligro…pero no estaban preparados para el
peligro que se les echaba encima en forma de animales y uno mas animal con
cuerpo de hombre…
La acción se
desarrolló de forma rápida y quirúrgica, como solo los cuerpos de elite las
saben ejecutar, un perro estaba a la altura del cuello de uno de los
hombres, el otro acechaba a su compañero y yo sobre el que estaba cerca
durmiendo con su amigo…
A mi señal, de
una sola dentellada los perros acabaron con su presa destrozándole la garganta,
yo con un certero golpe de mi maza le abría el cráneo a mi victima, no murió
inmediatamente, sucumbió antes de coger su escopeta a otro contundente
golpe, ese segundo golpe permitió a su amigo perderse entre los arbustos y desaparecer…
Los perros
ajenos a mi orden para que lo persiguiera, se daban un buen festín, el silencio
se hizo absoluto a nuestro alrededor, el sonido que producían al desgarrar la
carne y triturar los huesos, era demasiado aterrador para los animales nocturnos
del entorno que permanecían en completo silencio.
Aproveché la
pequeña hoguera para echar unos trozos de carne, pues aunque la prefiero cruda,
en una incursión nocturna a los alrededores de la aldea, tome sin permiso
un conejo que un hombre asaba sobre la lumbre, no pedí permiso por que los
muertos no te lo dan y ese hombre estaba bien muerto después de que mi maza se
encargara de él…
Cuando quedamos
satisfechos, limpie todos los rastros de nuestro paso y el de los hombre por el
lugar, yo cavaba y los perros traían los despojos de sus presas para echarlos
al agujero, apagué el fuego y enterré las cenizas y los palos calcinados,
cuando terminé la operación, nadie podía imaginarse nuestra presencia o la de
esos hombres, pero había un cavo suelto que no me podía permitir dejarlo así,
aunque de forma fugaz, el que escapó me había visto la cara y jamás se le olvidaría…
Estaba en esos
pensamientos cuando un grito rompió el silencio de la noche… asesinos, os daré
muerte aunque tenga que bajar al mismo infierno…el eco de un disparo como una
sentencia, se propagó germinando como una venganza plantada en la tierra…
Capitulo 4.-La matanza de los jabatos
Mi cueva estaba
a un kilómetro de la de los perros donde nos encontrábamos y no quería
arriesgarme a quedarnos allí, con la amenaza que suponía ese hombre merodeando
tan cerca, nos adentramos sigilosamente entre la maleza, atravesando un bosque
tan negro como el corazón que bombeaba la sangre de mis venas, la zona carecía
de senderos porque poca gente lo transitaba, pero yo conocía cada palmo del
terreno y los animales que confiaban en mi, seguían mis pasos sin titubear…
Ya
estábamos cerca, cuando un gruñido de jabalí alertó y puso en tensión a
los perros,
nos paramos,
nuestros sentidos se pusieron al servicio de otros chillidos para interpretar
su procedencia, una vez localizado, nos encaminamos muy pegado al terreno hasta
localizar al jabalí que intentaba morder la parte extrema de su pata para
liberarla de uno de los cepos que yo había colocado, los perros se acercaron
con prudencia sabiendo lo peligrosos que son sobre todo cuando están heridos,
ellos presentaban sus peores cicatrices producidas por enfrentamientos con esos
fieros animales.
A su lado, había
cinco jabatos de pocos meses producto de su ultima camada que intentaban mamar
a pesar de la dramática situación de la madre, el momento no presentaba peligro
y nos acercamos, la perra perdió toda su prudencia y la pagó con una enorme
cuchillada de uno de sus grandes colmillos en uno de sus costados con un rápido
giro de su cabeza, aúllo de dolor y quedó unos instantes inerte en el suelo, mi
reacción fue inmediata y descargaba con furia sobre la cabeza del animal mi
maza que al segundo golpe, dejo al descubierto sus sesos…y a mi me provocó una
erección.
Los pequeños
seguían cerca chillando y correteando alrededor pero sin querer separarse de la
madre y uno por uno cayeron en nuestro poder…nos dirigimos a la cueva con la
perra sangrando en abundancia…
Até el cuerpo de
mi animal con tiras de piel de conejo, después de haberle puesto sobre la
herida unas yerbas que masticaba y mojaba en la saliva de su propia boca, yo
estaba de rodilla detrás de la perra y recordé la erección al matar al jabalí y
mis manos la acariciaron sintiendo como una nueva erección se apoderaba de mi
con un deseo que jamás había experimentado, me levante el taparrabos de piel
que tenia puesto y mi enorme miembro desaparecía poco a poco en el interior del
animal acompañado por toda una nota de aullidos de dolor, mientras el macho
miraba y parecía estar ajeno a los acontecimientos o quizás me había otorgado
el grado de jefe de esta maldita manada.
Yo me tumbe a
descansar y vi como el macho se acercaba hasta la hembra que permanecía junto a
mí y trató de montarla, lo había visto otras veces y se comportaba sumisa y
complaciente, en esta ocasión le enseño los dientes, el macho no se amilano y
seguía acercándose, al tenerlo a su alcance abrió su enorme mandíbula y la
cerro sobre su garganta, se postro en el suelo y permaneció quieto evitando un
fatal desenlace, la perra había demostrado su poderío y el vencido se retiro
con su rabo entre las piernas.
Estaba
intentando dormir pero los chillidos de los jabatos me lo impedían, quería
dejarlos vivos hasta la mañana y disfrutar de un buen desayuno, pero por el
momento quería disfrutar de un placentero sueño y alzando la voz ordené,
matarlos…
En treinta
segundos se estableció un silencio absoluto en la cueva…
Capítulo 5.-Cazador cazado
En la mañana me
despertó el ruido que los perros hacían comiendo y gruñéndose mientras
despachaban los pequeños cuerpos de las crías del jabalí que mataron en
la noche, ya habían acabado con tres y al lanzarse sobre otro les di un grito,
quietos…
No hicieron caso
y mi maza voló hasta el costado del macho que con un aullido de dolor, se
postró en el suelo con mirada amenazadora, en mis planes del día no figuraba la
caza y quería tener esas reservas de alimento…
Después de
saciar nuestra sed en el arroyo, nos pusimos en marcha hacia la otra cueva
donde tuvimos el encuentro con los hombres, mi plan se iba a poner en marcha
por que no podía dejar con vida a ese hombre que me había amenazado de muerte…
Al llegar a la
cueva, comprobé la trampa que en forma de un gran agujero cavado en el suelo y
unos palos con puntas clavado en el fondo, nos habían proporcionado más de una
suculenta comida de los incautos animales que pisaban sobre los ramajes que la
cubrían, sin saber que allí encontrarían la muerte.
Las ramas habían
cedido y al acércame oí los lamentos de un hombre que pedía auxilio,
Oiga... ¿Quién
está ahí? Sáquenme por favor…al acercarme al borde el hombre palideció… Tuuu,
asesino, te mataré hijo de perra…mis risas sonaron como truenos en la
tormenta...
Agachándome
sobre el agujero, le aseste un golpe seco con mi maza que lo dejo sin sentido,
aunque sé que no tendría muchas oportunidades de salir de allí con uno de los
muslos atravesándole de parte a parte…
Me acerqué a la
cueva a recoger el cráneo de la niña cubierto en parte por restos de piel y
pelos ensangrentado y sus enormes ojos azules mirando al infinito…lo llevé
donde estaba el hombre y lo clavé sobre una de las picas cercanas a él, me
senté en el borde a esperar que se despertara de la anestesia que le había
producido mi certero golpe, quería contemplar su cara y no me defraudó.
Al abrir sus
ojos, contempló a menos de medio metro y a la altura de su frente, el cráneo de
la niña con los ojos que parecían mirarle y un grito atenazo su garganta sin
que lo pudiera escuchar, o quizás yo no lo escuché porque mis carcajadas
superaban al sonido de su terror…el hombre miraba a la niña y a mi
alternativamente como si no creyera lo que estaba viendo, la cabeza de su hija
clavada en una estaca y el monstruoso asesino disfrutando y riéndose, pondría
todo su empeño en salir de ese agujero y despellejar vivo a ese hijo de puta
que se había ensañado de forma tan cruel con su hija…
La noche se
acercaba como una maldición que mermaba las esperanzas del hombre de salir de
allí y el verdugo de su hija cubría la visión del cielo con ramas y troncos más
gruesos. La pierna le dolía y se sintió desvanecer a la vez que se escuchaban
los ladridos de los perros cada vez más lejos…antes de perder el conocimiento
sonrió, tenias que haberme matado bastardo.
