Mostrando entradas con la etiqueta romanceros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta romanceros. Mostrar todas las entradas

Romance de Fontefrida.

Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor, 
do todas las avecicas van tomar consolación, 
si no es la tortolica que está viuda y con dolor. 

Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor, 
las palabras que él decía llenas son de traición; 
Si tú quisieses, señora, yo sería tu servidor. 

Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador, 
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor, 
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo; 
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no, 
no quiero placer con ellos, ni menos consolación. 

Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor, 
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.

Un romance es una composición lírica de origen español. Consiste en una serie indefinida de versos generalmente octosílabos con rima asonante en los versos pares 2, 4, 6, 8, etc., y los impares sueltos.

Los romances tenían su origen, según la historia literaria tradicional, menendezpidaliana (propuesta por el filólogo Ramón Menéndez Pidal), en la fragmentación de los cantares de gesta y epopeyas medievales. Los romances surgieron a finales del siglo XIV, cuando los juglares transmitían estos poemas anónimos oralmente...Para saber más pulse aquí.

La jura de Santa Gadea, romancero.

En Santa Gadea de Burgos 
do juran los hijosdalgo, 
allí toma juramento 
el Cid al rey castellano, 
sobre un cerrojo de hierro 
y una ballesta de palo. 
Las juras eran tan recias 
que al buen rey ponen espanto.

Villanos te maten, rey, 
villanos, que no hidalgos; 
abarcas traigan calzadas, 
que no zapatos con lazo; 
traigan capas aguaderas, 
no capuces ni tabardos; 
con camisones de estopa, 
no de holanda ni labrados; 
cabalguen en sendas burras, 
que no en mulas ni en caballos, 
las riendas traigan de cuerda, 
no de cueros fogueados; 
mátente por las aradas, 
no en camino ni en poblado; 
con cuchillos cachicuernos, 
no con puñales dorados; 
sáquente el corazón vivo, 
por el derecho costado, 
si no dices la verdad 
de lo que te es preguntado: 
si tú fuiste o consentiste 
en la muerte de tu hermano.

Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado: 
Mucho me aprietas, Rodrigo, 
Cid, muy mal me has conjurado, 
mas si hoy me tomas la jura, 
después besarás mi mano. 
Aqueso será, buen rey, 
como fuer galardonado, 
porque allá en cualquier tierra 
dan sueldo a los hijosdalgo. 

¡Vete de mis tierras, Cid, 
mal caballero probado, 
y no me entres más en ellas, 
desde este día en un año! 
Que me place dijo el Cid. 
que me place de buen grado, 
por ser la primera cosa 
que mandas en tu reinado. 
Tú me destierras por uno 
yo me destierro por cuatro.

Ya se partía el buen Cid 
sin al rey besar la mano; 
ya se parte de sus tierras, 
de Vivar y sus palacios: 
las puertas deja cerradas, 
los alamudes echados, 
las cadenas deja llenas 
de podencos y de galgos; 
sólo lleva sus halcones, 
los pollos y los mudados.

Con el iban los trescientos 
caballeros hijosdalgo; 
los unos iban a mula 
y los otros a caballo; 
todos llevan lanza en puño, 
con el hierro acicalado, 
y llevan sendas adargas 
con borlas de colorado. 

Por una ribera arriba 
al Cid van acompañando; 
acompañándolo iban 
mientras él iba cazando.














































La Jura de Santa Gadea es una leyenda medieval transmitida por el Romance de la Jura de Santa Gadea, en la que se narra el juramento que supuestamente hubo de prestar el rey Alfonso VI de León en la iglesia de Santa Gadea de Burgos, a finales del año 1072, a fin de demostrar que no había tomado parte en el asesinato de su propio hermano, el rey Sancho II de Castilla, quien había sido asesinado durante el Cerco de Zamora, que se hallaba en manos de su hermana, la infanta Urraca. Este hecho no se produjo históricamente...Para saber más pulse aquí.

Romance de la hija del rey de Francia...

De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida, 
íbase para París, do padre y madre tenía. 
Errado lleva el camino, errada lleva la guía, 
arrimárase a un roble por esperar compañía. 
Vio venir un caballero que a París lleva la guía. 

La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía: 
Si te place, caballero, llévesme en tu compañía. 
Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida. 
Apeóse del caballo por hacerle cortesía; 
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla. 

En el medio del camino de amores la requería. 
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía: 
Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía, 
hija soy de un malato y de una malatía, 
el hombre que a mi llegase malato se tornaría. 
El caballero, con temor,   palabra no respondía. 

A la entrada de París   la niña se sonreía. 
¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida? 
Ríome del caballero y de su gran cobardía: 
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!

