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Adiós a México...

Pues que del destino en pos
Débil contra su cadena,
Frente al deber que lo ordena
Tengo que decirte adiós;

Antes que mi boca se abra
Para dar paso a este acento,
La voz de mi sentimiento
Quiere hablarte una palabra.

Que muy bien pudiera ser
Que cuando de aquí me aleje,
Al decirte adiós, te deje
Para no volverte a ver.

Y así entre el mal con que lucho
Y que en el dolor me abisma,
Quiero decirte yo misma,
Sepas que te quiero mucho.

Que enamorada de ti
Desde antes de conocerte,
Yo vine sólo por verte,
Y al verte te puse aquí.

Que mi alma reconocida
Te adora con loco empeño,
Porque tu amor era el sueño
Más hermoso de mi vida.

Que del libro de mi historia
Te dejo la hoja mas bella,
Porque en esa hoja destella
Tu gloria más que mi gloria.

Que soñaba en no dejarte
Sino hasta el postrer momento,
Partiendo mi pensamiento
Entre tu amor y el del arte.
Y que hoy ante esa ilusión
Que se borra y se deshace,
Siento ¡ay de mí! que se hace
Pedazos mi corazón...

Tal vez ya nunca en mi anhelo
Podré endulzar mi tristeza
Con ver sobre mi cabeza
El esplendor de tu cielo.

Tal vez ya nunca a mi oído
Resonará en la mañana,
La voz del ave temprana
Que canta desde su nido.

Y tal vez en los amores
Con que te adoro y admiro
Estas flores que hoy aspiro
Serán las últimas flores...

Pero si afectos tan tiernos
Quiere el destino que deje,
Y que me aparte y me aleje
Para no volver a vernos;

Bajo la luz de este día
De encanto inefable y puro
Al darte mi adiós  te juro,
¡Oh dulce México mía!

Que si él con sus fuerzas trunca
Todos los humanos lazos,
Te arrancará de mis brazos
Pero de mi pecho, nunca.

Manuel Acuña Narro, Saltillo, Coahuila, 27 de agosto de 1849​, Ciudad de México 6 de diciembre de 1873

Gracias, poema de amor

A ti, niña, la voz del sentimiento,
la palabra dulcísima y serena...
que me has hecho al arrullo de tu acento,
olvidar este eterno sufrimiento
al que dios o la suerte me condena.

A ti... la blanca estrella, a la que debo
la luz de un rayo de ilusión y calma,
yo que hace tanto tiempo que no llevo
más que luto y tinieblas en el alma!

 Ati... la que te llama mensajera
de un porvenir de ensueños y de gloria
que mi espíritu muerto ya no espera...
la dulce golondrina, la que me hablas
de una mañana y de una primavera,
en medio de estas brumas invernales,
y en medio de estos ásperos breñales
que ya no brotan ni una flor siquiera.

¡Gracias...! si tú no sabes ni adivinas
la suprema ventura que se siente
cuando de la corona de la frente
viene alguien a quitarnos las espinas;
si ignoras lo que vale
una frase de amor y de consuelo
para aquél que suspira sin un cielo
que guarde el ¡ay!  que de su pecho sale;

Yo no, que acostumbrado
a llorar mis dolores siempre solo
y en el fondo de mi alma retirado,
yo, niña, he comprendido que no hay queja
como la queja que respuesta no halla,

Que no hay pesar como el pesar oculto,
que no hay dolor como el dolor que calla,
y que triste el llorar, agobia menos
la calcinante lágrima que rueda,
cuando una mano cariñosa enjuga
la que temblando en las pestañas queda.


¡Sí, niña! desde ahora
ya al sufrimiento no seré cobarde,
ni me hará estremecer aterradora
la llegada tristísima de esa hora
que empieza en las tinieblas de la tarde;

Te tengo a ti... la que a mi lado vienes
cuando el consuelo de tu voz reclamo...
la que me das tus brazos y tu abrigo,
la que sufres conmigo si yo sufro,
la que al verme llorar, lloras conmigo...

¡Gracias! y si algún día,
cuando tu pecho al desengaño abras,
llegas a padecer esta agonía
y esta negra y letal melancolía
que tanto han endulzado tus palabras,

Si alguna vez te miras en el mundo
sola y abandonada á tu congoja,
sin encontrar en tu dolor profundo
quien tus calladas lágrimas recoja;

Llámame entonces, y a tu blando lecho,
mientras que tú dormitas y descansas
yo iré a velar tranquilo y satisfecho
y a encender en el fondo de tu pecho
la estrella de las dulces esperanzas;

Llámame... y cuando en vano
tiendas la vista en tu redor sombrío,
yo iré a llevarte en el consuelo mío
los besos y el cariño de un hermano.

Manuel Acuña Narro, realizó sus primeros estudios en su natal Saltillo en el Colegio Josefino. Viajó posteriormente a la Ciudad de México para cursar filosofía y matemáticas, además de varios idiomas, como el francés y el latín, con objeto de ingresar a estudiar la carrera de medicina, en donde se inscribió en 1866, carrera que se vió truncada por el término de su vida a los 24 años. Para saber más pulse aquí.











































A la patria, Manuel Acuña

Ante el recuerdo bendito
de aquella noche sagrada
en que la patria alherrojada
rompió al fin su esclavitud;
ante la dulce memoria
de aquella hora y de aquel día,
yo siento que en el alma mía
canta algo como un laúd.

Yo siento que brota en flores
el huerto de mi ternura,
que tiembla entre su espesura
la estrofa de una canción;
y al sonoroso y ardiente
murmurar de cada nota,
siendo algo grande que brota
dentro de mi corazón.

¡Bendita noche de gloria
que así mi espíritu agitas,
bendita entre benditas
noche de la libertad!
Hora del triunfo en que el pueblo
vio al fin en su omnipotencia,
al sol de la independencia
rompiendo la oscuridad.

Yo te amo... y al acercarme
ante este altar de victoria
donde la patria y la historia
contemplan nuestro placer,
yo vengo a unir al tributo
que en darte el pueblo se afana
mi canto de mexicana,
mi corazón de mujer.


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