Estuvo
inconsciente más de tres horas y al despertar, se renovaron sus esperanzas y su
determinación de salir de allí para dar caza a esos tres engendros vomitados
desde las entrañas de algún demonio. Agarrado a una pica consiguió desclavarse
y subir por otra hasta el borde, el ver las estrellas, le confirió fuerzas para
salir con solo un objetivo, despellejar vivo a ese bastardo aunque fuera lo último
que hiciera en esta vida...
Se alejó todo lo
que pudo de ese maldito lugar con su muslo sangrándole de forma alarmante, se
limpió y colocó un emplaste que hizo con hojas medicinales, rasgo su camisa y
con unas tiras se hizo un vendaje y se echó a dormitar un rato, la fiebre y las
pesadillas no lo dejaron pero aún así, al amanecer se sintió mejor y
descansado.
Se dirigió a la
aldea en busca de provisiones para volver al monte el tiempo necesario para
cumplir su venganza…
En la cueva, el
salvaje miraba con curiosidad el hinchado vientre de la hembra, lo había
contemplado en los lobos y en otros animales que había visto parir y se
preguntaba…
¿Cómo será lo
que tenga dentro?...se le pasó la idea por la mente de abrirla para saciar su
curiosidad y después coserla de nuevo para que no muriera, pero lo dejo
pasar por que no estaba seguro si moriría desangrada…lo pensaré mejor…
Llamó a
los perros, vamos, hoy tenemos comida fresca, se encaminaron al pozo donde
dejaron al hombre cubierto y empalado y estampo con toda su furia la maza sobre
un palo en el borde, al comprobar que el hombre no estaba en su interior, los
perros miraron asustados al ver la cara desencajada de su amo, busquemos el
rastro, hay que encontrarlo…
El fino olfato
de los perros lo llevó hasta una mancha de sangre donde el hombre se había
curado las heridas, desde ese punto tomaron el rastro del hombre hasta que lo
divisaron muy a lo lejos y de un bastonazo en los lomos de los animales, acabó
con los incipientes ladridos que surgían de su garganta…silencio…
Lo siguieron a
cierta distancia, la dirección que llevaba, iba camino de la aldea, ellos
seguirían sus pasos.
Se apostaron en
lo alto de un cerro bajo desde donde se veían la chozas, vieron al hombre
entrar en una, esperaron y al cabo de una hora el hombre aparecía de nuevo con
una gran escopeta y un cuchillo de caza en el cinto, portaba a la espalda una
mochila que debían ser alimentos. En la puerta estaba la mujer que se veía
preñada y con gestos de querer retener a su marido, no escuché lo que decía,
pero lo agarraba y tiraba de el hacia dentro. Pero ese hombre solo tenía una
idea fija en la cabeza y nadie le haría cambiar…
Las chozas
estaban muy separadas unas de otras porque cada familia tiene un huerto para
cultivar alimentos y unos corrales donde crían sus animales, en el centro de la
aldea, hay un recinto casi circular donde se reúnen para intercambiar sus
productos, solo una vez al mes, una carreta se acerca desde el pueblo más
cercano a suministrarles artículos que no tienen y alguna carta…
Eso me daba la
ventaja de poder acercarme a una choza sin que me vean y yo ya sabía dónde tenía
que ir…llegue a la misma puerta de donde salió el hombre y de una patada la
abrí, sin darle tiempo a reaccionar sujete a la mujer con fuerza por la
garganta y la tendí sobre la mesa, la golpee fuertemente en la boca con mi maza
y sus dientes volaron envueltos en sangre, ya dominada la amarre pos los
miembros a las patas de la mesa mientras farfullaba…por favor no me haga daño,
estoy embarazada…
La visión en la
mañana de mi perra preñada, me dio una idea…veamos que tienes dentro…tomé un
gran cuchillo de cocina y me dispuse a saciar mi curiosidad…
Capítulo 7.-Doble asesinato
La mujer abrió
enormemente los ojos cuando me vio con el cuchillo en la mano, el dolor y la
deformación por el porrazo recibido, le impedían gritar y le daba a su rostro
un aspecto siniestro, lo que la hacía más interesante a mis viciosos gustos…
Corté sus
prendas de arriba abajo dejando al descubierto su voluminoso vientre, algo se
movía y puse mi mano para sentirlo, sonriendo y mirando a los ojos
aterrorizados de la mujer, clavé el cuchillo por encima de su ombligo y rajé su
blando vientre hasta dejar al descubierto una especie de bolsa oscura donde
apenas se veían dos niños moviéndose.
Abrí la bolsa y
cogí uno de los niños aún unidos a la madre y se lo acerque…come…
Aunque la
obligara, su destrozada boca no le iba a permitir hacerlo, pero nada me
lo impedía a mí y dándole la vuelta al niño, arranque de un bocado la tierna
parte posterior de su cráneo y con los dedos, vacié su interior para comer sus
blandos sesos…
Tuve mala suerte
porque ella se desmayó y no pude seguir disfrutando de sus ojos horrorizados,
le di el niño a los perros y a continuación saqué el otro y el saco donde
estaban para dárselo a mi perra, estaba preñada y tenía que alimentarse bien…
Después de
cortarle la cabeza a la mujer, la metí en una bolsa de cuero junto a otros
objetos de la choza que me podían servir y nos marchamos sigilosamente monte
arriba, el hombre ya tendría nuevas motivaciones para querer matarme y yo un
nuevo trofeo para poder enseñarle…estaba pensando en la manera de encontrarlo y
dejarle el trofeo y con esa idea nos encaminamos a nuestra cueva…
Si el hombre
quería encontrarme, estaría en los alrededores de nuestro primer encuentro
y allí nos
encaminamos los perros y yo. Esperé alejado del lugar a que se hiciera de noche
y desde una elevación miraba a mí alrededor, antes de anochecer vi en una
cañada una fogata, esperé hasta bien entrada la madrugada, el fuego casi no se
veía.
Dejé los perros
amarrados para que no estropearan mi sorpresa y paso a paso me dirigí hacia
donde se encontraba el hombre, al acercarme escuche sus ronquidos que delataban
su sueño profundo, me acerque a él sigilosamente con la cabeza de su mujer
cogida por los pelos, la deposité en el suelo cerca de sus ojos, no pensaba
irme hasta no ver la cara de ese hombre al descubrir tan macabro regalo…
Mi paciencia se
agotaba y fui a los alrededores para buscar algo con que despertarlo, en un
cepo había un conejo que me dio la solución, lo solté y al llegar donde estaba
el hombre durmiendo, se lo lance encima desde detrás de unos matorrales a una
distancia que no podía verme, mi truco dio resultado al dar un respingo y
tranquilizarse al instante cuando vio se trataba de un conejo, pero al girar la
cabeza y ver la de su mujer, un alarido como de bestia resonó por toda la cañada
y tuve la satisfacción de ver reflejado en el rostro de ese hombre el autentico
miedo…
Quizás ese mismo
miedo, le impedía en esos momentos proferir mas amenazas de muerte en su ciego
deseo de acabar conmigo, se sentó impotente en el suelo sollozando y mirando la
cabeza de su mujer…no, no, no ¿y mis pequeños?...
Estuve a punto
de dar una carcajada de triunfo, pero estaba muy cerca y tenía la escopeta que
llevaba, podía haberlo matado mientras dormía, pero este juego me gustaba y
procuraría que durará más…si no se vuelve loco antes…
A partir de este capitulo, me desligo del personaje que esta afectando mi cordura.
Capítulo 8.-Un cuadro macabro
Lucrecia era la
señora más anciana de la aldea, nariz aguileña y cara acartonada que le
confería un aspecto de marioneta…, partera, boticaria y bruja, aunque solo por
sus artes de mezclar pócimas que hacía con yerbas medicinales, jamás hizo daño
a nadie y no le importaba lo que los demás pensaran…
Muy temprano en
la mañana, fue a la choza de Eva, le llevaba una infusión para fortalecer el
decaído ánimo de su joven amiga y futura madre, pasaba por malos momentos desde
que su hija desapareciera y su marido se fuera a buscarla al monte con tres
aldeanos más.