Caballero, con vergüenza, estas palabras decía: 
Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida. 
La niña, como discreta, dijo: Yo no volvería, 
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría: 
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina, 
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.

El romance es un poema característico de la tradición oral, y se populariza en el siglo XV, en que se recogen por primera vez por escrito en colecciones denominadas romanceros. Los romances son generalmente poemas narrativos de una gran variedad temática, según el gusto popular del momento y de cada lugar. Se interpretan declamando, cantando o intercalando canto y declamación...

Doliente estaba, doliente,

Doliente estaba, doliente, 
ese buen rey don Fernando; 
los pies tiene cara oriente 
y la candela en la mano. 

A su cabecera tiene 
 arzobispos y prelados; 
a su mano derecha tiene 
los sus hijos todos cuatro:
Los tres eran de la reina 
y el uno era bastardo. 

Ese que bastardo era 
quedaba mejor librado: 
abad era de Sahagund, 
arzobispo de Santiago, 
y del Papa cardenal, 
en las Españas legado. 

Si yo no muriera, hijo, 
vos fuérades Padre Santo, 
mas con la renta que os queda, 
bien podréis, hijo, alcanzarlo.














Es curiosa la alusión que hace el poeta en este romancero, de la posibilidad de ser Papa solo por dinero...
El romance es un tipo de poema característico de la tradición literaria española, ibérica e hispanoamericana compuesto usando la combinación métrica homónima (octosílabos rimados en asonante en los versos pares). No debe confundirse con el subgénero narrativo de igual denominación...Para saber más pulse aquí.

Romance de Antequera...

Pintura, la rendición de Granada.
De Antequera salió el moro 
Tres horas antes del día, 
Con cartas en la sus manos 
En que socorro pedía.

Escritas iban con sangre,
más no por falta de tinta.
Solo con un pajecico   
que le tenga compañía, 
no por falta de escuderos,   
que en su casa hartos había. 

Siete celadas le ponen   
de mucha caballería, 
mas la yegua era ligera,   
de entre todos se salía; 
El moro que las llevaba
ciento y veinte años había,
la barba tenía blanca,   
la calva le relucía;
toca llevaba tocada,   
muy grande precio valía.

Por los campos de Archidona 
A grandes voces decía: 
Oh buen rey, si tú supieses 
Mi triste mensajería...

El rey, que venir lo vido, 
A recebirlo salía 
Con tres cientos de a caballo, 
La flor de la morería.


















El romance es un poema característico de la tradición oral, y se populariza en el siglo XV, en que se recogen por primera vez por escrito en colecciones denominadas romanceros. Los romances son generalmente poemas narrativos de una gran variedad temática, según el gusto popular del momento y de cada lugar. Se interpretan declamando, cantando o intercalando canto y declamación...Este romance es anónimo. Para saber más pulse aquí.

Romancillo de la señorita de los caramelos...

La maestrita es hermosa, 
pizpireta, de ojos bellos 
y tiene varias docenas 
de enamorados risueños 
que le estiran de la falda 
y se le cuelgan al cuello, 
¡Señorita! la requieren, 
¡Señorita! van diciendo, 
yendo su vivaz mirada 
de verde relampagueo 
alumbrando toda el aula 
de esclarecidos destellos.
Un ángel con guardapolvo 
que ha bajado de los cielos, 
va repartiendo a los niños 
de un cajón que está repleto 
de dulces y golosinas, 
peladillas y consejos, 
regalices y lecciones 
mezclando cuentas y cuentos.

Qué bullicio son sus clases, 
cuánto estudiantillo inquieto 
ha aprendido las verdades 
de la ciencia con sus juegos 
y, al corro, sin darse cuenta, 
la vida en su fundamento.
Cuántos se han inoculado 
raciocinio sin saberlo.

Y con un beso en la frente 
y un revolverles el pelo, 
les da enseñanza y cariño 
todo con el mismo gesto. 
Pero suena la campana, 
porque siempre queda un pero, 
y estalla en mitad del aula 
como un silencioso trueno, 
llevándose los muchachos 
consigo un revoloteo 
de libros y de carteras, 
de risas y lapiceros.

Cuando la clase se acaba 
se le cae el mundo al suelo.
Cuando la clase se acaba
es como aquellos muñecos
de resorte que se quedan
sin cuerda, en medio
de un redoble de silencio.

Si suspendida en el tiempo
pudiera quedarse el alma
hasta oír sonar riendo
la campanita que llama
a los niños al colegio. 
Cuál será su desventura, 
qué doloroso secreto, 
el agüita de qué fuente 
se le escapó entre los dedos, 
el tiempo de qué reloj 
hace tictac en su seno. 