Llamó a la
puerta de la choza y nadie le contestó, la empujo y estaba abierta, lo que vio
la perseguiría toda su vida…su amiga abierta como un cerdo, no tenia cabeza y
sus pequeños habían desaparecido, se acercó tambaleante hasta el cadáver y se arrodilló
tomándole una mano, pero mi niña, ¿Qué te han hecho?, sus ojos se anegaron en
lagrimas, un sollozo entrecortado era la música que acompañaba a la muerte…
Salió de la
choza como si ya el tiempo no existiera, fue hasta el centro de la aldea donde colgaba
la campana y la hizo sonar de forma insistente, incluso con todos los
aldeanos cerca, ella seguía tocando ajena a lo que le rodeaba, su sobrina la
abrazó por detrás quitándole la soga de la campana, ¿pero tía, que pasa? Señaló
a la choza de Eva, está muerta, la han rajado como si fuera un animal…se
levantaron murmullos y algunos gritos de miedo, iban a dirigirse a la choza
cuando Lucrecia le pidió que no fueran, quedaros con la belleza de su vida, no
la fealdad de su muerte…
Manuel el
herrero alzo la voz, yo vi a Javier ayer discutiendo con Eva, ella lo agarraba,
no le dí importancia por que se volvió a marchar a la sierra, pero me quedé
pensando en que no habíamos visto por aquí a los tres que le acompañaron a
buscar a su hija y no tenemos noticias de su hija ni de los hombres…en esa
partida estaba el primo de Eva que se decía también era su amante, su marido
los pilló en la cama…
El comentario,
cayó como una semilla en tierra abonada y creció en forma de sospecha como una
espada de Damocles que se cernía sobre la cabeza de Javier, los murmullos
arreciaron y pronto empezaron a sacar conclusiones…
-Javier se ha
vuelto loco con la desaparición de su hija y mató a sus compañeros…
-Si ha tenido
que ser así y ahora ha vuelto a matar a su mujer y de nuevo se marchó.
-Pobre
Javier, los celos lo han hecho perder el juicio…
Era una aldea
tranquila, quizás demasiado tranquila para la condición humana y tenían servido
con esas conjeturas la semilla de una venganza contra un hombre que todos
conocían por su bondad. Intentaron ponerse de acuerdo para hacer un grupo de
búsqueda para darle caza, no prosperó porque en realidad no se sentían
amenazados.
Decidieron
reforzar las puertas con troncos de maderas y quedarse dos hombre vigilando la
aldea por la noche, enterraron a última hora de la tarde a Eva, el dolor en sus
rostros era sincero y las lágrimas brotaron espontáneas.
La noche llegó
irremediable como llega la muerte, sin belleza, en ese lugar perdido entre
montañas, donde solo el sol le confiere la humanidad necesaria para sobrevivir.
Se encaminaron a
sus chozas para descansar, pero hay un espectador que no descansa…
Capítulo 9.-Parto grotesco
Dos acerados
ojos observaban el sumario entierro de Eva, un palmo de tierra la cubría en un
pequeño cementerio a las afuera de la aldea, a el, solo le llevó diez minutos
desenterrarla, se la llevó amparado en la oscuridad de la noche, hasta una
elevación cercana y la empaló sobre una estaca clavada en la tierra, desnudó su
cadáver y amarró un travesaño formando una cruz para poner sus brazos…la miró
sin sentirse satisfecho, buscó una calabaza y se la puso sobre el cuello
sujetándola con unos alambres sobre su carne, dibujó sobre la calabaza unos
toscos ojos y una boca deformada, le puso un poco de paja a forma de sombrero y
la miró de nuevo, se sintió satisfecho y danzó alrededor
grotescamente...se
alejó trotando moviendo los brazos como si quisiera volar, se sentía feliz y
reía, hasta que el estampido de un disparo le borro la sonrisa de la cara.
Sintió silbar la
bala junto a su oreja y se tiro al suelo, puso a prueba su finísimo oído y
permaneció tendido con todos los sentidos alerta, nada se movía, nada se
escuchaba.
El disparo
provenía de la parte de arriba frente a la aldea, se alejó del lugar reptando
hasta llegar a un grueso árbol, se puso de pie detrás del tronco y oteo el
horizonte, no necesitaba verlo para saber quién era, con la oscuridad solo podía
distinguir la cabeza de un hombre con sombrero, ya había tenido suficiente
diversión por hoy y solo quería llegar a su cueva para descansar y ver a sus
perros, sobre todo a la futura madre…
El embarazo de
su perra había cambiado la forma de tratarla, estaba tumbada cuando llegó y se
fue directamente a acariciarla, puso su oído sobre su vientre y la besó, podía
pensarse al verlo que tenia sentimientos…pero cualquiera que conociera a este
psicópata, podía afirmar sin ninguna duda, que no había sentimientos ni
conciencia.
Estaba dormido
cuando le alteró los quejidos de la perra, estaba inquieta y el macho muy
pendiente de ella, había visto parir a los animales en el monte y sabía que
pronto pariría.
Se sentó junto a
ella y pronto comenzó a salir liquido y un hocico desmesuradamente grande
asomaba ensangrentado, al tener toda la cabeza fuera vio lo desmesurada que
era, enseguida tenía todo el cuerpo fuera y se giró en el suelo como queriendo
ser espectador del próximo que venía…pero no sería solo un espectador…
Cuando su
hermano sacó la cabeza fuera, la mordió con fuerza y se oyó como crujía los
débiles huesos de su cráneo, tiro con fuerza y al sacarlo, se veía una gran
herida en el costado donde tenía que estar el corazón, pero allí en el hueco no
había ningún corazón.
El hombre
dándole unas palmaditas le dice sonriendo, este es mi cachorro…
Le dio el
perrito muerto a su madre para que se lo comiera, los despachó en dos bocados y
siguió con su faena de parir…
Una nueva cabeza
asomaba, su forma se parecía a la de los niños humanos, con una boca parecida a
un hocico de perro, morro corto y enormes dientes que apenas podían cubrir unos
escasos labios, sin orejas, sin pelo, asomaron dos manos a medio formar…
El cuerpo
totalmente pelado con una forma parecida a la de los cerdos aunque de torso
parecido a un humano, sus piernas eran normales, aunque con cuatro dedos en sus
deformados pies…el hombre lo cogió y lo lamió entero, gritaba de alegría, si,
si, este es mío y se lo llevó a la perra para que lo viera… es nuestro, es
nuestro, la perra hizo el intento de matarlo, pero solo se quedó en el intento,
de un garrotazo con su maza, la dejo sin sentido y esperó nuevos cachorros que
llegaron muertos y parcialmente devorados…se acostó orgulloso de su camada, sin
saber lo que le deparaba el futuro.
Capítulo 10.-Cuerpo profanado
Lucrecia la boticaria, se levanta cada día al amanecer para
ir a la sierra a recoger plantas medicinales para sus pócimas, a cincuenta
metros de la aldea, su grito hizo un dúo con el canto del gallo, Eva que la
habían enterrado la noche pasada, estaba allí colgada como un espantapájaros,
desnuda y su cuerpo mutilado por las aves de rapiña.
En sus pechos desnudos, tenía grandes agujeros y trozos de
piel y carne colgando, de su vientre mutilado salían los intestinos que
colgaban hacia sus muslos, se clavó de rodillas con las manos unida, intentaba
rezar pero el llanto se lo impedía…
Dos hombres llegaron corriendo alarmado por el grito de
Lucrecia y se pararon en seco al ver tan estremecedor espectáculo, había miedo
en sus ojos, también mucha rabia e impotencia…llamaron a voces a los aldeanos
que rápidamente y algunos a medio vestir, se congregaron junto a la macabra
cruz…
Casi al instante, el nombre de Javier corrió de boca en
boca haciéndole responsable de tal atrocidad, Lucrecia alzó la voz rota por el
llanto y dijo que Javier era incapaz de hacer eso, pero los argumentos en
contra lo estaban sentenciando, era el único que habían visto salir de la casa
de Eva el día de su muerte y estaba el hecho de que todos sabían que el primo
de su mujer que tan salvajemente estaba mutilada en esa cruz, era el amante de
Eva que había desaparecido en la batida de búsqueda de su hija Eva María…
El herrero que llevaba una hoz en la mano, la clavo sobre
un tronco caído desahogando su furia, maldito seas Javier, vamos a crucificarte
aunque tenga que ir solo a buscarte.
Todos sabían que las bravuconadas del herrero se quedarían
en nada, pero la vieja Lucrecia si había tomado una determinación, le pidió el
asno al leñador que utilizaba para traer troncos a su carpintería y se
fue sola al monte, ella quería mucho a ese matrimonio que tan desgraciadamente
había terminado y conocía la bondad de Javier, lo encontraría para traerlo a la
aldea y que tuviera la oportunidad de explicarse antes que algunos cegados por
el odio le dieran muerte…
Javier había estado persiguiendo de noche al hombre que sabía
le había dado muerte a su mujer y a su hija, le disparó, al no alcanzarle, se
perdió de nuevo entre la maleza y no volvió a encontrar su rastro. Desesperado
se propuso volver a la aldea y contar lo que había pasado con los vecinos que
le acompañaban en la búsqueda de su hija, la muerte de Eva María y de su mujer…
Regresaba hacia la aldea cuando escucho las llamada de
Lucrecia, Javier, Javier…los grandes matorrales le impedían ver quien llamaba,
pero no le cabía duda que era la buena viejita que tantas muestra de cariño le
profesaba a el y a su mujer, corrió hacia la dirección de la llamada y apareció
Lucrecia con las riendas del asno en la mano y visiblemente fatigada, se
abrazaron y con lagrimas en los ojos le contó lo que sucedía en la aldea y el
motivo de querer ella salir a buscarlo.
Javier no podía creer, que esos amables vecinos a los que
tantos favores hizo y les mostrara siempre su bondad y su lealtad, le acusaran
del asesinato de sus amigos, de su hija y el de su mujer, lloraba amargamente
mientras Lucrecia intentaba consolarlo…
Una vez calmado, escuchó atentamente la proposición de
Lucrecia…
Te vas a venir conmigo a la aldea, métete en tu choza por
detrás procurando que nadie te vea, yo tocaré la campana para reunir a los
aldeanos y una vez conmigo, les explicaré todo lo que ha pasado y quien es
el responsable de los asesinatos, la gente tendrá que tomar partido para cazar
a ese bestia,
si quieren dormir tranquilos...

Capítulo 11.-Conociendo el origen
El origen de la aldea, se remonta al año 1908 cuando un monje jesuita acampó en ese paraje desierto, estaba huyendo de la justicia que le había sentenciado a cadena perpetua por la violación y asesinato de cuatro niños. Fray Tomas, construyó la primera choza hecha con materiales de los alrededores, troncos y piedra caliza. Llevaba semillas que cultivó y creó el primer huerto de la montaña, su vida era solitaria y apacible, ideal para un monje que había vivido toda su vida en un monasterio en la sierra de Toledo.
El párroco de su pueblo, lo llevó al monasterio al cumplir
los doce años en el que murió su madre, estaba traumatizado por la muerte de su
hermana a manos de su padre después de violarla y vio como su madre, acababa
con la vida de su padre cortándole el cuello con una hoz y arrojándose después
ella por el desfiladero…al cumplir los veinte años, cometió la primera
violación y asesinato de un niño, una noche que se escapó del monasterio sin
que nadie notara su ausencia, volvió antes del amanecer y nunca se supo quien
cometió esa atrocidad.
En ese mismo año, acabó con sus otras tres víctimas, lo
sorprendió el padre del niño saliendo de su habitación y lo retuvo con una
escopeta hasta que llagaron los alguaciles… El veredicto del jurado fue rápido
y unánime, lo condenaron a cadena perpetua…
El se encargó de acortar su sentencia cuando en una cena de
navidad, se ausentó del comedor fingiéndose enfermo y por un hueco en la pared
de su celda, accedió a un pasillo de servicio que lo llevaba hasta las cloacas
por donde salió al exterior.
Caminó durante meses vestidos con harapos y una campanilla
como si fuera un leproso para que nadie se le acercara…en pocas ocasiones se le
vio, nunca tomaba caminos, de noche robaba en las granjas lo suficiente para
subsistir. En octubre de 1908, llegó a esa sierra del pirineos Aragonés y
plantó su desquiciada mente sobre ese solitario lugar.
Fray Tomas llevaba una vida tranquila, cultivaba y cazaba
su propia comida y no había nadie que lo pudiera molestar…o eso pensaba el
hasta que un día…
Apareció junto a su choza una mujer que había recorrido
120km., huyendo de las palizas de su marido, estaba con las ropas desgarradas,
hambrienta y en un estado lamentable, la acogió en su choza, la cuidó y
alimentó, no sin antes advertirle que solo se quedaría hasta que se repusiera.
Esta mujer era Lucrecia, conocedora de la medicina natural
y de las plantas medicinales, también una ferviente católica con miedo a las
relaciones sexuales con el monje que la llevaría irremediablemente a la
condenación de su alma. Como fue irremediable que pasando todas las noches
junto a Fray Tomas, terminaran enzarzados como gatos en celo y que esas
refriegas apasionadas diera lugar a un embarazo…
Los dos se horrorizaron cuando el niño nació, unos dientes
desproporcionados y desarrollados como si de un adulto se tratara, la mitad
derecha de la cabeza parecía haberse separado viéndosele el cráneo, el aspecto
general era grotesco…
El monje no quería ni verlo y Lucrecia se encargó de
cuidarlo hasta que tenía tres años, lo mantuvo escondido a los ojos de otras
familias que se habían instalado cerca creando el embrión de una aldea…
Ante la insistencia de Fray Tomas que amenazaba matar al
niño si no se lo llevaba de la casa, Lucrecia una noche se lo llevó al monte y
los escondió en una cueva de difícil acceso, puso frente a el toda la comida
que consiguió y haciéndose la señal de la cruz inversa dijo…adiós hijo de la
abominación, que el infierno esté contigo…

Capítulo 12.-Asesinato de su hijo, Eva y Javier
Cuando llegaron a la aldea, tenían un hijo de seis años, de
lo único que huían era de la miseria y unos padres fanáticamente religiosos que
les hacia la vida imposible, por quedarse Eva embarazada sin estar casada.
Se instalaron cerca de la choza de Fray Tomas y Lucrecia,
en una pequeña tienda de campaña del ejército que Javier le había comprado a un
trapero. Al día siguiente Eva se llevó un poco más lejos la tienda pues le
confesó a Lucrecia que sentía temor junto a Fray Tomas.
Pronto se encariñó Lucrecia con ese precioso niño y sus
padres, les ayudaba en lo que podía, cuando Eva iba al río a lavar la
ropa, si Javier estaba en el monte poniendo trampas, ella cuidaba del niño.
Aprovechaba cuando no estaba Fray Tomas para hacer más comida y dársela a
hurtadillas a Eva, sobre todo pensaba en ese hijo pequeño para que no pasara
hambre, ella que era muy conocedora de los dolores que produce en el cuerpo y
el alma la impotencia y la necesidad.
Una mañana temprano, Eva y Javier se fueron al monte a ver
las trampas y buscar bayas y tubérculos silvestres, dejaron al niño con
Lucrecia porque Fray Tomas no estaba, Eva jamás dejaba al niño si el fraile
estaba en la choza. Lucrecia fue a buscar agua al río y cuando volvió, el niño
no estaba, se demoró algo más buscando unas setas especiales para sus pócimas y
en poco más de media hora, el mal que acechaba tan cerca, se cebó en el dolor
de la pareja.
Al regresar los padres del niño, las lágrimas de Lucrecia
le alarmaron y entre llantos les explico lo sucedido, buscaron al pequeño hasta
que se hizo de noche pero no aparecía por ningún sitio, Fray Tomas llegó por la
tarde diciendo que no sabía nada del pequeño.
Al estar a solas con él le preguntó que por que tenía las
manos manchadas de tierra y contestó que había estado buscando raíces, Lucrecia
lo miró a los ojos y supo que mentía, se propuso averiguar la verdad, solo él
podía ser responsable de la desaparición.
Por la mañana temprano, Lucrecia hizo un rastreo en
círculos ampliando cada vez más la zona y como buena conocedora de las pequeñas
señales de la tierra, se fijo en una pequeña zona que parecía estar disimulada
a propósito y con sus manos, levantó la maleza que la cubría y ahondando en la
blanda tierra dio con el cuerpo desnudo y ensangrentado del niño, enseguida
comprobó que lo habían violado y roto el cuello.
Lucrecia lloró de rabia, impotencia y dolor por la muerte
de ese inocente y por saber al instante que era ese fraile de los demonios con
quien compartía la cama…
No les dijo nada a los padres del niño que seguían buscando,
en su mente tenia trazado el plan para el fraile. Por la noche cuando el fraile
dormía, tomo el hacha que tenia junto a la puerta y descargó con toda su furia
un golpe sobre la cabeza del hombre, parte del cráneo se desprendió dejando
caer sobre la almohada la esencia de lo bueno y lo malo que ese hijo de Satanás
tenía en su cerebro. Lucrecia arrastró su cadáver hasta el lugar donde estaba
enterrado el niño y lo puso frente a él mirando a los ojos…pequeño, aquí te lo
dejo para que veas el asesino que te quito la vida por toda la eternidad…
El cementerio de la futura aldea, tenía sus primeros
inquilinos…

Capítulo 13.-Empieza la cacería
Tal como había acordado con Lucrecia, Javier entró de madrugada en su choza cuando todos dormían, el herrero que estaba haciendo la última guardia, estaba roncando y con una botella de orujo sobre su pecho, se echó a dormir un rato hasta que el toque de campana de Lucrecia le diera vía libre para presentarse a sus vecinos y contarles todo lo sucedido con la muerte de su mujer y su hija.