Si pudiera no volver 
a su casa, a ser de nuevo 
el fantasma de sí misma, 
el encadenado espectro, 
el rosal cuyas raíces 
pugnan por romper el tiesto. 

Si pudiera enajenarse 
el espíritu del cuerpo. 
Cuando la clase se acaba 
y el aula queda en silencio, 
perdiéndose en los pasillos 
tantos bulliciosos ecos, 
ella borra la pizarra 
y recoge los cuadernos. 

El sol que se va descubre 
en sus dorados cabellos 
finas hebras de metal 
que son un chisporroteo. 

Y cuando nadie la ve 
y está el pasillo desierto, 
en la mitad de la frente 
rompen de pronto sus sueños, 
inundando sus mejillas 
unos lagrimones tiernos. 

La maestrita es que tiene 
una colmena en el pecho 
que le bulle y que le zumba 
y no la deja en sosiego, 
pero convierte en azúcar 
sus amargos sentimientos. 

Le vuelve el dolor en miel, 
en canela los recuerdos, 
en aromas de limón 
y menta los pensamientos. 
Y cuando nadie la ve, 
tan dulce es su sufrimiento 
que va metiendo al cajón, 
para sus niños pequeños, 
sus lagrimitas envueltas 
en papel de caramelo

No conozco el autor de este tierno romance,
lo tenia en mis archivos y hoy día de reyes se lo quiero dedicar a crayolita que tantos años dedicó a su colegio y a sus niños...

Romance de la doncella guerrera.

En Sevilla a un sevillano 
siete hijas le dio Dios, 
todas siete fueron hembras 
y ninguna fue varón.

A la más chiquita de ellas 
le llevó la inclinación 
de ir a servir a la guerra 
vestidita de varón.

Al montar en el caballo 
la espada se le cayó; 
por decir, maldita sea, 
dijo: maldita sea yo.

El Rey que la estaba oyendo, 
de amores se cautivó, 
Madre los ojos de Marcos 
son de hembra, no de varón. 
Convídala tú, hijo mío, 
a los ríos a nadar, 
que si ella fuese hembra 
no se querrá desnudar.

Toditos los caballeros 
se empiezan a desnudar, 
y el caballero Don Marcos 
se ha retirado a llorar.

Por qué llora Vd. Don Marcos 
¿por qué debo de llorar? 
por un falso testimonio 
que me quieren levantar.

No llores alma querida 
no llores mi corazón, 
que eso que tú tanto sientes, 
eso lo deseo yo...

Del romancero, anónimo.

Romance de blanca niña. Anonimo

Blanca sois, señora mía,
más que un rayo del sol
¿si la dormiré esta noche
desarmado y sin pavor?
que siete años había, siete,
que no me desarmo, no.

Más negras tengo mis carnes
que un tiznado carbón.
Dormilda, señor, dormilda,
desarmado sin temor,
que el conde es ido a la caza
a los montes de León. 

Rabia le mate los perros,
y águilas a su halcón,
y del monte hasta casa
a él arrastre el morón.

Ellos en aquesto estando
su marido que llegó:
¿Qué hacéis, la Blanca niña,
hija de padre traidor?

Señor, peino mis cabellos,
peinolos con gran dolor,
que me dejéis a mi sola
y a los montes os vais vos.

Esa palabra, la niña,
no era sino traición:
¿cuyo es aquel caballo
que allá bajo relinchó?

Señor, era de mi padre,
y envióoslo para vos...
¿Cuyas son aquellas armas
que están en el corredor?
Señor, eran de mi hermano,
y hoy os las envió.

¿ Cuya es aquella lanza,
desde aquí la veo yo?
Tomalda, conde, tomalda,
matadme con ella vos,
que aquesta muerte, buen conde
bien os la merezco yo.

Hermoso fragmento de la obra, Romeo y Julieta...William Shakespeare

Romeo:- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? 
¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan,.

¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien habla. 
Las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… 

¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!

Julieta:- ¡Ay de mí!

Romeo:- Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos estáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.

Romance del enamorado y la muerte...

Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía, 
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía. 
Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría. 

¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida? 
Las puertas están cerradas, ventanas y celosías. 
No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía. 
¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día! 
Un día no puede ser, una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía; 
ya se va para la calle, en donde su amor vivía.

¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña! 
¿Cómo te podré yo abrir, si la ocasión no es venida? 
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida. 

Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida; 
la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería. 
Vete bajo la ventana, donde labraba y cosía, 
te echaré cordón de seda, para que subas arriba, 
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe; la muerte que allí venía: 
Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.

Anónimo, siglo XV
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger... Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...