A la salida del sol, Lucrecia se fue a la zona de reuniones
de la aldea debajo de la campana y la hizo sonar insistentemente, rápidamente
los aldeanos se reunieron junto a ella para ver que pasaba, había miedo en los
ojos y Lucrecia los tranquilizo de inmediato diciéndoles que no había peligro
inminente, que el motivo de llamarlos era por el asunto de los asesinatos de la
familia de Javier y que iban a saber por el mismo quien los había matado…Una
ola de murmullos se extendió entre los presentes, se levantó una voz, ¿es que
Javier está en la aldea?, si, pero tenía miedo de vuestra reacción sin conocer
los hechos y pensando la mayoría en su culpabilidad y yo me ofrecí para
apaciguar los ánimos y deciros que hablará ahora con vosotros…todos callaron
cuando con voz firme y autoritaria Lucrecia llamó…Javier, puedes salir.
Desde detrás de su choza, un Javier visiblemente abatido y
demacrado se fue hasta donde estaban reunidos y se puso junto a Lucrecia…le
acosaron enseguida a preguntas que casi eran una acusación y le sonaban a
insultos… ¿Qué has hecho con tu familia?...
¿Donde están tus amigos que te acompañaban?...Lucrecia
mando silencio a todos, era una mujer de carácter y la primera aldeana y todos
las respetaban…Javier está aquí para explicarse y vino por propia voluntad,
déjenlo hablar.
Todos sabéis que mi hija desapareció cuando estaba en el
río, hicimos una partida de búsqueda y esa misma noche cuando estábamos
durmiendo junto a una hoguera, me despertó un ruido, eran dos perros que
mataron a dos de mi acompañantes destrozándole la garganta y un hombre con
aspecto de salvaje primitivo, de dos golpes con una gruesa raíz terminada en
forma de maza, le destrozaba el cráneo a otro…conseguí meterme entre unos
arbustos para desaparecer rápidamente…
Les contó cómo había caído en una trampa y ese infernal
ser, le clavó la cabeza que tenia de mi hija Eva María en una pica frente a mis
ojos, yo regresé cuando pude salir del agujero a la aldea para contaros los
hechos, pero me encontré con mi mujer rajada, nuestros pequeños arrancados de
su vientre y su cabeza que no estaba porque me la llevó a mí como un macabro
presente…volví inmediatamente al monte a buscar y dar muerte a ese degenerado
ser y a sus sanguinarios perros.
Lucrecia fue a buscarme y contarme lo que pasaba en la
aldea y aquí estoy no solo para contaros la verdad, si no para pediros ayuda y
preparar una batida en firme para cazar a esos salvajes…Todos asintieron y se
ofrecieron para la cacería…
A la mañana siguiente todos estaban concentrados junto a la
campana, solo quedaban tres escopetas en el pueblo, las otras se perdieron en
la primera batida cuando los hombres fueron asesinados. Un heterogéneo grupo de
armas aparecieron, hoces, hachas, grandes cuchillos, rastrillos, todo lo que se
pudiera utilizar como arma, cargaron un burro con provisiones y salieron como
en una cofradía camino del linchamiento…

Capítulo 14.-Una marcha peligrosa
Corría el mes de octubre de 1932, cuando la comitiva puso
rumbo al interior de la sierra que aparecía ya nevada, Lucrecia era la única
mujer del grupo y tenía razones poderosas, ella era la madre de esa bestia que
nunca tuvo que haber nacido, puso solo una condición, nadie excepto ella podía
dar muerte a ese ser,…ella se encargaría de eso. Conduciría al grupo hasta la
cueva donde dejó a su hijo. Solo Javier y Eva, sabían que Lucrecia era su
madre.
La cueva estaba a más de un día de dura caminata con tiempo
bueno, pero las circunstancias eran muy adversa por una sierra sin caminos y
nevada, no cesaba de caer el agua nieve que le impedía la visibilidad y dejaban
sus manos, pies y rostros entumecidos, tuvieron que hacer varias paradas para
descansar y calentarse.
Antes del anochecer, comprobaron en una cueva y la
encontraron vacía, en esa cueva solía invernar un oso pardo…era amplia y se
instalaron en ella para pasar la noche, un generoso fuego los mantendría
calientes y a salvo de animales.
Los despertó temprano una exclamación en el exterior de la
cueva, Mierda, ¿quién pudo hacer esto? , el asno que llevaba las provisiones,
aparecía descuartizado como si unos cuantos osos los hubiera atacado.
Todo el tronco del árbol donde estaba amarrado, aparecía
cubierto de sangre, se notaba en el rostro de la gente la preocupación y el
miedo, uno sentenció…si hicieron esta barbaridad en completo silencio, podían
haber acabado con todos nosotros…
Lucrecia pidió calma y la necesidad de seguir con la
misión, indispensable para la seguridad de todos en la aldea y su tranquilidad.
Tomaron un rápido y frugal desayuno y se pusieron en marcha de nuevo bajo una
intensa nevada.
El día fue durísimo para todos, no estaban suficientemente
preparados para el intenso frío y esa cantidad de nieve que les dificultaba
cada paso que daban, aunque tomaron toda la ropa de abrigo que había en la
aldea, eran gente muy pobre que carecían de muchas cosas básicas…pero su
determinación en la empresa que tenían por delante, les armó de valor para llevarla
hasta el final. Descansaron solo una vez a las tres de la tarde para tomar
alimentos y enseguida se pusieron de nuevo en marcha.
La nieve les dio una tregua y consiguieron llevar un ritmo más
rápido aunque siempre mermado por los treinta centímetros de nieve que había
bajo sus pies. A las seis de la tarde, advirtió Lucrecia que la cueva ya no
estaba muy lejos y se pararían a descansar, la sierra estaba plagada de cuevas
y guaridas muchas abandonada y en una de ellas que parecía todo lo confortable que
una guarida puede ser, se dispusieron a cenar y a pasar la noche.
Por la mañana se despertaron sin ningún contratiempo…aunque
eso se truncó cuando Andrés el carpintero que se había echado a dormir a la
entrada de la cueva para vigilar, había desaparecido sin dejar rastro, no
había signos de violencia ni manchas de sangre pero Andrés no aparecía por
ningún sitio…

Capítulo 15.-La cueva de los huesos
Siguieron por el monte hacia la cueva donde Lucrecia había
dejado su hijo abandonado, un kilómetro antes de llegar a esa cueva, se
encontraba la de los perros donde había caído Javier en un pozo trampa con
estacas en el fondo, esa cueva no la conocía Lucrecia, cuando llegaron no había
nadie y al entrar se horrorizaron del espectáculo tan macabro…el suelo estaba
cubierto de huesos y restos de animales y entre ellos algunos eran humanos.
La cueva presentaba en su entrada las mismas
características que la otra donde vivían los animales y el hombre, una entrada
camuflada por la que había que pasar muy agachado, se encontraba detrás de unos
matorrales de jara con espinas y hojas resinosas propia de esa zona de la
sierra.
Acumularon los restos en un rincón y limpiaron la zona para
disponerse a comer y descansar un rato para preparar las armas con las que contaban
para dar caza al hombre y sus animales. Unos ladridos, alertó a los centinelas
que avisaron a los compañeros de que tenían compañía, Lucrecia se asomó al
exterior y pudo ver como a doscientos metros colina arriba, un hombre y dos
perros acechaban a un jabalí, mandó a todos silencio para no alertarlos de su
presencia tan cerca de ellos y poder conseguir la sorpresa en la cueva del
hombre y sus animales.
En su rostro había tristeza y lagrimas, al fin y al cabo
ese era su hijo, pero también tenía la responsabilidad de acabar con un ser tan
sanguinario como ese.
El jabalí estaba acorralado contra una encina y los perros
atacaban desde los lados mordiéndoles el lomo, un aullido de dolor de uno de
los perros apagó, el sonido de los ladridos, el hombre alzo su maza y la
descargó con furia sobre una hembra joven que apareció por su costado derecho y
la fulminó al momento, los perros dejaron al peligroso jabalí a una orden del
hombre, ya tenían su comida y no se iban a arriesgar con ese enorme macho con
colmillos de veinte centímetros que te podía abrir en canal con un movimiento
de su cabeza…
Se echó su trofeo de caza sobre el hombro y se dirigieron a
la cueva, todos se pusieron en tensión esperando el encuentro, pero el hombre y
los perros a unos cincuenta metros del sitio de la cacería, giró a su izquierda
para dirigirse a la otra cueva donde estaban los dos cachorros que tenían ya la
altura de un perro adulto.
Por el momento el grupo se quedó tranquilo y decidieron
pasar el resto del día descansando y tomando fuerzas para lo que sabían seria
un duro enfrentamiento, no podían entrar en la cueva con esos animales dentro,
tenían que hacerlos salir y prepararles unas trampas en el exterior. Lo que más
le preocupaba a Lucrecia, era el grado de inteligencia que podía tener su hijo,
pues aunque con ese aspecto tosco y abominable, podía haber desarrollado un
ingenio suficiente como para darles un disgusto a todos, incluso acabar con sus
vidas…aunque ellos eran trece, no podía subestimar la naturaleza salvaje a la que
se enfrentaban.
Algo que ignoraba Lucrecia y el grupo, era que el hombre
merodeaba continuamente por la aldea en busca de alguna victima que se acercara
al río, había visto los preparativos de los aldeanos y a prudente distancia
para que no lo descubriera, siguió su marcha hasta cobrar su primera víctima,
el asno que tenían en un árbol amarrado. La segunda víctima fue Andrés el
carpintero que haciendo guardia cerca de la entrada de la cueva, desapareció
sin dejar rastro, Andrés estaba sirviendo de entretenimiento a los feroces
colmillos de los cachorros…
Lucrecia se acostó preocupada, presagiaba que las cosas no
iban a salir como esperaba.

Capítulo 16.-Carnicería en la aldea
Antes de que amaneciera, conocedor de las intenciones de
los aldeanos, el hombre tomó a sus bestias para poner rumbo a la aldea que se
encontraba desprotegida, allí solo había un hombre de guardia, siete mujeres y
tres niños, todos se habían congregado en dos chozas contiguas para minimizar
en lo posible el peligro si los hombres no tenían éxito en su empresa. Sin
carga y más ligeros que los aldeanos, en doce hora estaban a la entrada de la
aldea, era las 18.00 hora y ya estaba oscureciendo, se apostaron a las afuera a
esperar que todos estuvieran durmiendo.
El hombre que vigilaba fuera de las chozas, intentaba
quitarse el frío a base de orujo, la fuerte bebida pudo con él y se quedó
profundamente dormido…es lo que esperaba ese bestia para ir hasta donde estaba
y descargar su maza con tanta violencia que le aplastó el cráneo dejando parte
de los sesos al descubierto, el vigía ni se enteró…
Entró en la choza más cercana con su perra favorita y ese
engendro que tenían por hijo, al andar caminaba erguido y tenía ya la altura de
su padre, solo cuando corría lo hacía a cuatro patas.
Al macho lo envío a la otra choza con la hembra joven, tan
sanguinaria como su padre y sus hermanos…los gritos de las mujeres y los niños
siendo mordidos y golpeados solo me podían hacer recordar al infierno de Dante.
Los perros no mataban inmediatamente, se limitaban a morder y desmembrar para
que murieran desangrados y aterrados por el dolor, las mujeres fueron las que
sufrieron más por ser más consciente de lo que le estaba sucediendo y morían
con el terror dibujado en sus rostros.
No se comieron a sus víctimas, el hombre no se lo permitió,
quería dejarles un claro mensaje a los aldeanos si conseguía regresar alguno, porque
sus intenciones eran las de acabar con todos.
A la mañana siguiente en las cercanías de la cueva,
Lucrecia seguía teniendo ese mal presagio sin saber aún lo que había sucedido
en la aldea, preparó al grupo y se fueron directamente a la entrada de la
cueva, era muy peligroso entrar y prendieron fuego a la zarza espinoso y
cubierta de resina que ardía con facilidad, producía mucho humo por la humedad,
todos se apostaron con las armas que tenían delante de las llamas esperando que
el humo los hiciese salir, las llamas se consumieron, el humo se disipó y de la
cueva no salió nadie, esperaron tres horas mas con los rostros contrariados
hasta que Lucrecia se atrevió a entrar con muchas precauciones, pero esas
precauciones eran innecesarias por que la cueva estaba totalmente vacía…
Lo más peligroso para el grupo era quedarse en ese sitio a
esperar a que volvieran y Lucrecia propuso ir a la otra cueva y dejar a dos
hombres apostados a lo lejos para avisar al grupo si esos asesinos regresaban,
en cualquier caso, los hombres tenían que regresar al grupo al anochecer…Un
búho entró en la cueva con una ardilla enganchada en sus garras, estaban a una
hora de la media noche y el presagio de Lucrecia se materializó en ese búho,
veía en sus grandes ojos, dos hombres gritando de terror mientras eran
devorados por unos perros, supo que jamás los vería con vida…

Capítulo 17.-La sandalia del pescador
Después de la carnicería de la aldea, volvieron sobre sus
pasos a la zona de las cuevas, aún le quedaba al hombre muchos deseos de
venganza, tantas como las que tenía clavada Javier en su atormentada alma.
Estaba nevando y Amadeo se refugiaba bajo unos arbustos
para vigilar a cierta distancia la entrada de la cueva y dar la voz de alarma
si alguien se acercaba. Amadeo llegó un día a la aldea huyendo de un puerto
pesquero donde había dado muerte al capitán de un barco atunero que había
violado y arrojado a su novia por la borda, mientras el iba a tierra a realizar
unas compras para el capitán. La muchacha apareció flotando cerca del barco con
multitud de heridas causada por los depredadores que acechan junto a los barcos
de pesca para aprovechar los restos que se lanzan por la borda.
Un marinero le señaló el cuerpo que estaban recogiendo en
ese momento del mar y le dijo, esa es tu novia, el capitán la arrojo al agua
después de violarla, yo mismo escuché sus gritos, pero dos de sus secuaces
estaban en la puerta del camarote y no pude hacer nada para ayudarla, cuando
salió a la superficie estaba ensangrentada y muerta.
Amadeo contuvo las lagrimas y no dijo nada, se marchó a
beber a una taberna del puerto y estuvo allí con una capucha puesta hasta que
vio entrar al capitán, fue por detrás donde este se sentó con una jarra de
cerveza que pidió en el mostrador y le atravesó desde la espalda hasta el pecho
el corazón con una enorme daga, le echo la cabeza hacia atrás y mirándole a los
ojos le dijo…soy yo maricón, mírame mientras te mueres, cuando expiró le dio un
fuerte cabezazo contra la mesa y salió corriendo.
Amadeo seguía en su labor de vigilancia creyéndose oculto
bajo los matorrales, escuchó un leve ruido detrás suyo y no le dio tiempo a
volver la cabeza, un machete de caza le atravesó la garganta, era la primera
vez que ese carnicero mataba con un arma blanca, todas sus víctimas habían
perecido de un fuerte golpe de su maza. Había dejado los perros atados lejos para
poder acercarse al hombre sin levantar sospechas…
Le ató una piedra a una sandalia que le quitó, se acercó lo
más que pudo a la entrada de la cueva y la lanzó escabulléndose
inmediatamente entre la vegetación…Lucrecia estaba vigilando en la entrada y no
había visto nada sospechoso hasta que alzó la vista por algo que le llamó la
atención y aterrizaba las sandalias del pescador a unos metros de sus
asombrados ojos.
En el lado opuesto, al nordeste, había quedado otro hombre
vigilando, era de origen ruso, un superviviente escapado de un campo de trabajo
sentenciado a treinta años por desertor. Como buen conocedor de la nieve se
encontraba perfectamente camuflado, sobre los arbusto puso su capa y la cubrió
de nieve, no había persona que pudiera descubrirlo, pero los años en la
naturaleza, habían hecho desarrollar el oído y olfato de su cazador al nivel de
los animales, el hombre no vio a su atacante, el follaje y la capa que lo
cubría cayo sobre el aplastado por una placa de pizarra de más de cincuenta kilos
que le había dejado fuera de combate. Consciente aún y con la cabeza fuera de
su improvisado refugio, vio llegar su muerte cuando el salvaje le cogió por los
pelos, le clavó la daga en el cuello y con la maza dio un severo golpe sobre la
daga que hizo desprenderse la cabeza de su tronco…fue de nuevo hasta tener a
tiro la entrada de la cueva y con su fuerte brazo lanzó la cabeza .cayendo en
la misma entrada, los ojos abiertos miraban al interior y un Javier
estremecido, miraba los ojos del ruso…

Capítulo 18.-Con el rabo entre las piernas
Ese último acto de crueldad, acabó con la determinación de
los hombres, Lucrecia también se estaba replanteando la dramática situación,
empezó a ver claro las intenciones de su hijo, por el momento eran mas y no
quería una confrontación abierta, se estaba limitando a darles caza uno por
uno, se quedaban sin provisiones y la alerta continua tenia a los hombres
agotados, propuso volver a la aldea y salir en primavera mejor pertrechados y
menos cansados.
Todos asintieron con un gran alivio en sus ojos…menos
Javier que alzo la voz, no, no, noooo, estoy aquí para dar caza a ese salvaje y
vengar la muerte de mi mujer y mi hija y no pienso abandonar hasta que muera el
o muera yo. Lucrecia se le acercó y lo abrazo, habló aparte con él en un
susurro que nadie entendió y por fin después de una corta conversación entre
ambos, asintió con la cabeza…de acuerdo me iré con vosotros.
Salieron hacia la aldea en cuanto se hizo de noche, no
nevaba y la visibilidad era buena bajo una luna llena luciendo en una cúpula
cubierta de estrellas. Javier iba al frente y Lucrecia le seguía, los demás
iban en fila india siguiendo sus pasos. Pararon a descansar en un claro libre
de matorrales, se sentaron en el suelo y Javier preguntó por Salvador, el que
estaba a su lado contesto que venía detrás de el, que era el último, todos se
levantaron alarmados y retrocedieron unos cientos de metros hasta hallar la
mochila que traía el hombre manchada de sangre en el camino. Pero el
cuerpo de Salvador no aparecía, no había duda de que lo seguían y tenían que
hacer algo para evitar otra muerte o no llegaría nadie vivo a la aldea.
Siguieron su camino de dos en dos y los dos últimos armados
con las escopeta y cartuchos de postas para la caza mayor, la marcha era lenta
por que andaban de lado o de espalda a cada momento, por lo que se hacía
fatigosa para los hombres de la retaguardia que se turnaban continuamente…un
disparo alertó a todo el grupo que se paró en seco, el hombre había visto
moverse algo en el lateral y disparó sin pensarlo, un grito rompió el silencio
de la noche y con precaución se acercaron al lugar, Salvador aparecía boca
arriba con un varios aguajero en el pecho y los ojos muy abiertos, le faltaba
una mano y todos pensamos que se la arrancó forcejeando entre los colmillos de
alguno de los perros, hasta que vimos su machete en la otra mano y el tajo
perfecto que tenia en el brazo…se la había cortado el para poder huir,
seguramente lo ataron a un árbol para seguir detrás nuestra y en nuestra compañía
encontró la muerte…
Fue un gran mazazo en las mentes de todos, estaban
consternados y los ojos de Lucrecia brillantes por las lágrimas que quería
reprimir, no era momento para debilidades y quería dar sensación de entereza,
pero por dentro se sentía rota, rota por el dolor, rota por la impotencia que
sentía y rota por haber parido a ese hijo de puta que tantos estragos estaba
causando. Pensó, tenía que haberte ahogado al nacer.
Siguieron su camino sin más incidentes hasta la aldea, fue
un alivio para todos cuando la divisaron aunque algo presintieron al no ver a
nadie en la puerta de ninguna de las chozas donde se quedaron las mujeres y los
niños, ni el fuego que tendría que estar encendido por la noche, al acercarse
vieron al vigilante con la cabeza abierta sobre un gran charco de sangre, pero
eso era leve para lo que se encontraron dentro…

Capítulo 19.-El cementerio crece
En las chozas había mujeres y niños desmembrados, la sangre
cubría parte del piso de tierra, pero no se habían comido ninguno de los
restos, el mensaje les llegó claro a todos, era una advertencia y una cruel
carnicería. Lucrecia lloraba sin disimulo, Javier lloraba y cada hombre lloraba
como un chiquillo, aquella barbaridad superaba a todo lo que hubieran pensado.
Después del shock inicial, Lucrecia les pidió calma y que los más importante
era fortalecer el sitio para pasar la noche. Tomaron piedras planas de pizarra
que abundaba en la zona para hacer una barricada frente a la campana,
acumularon una gran cantidad de leña a la que prendieron fuego y tres hombres
con escopetas permanecerían despiertos hasta que amaneciera.
Al amanecer, no había duda por los cansados ojos, que nadie
había podido dormir, pero una labor era urgente, enterrar a las mujeres y los
niños antes que se produjera una epidemia. Llevaron cabezas, torsos y cuerpo
hacia el cementerio donde solo reposaban hasta el momento los restos de dos
inquilinos, el hijo que llevaba Javier y Eva al instalarse en la aldea, que
murió violado y asesinado por Fray Tomas, la pareja de Lucrecia y el mismo Fray
Tomas, decapitado por Lucrecia mientras dormía.
Hicieron una fosa común para enterrar todos los restos y
con una gran cruz echa de troncos de castaño, señalaron el sitio rezando por
primera vez todos juntos una plegaria.
Cuando terminó la corta ceremonia, los hombres que se
habían quedado sin sus mujeres y sus hijos, decidieron marcharse de la aldea,
dejaron atrás todo lo que tenían para ayudar a los que se quedaban que solo
eran, Lucrecia, Javier y tres buscados por la justicia que no se atrevían a moverse
de ese paraje solitario y a salvo de alguaciles o cazadores de recompensas.
Se dedicaron a fortalecer las chozas y colocar trampas en
todo el perímetro, sobre el suelo rodeando toda la aldea, colocaron cordeles de
cáñamo atados a unos pequeños palos de madera de donde pendía un par de cañas
secas muy cerca una de la otra que sonarían en cuanto tocaran las cuerdas.
Contaban con las tres escopetas y tenían víveres que
dejaron los que se marcharon para pasar una corta temporada sin tener que salir
a cazar, en los pequeños huertos también tenían existencias de temporada y eso
les daba cierta tranquilidad en cuanto a subsistencia, pero el peligro
potencial sabía que estaba acechando continuamente en las proximidades, un
peligro que había que tomarse en serio si querían seguir con vida.
Lucrecia rondaba los cincuenta años y pese a su
apergaminada piel por el sol y las inclemencias, conservaba un cuerpo aún
deseable, nunca hubo entre ella y Javier un acercamiento en el sentido sexual,
pero estaban viviendo juntos en la misma choza, el cariño los unió por las
desgracias vividas juntos, la soledad de ambo fue propicia para un acercamiento
mas intimo y descubrieron en el sexo, algo más que un apetito carnal, la
primera vez que lo hicieron, lloraron los dos abrazados antes de dormirse.
Por la mañana hablaron de los planes futuros, en la aldea
no se podían quedar expuestos continuamente a la amenaza potencial de esos
seres nacidos de una pesadilla y decidieron abandonar la aldea…No se iban
definitivamente, querían hacerse del material que necesitaba para volver a la
cueva y acabar definitivamente con esos asesinos…Tomaron el camino del pueblo
para cumplir sus planes…

Capítulo 20.-De vuelta a la aldea
Al comienzo de la primavera, la pareja ponía rumbo de nuevo
a la aldea, dos mulas lo acompañaban cargadas de cuanto necesitaban para
cumplir los planes que habían trazado. En el pueblo no mencionaron nada de lo
que había pasado en la aldea, la venganza era solo suya y no quería
intromisiones de alguaciles o curiosos.
Aparentemente todo estaba igual cuando llegaron, pero al
entrar en una de las chozas, tres hombres descuartizados y a medio devorar,
estaban tendidos muy cerca unos de otros en el suelo con las cámaras de sus
escopetas vacías y cartuchos por el suelo.
La choza estaba plagada de ratas, pusieron una jaula
delante, echaron antorchas dentro para que salieran y todas quedaron
atrapadas. Las metieron en un saco…serian útiles.
No había signo de más intrusos por los alrededores y se
llevaron los cuerpos al cementerio para enterrarlos en otra fosa común. Sobre
la cruz pusieron un tres y ese fue todo su epitafio. Pronunciaron una breve
oración y se encaminaron a su choza.
Descargaron las mulas y ordenaron dentro todo lo que
traían, la dinamita era abundante, tabletas prensadas con hojas de adormidera,
otras raíces y setas venenosas que producía alucinaciones y
desequilibrio, un pico y una pala, grandes clavos de hierro, una maza de
hierro, un rollo completo de alambre de espinos que desenrollaron y cortaron
aproximadamente en trozos de diez metros, una gran cantidad de carne de burro
sin huesos y munición para las escopetas…casi todos los comestibles que
trajeron, eran a base de embutidos, carnes y pescado seco y latas en conserva,
no podían dedicarse a ir de caza porque lo querían tener todo preparado para el
día siguiente.
Cargaron las tres escopetas que pusieron junto a la mesa
donde se iban a sentar a comer, se había hecho tarde, eran las diecisiete horas
y en dos más empezaría a oscurecer.
Los hombres que habían encontrado, parecían llevar varia
semanas muertos y no creían que esas bestias estuvieran cerca de la aldea con
tanto tiempo sin aparecer nadie por allí,
La comida transcurrió sin ninguna sorpresa y al hacerse de
noche se acostaron, querían levantarse muy temprano, a las tres de la mañana
cargaron las mulas y se pusieron rumbo a la cueva, por un camino distinto al
que tomaron la última vez.
Iban subidos sobre la carga de las mulas, los animales
llevaban un buen paso y por la tarde a las seis, divisaban la cueva a lo lejos,
por el momento no se querían acercar más, necesitaban antes de intentar cumplir
los planes, confirmar que estaban dentro.
La luz del día se disipaba lentamente para dar paso a una
hermosa luna que les permitía ver sus alrededores, se sentaron a cenar, queso
de oveja, carne salada y un trozo de jamón de cerdo curado, bebieron de la bota
vino con moderación, para no embotar sus sentidos y permanecer alerta ante
cualquier peligro.
Con las escopetas cargadas y dispuestas a su lado,
decidieron dormir por turnos de dos horas cada uno para permanecer en cada
momento vigilante.
Por tres días se quedaron en el mismo sito vigilando la
cueva sin que notaran la presencia del hombre o los animales, al amanecer del
cuarto día los ladridos de los perros le alertaron, los vio entrar en la cueva
e inmediatamente se pusieron en marcha.
Javier llegó por encima de la cueva con una mochila cargada
de explosivos, encendió la mecha y la tiró a la entrada, se desprendió toda la
roca de encima tapando la salida de la cueva, la bóveda era poco gruesa y se
escucharon ladridos y maldiciones… Lucrecia se sentó junto a él, descansemos un
rato y terminemos con esta pesadilla…

Capítulo 21.-La jauría sometida
Después de un breve descanso, Javier se puso a preparar lo
que necesitaba, los grandes clavos de hierro, los trozos de alambre de espino,
cuerdas de escalada, dinamita y las herramientas, Lucrecia rellenaba trozos de
carne de burro con el potente narcótico fabricado por ella. Con un punzón clavado
en el suelo, hicieron un agujero del tamaño aproximado del grueso de un
cartucho de dinamita, la introdujeron dentro y con una mecha lenta para darse
tiempo a alejarse, la hicieron estallar. Un diámetro aproximado de un metro del
techo de la cueva se desplomó en el interior, los perros aullaron asustados y
el salvaje increpaba y maldecía con la maza en alto mirando hacia el techo.
La primera fase había terminado, esperarían tres días para
la próxima…
El hambre empezó a cambiar el comportamiento de los animales
y el hombre al segundo día, se enfrentaban continuamente y el salvaje intentó
matar con su maza a la hembra de mastín que parecía la más vulnerable, la
perra se coló entre sus piernas y le dio un tremendo bocado en uno de sus
gemelos, el hombre se sentó gritando de dolor…
Javier sabía que todo estaba dispuesto para la fase final
que dejó para la mañana siguiente.
Por la mañana temprano, echó Javier toda la carne dentro de
la cueva, la fiereza del hombre y los perros en la competición por comer más,
ponía los pelos de punta.
En menos de diez minutos, todos estaban dormidos…
Hasta el momento, Lucrecia no había querido asomarse a la
cueva, no quería ver a su hijo, Javier se deslizaba por una cuerda para bajar y
ella le cubría la espalda desde arriba con la escopeta por si había algún
contratiempo, sus ojos se empañaron, se secó con dureza y siguió vigilante…Le
echó una mochila con lo que iba a necesitar el hombre.
Javier sacó primero la maza de mano y los grandes clavos,
puso al salvaje boca arriba con los miembros abiertos, a medio metro de sus
extremidades los clavó y a continuación ató el alambre de espino a los
clavos y a sus miembros bien tensados.
Hizo la misma operación con las otras bestias. Cuando
terminó, volvió a subir a la superficie por la cuerda y se sentó junto a
Lucrecia para consolarla. Otra espera…
Pasearon por los alrededores, sobre todo por la gran
afición de Lucrecia a la botánica y especialmente a .todo tipo de raíces o
yerbas medicinales. En un cepo encontraron un conejo de campo atrapado y
pensaron en hacerse un buen asado para comer.
Hicieron fuego, limpiaron el conejo y lo rociaron con un
poco de vino y especias, tendría que saber delicioso por los gestos que
pusieron al primer bocado.
Se echaron a dormir un rato, solo tendrían que esperar a
oír las primeras señales de los inquilinos de la cueva que les alertará de que
estaban despertando.
Un grito sobrehumano los despertó, se pusieron de pie de un
salto y Javier corrió hacia el hueco de la cueva, el salvaje tenía las extremidades
cubiertas de sangre por el forcejeo del alambre de espino que se clavaba en su
carne. Los perros también estaban empezando a despertarse y eso es lo que
esperaba Javier para su acto de venganza final.

Capítulo 22.- ¿Venganza consumada? ¿De quién?
Tomó el saco de las ratas y lo vació entero dentro de la
cueva, llevaban varios días sin comer y enseguida se pusieron a morder todo lo
que encontraban, los perros y el hombre, con el movimiento desesperado de sus
cabeza, consiguieron morder y matar a algunas, pero la mayoría estaban
cumpliendo su objetivo y mordían y comían sin cesar.
El cuadro era espeluznante, una enorme rata se introdujo a
través de las partes blandas devorando los testículos del salvaje, gritaba y se
estremecía con los ojos clavados en un Javier que desde el hueco en lo alto de
la cueva lo miraba sonriente…
El doctor Ramírez, era el jefe del hospital psiquiátrico
Nuevo Horizonte, le estaba enseñando las instalaciones a un colega y al
llegar a una puerta maciza de roble con una ventanilla de cristal se paró, se
asomó y le invitó al acompañante a que mirara mientras le explicaba el caso…
Ese que está tumbado en el suelo lleno de trozos de papel
higiénico… (Cada trozo tenia algo escrito de forma ininteligible que en
momentos de lucidez, decía era su novela)… es el Dr. Reyes, era nuestro
responsable de la sala de psiquiatría, aprovechó un permiso para ir unos días
al pirineos Aragonés, en busca de un ser del que le hablaron, probablemente un
psicótico asesino, convivió varios días con el en su cueva y al regresar se
puso a transferir sus notas para escribir una novela.
Su conducta empezó a cambiar, se volvía cada vez mas
neurótico, agredió a dos enfermeras y un paciente, probamos de todo pero su
comportamiento seguía empeorando. Lo tuvimos que encerrar en esta celda hace
tres mes…
Mientras le explicaba el caso, el doctor se convulsionaba,
cientos de ratas le mordían las entrañas, solo sus brazos estaban rígidos y
levantados sosteniendo un trozo de papel, desde donde un Javier sonriente lo
miraba a través del hueco del techo de la cueva, con el dedo índice, le hizo
una señal clara de cortarle la cabeza.
El doctor intento gritar, cuando esa cabeza se precipitaba
hacia el y veía como se transfiguraba en su propio rostro, de su garganta no
salía un solo sonido, en el pecho sintió como si cien garras le aplastaran el
corazón, el dolor era insoportable, los médicos miraban pero no había ningún
signo externo que los alarmará, solo sus facciones se contrajeron en una mueca
que revelaba un terror intenso…
Entraron en la celda al ver el tiempo que llevaba en esa
postura, sus ojos estaban muy abiertos mirando ese papel, le tomaron el pulso,
pero esa sangre ya no volvería a latir.
La autopsia, no reveló lesiones coronarias previas, el
corazón simplemente no soportó su propio miedo…
FIN
EPILOGO:
En las semanas que el Dr. Reyes había estado entrevistando
al psicópata, entabló cierta relación con Javier y Eva que le contaron los
asesinatos cometidos en la aldea y los de sus hijos.
En la primavera siguiente El Dr. Volvió para hablar de
nuevo con ese salvaje, fue a ver a la pareja que le contara la situación, en la
aldea solo estaban ellos y les contó el final que tuvieron los perros y el hombre
en la cueva, orquestado por la venganza de Javier.
Regresó al hospital para terminar su novela y empezó a
tener pesadillas y cambios de comportamiento, su mente empezaba a trastornarse,
poco a poco se metió en la mente del asesino y sentir que los dos eran
solo uno.
El relato que Javier le hizo de como cumplió su venganza,
le provocaba momentos de un pánico ciego y alucinaciones, cada capítulo de su
novela lo llevaba hacia el desastre.
Sufría la persecución de Javier, recordaba cada matanza de
la aldea y la resucitaba una y otra vez en su desquiciada mente como si fuera
el protagonista de los hechos.
Lo internaron y seguía escribiendo la novela en trozos de
papel higiénico, pero el último acto lo escribió el destino cuando dentro de la
celda, un Dr. Convertido en paciente recordaba cada detalle de la muerte del
psicópata en el que se había transmutado su propia personalidad. Tendido en la
celda acolchada, las ratas lo estaban devorando y un Javier vengativo observaba
su muerte desde el techo abierto de la cueva…
Código: 1312269681067
Fecha 26-dic-2013 20:58 UTC
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