miércoles, 24 de agosto de 2011

Un alma abandonada

En las sombras de la madrugada
vaga un corazón herido,
porta una espina clavada,
espina que se llama olvido.

No sabe a donde va yendo,
a donde dirige su destino
tan sólo viaja deteniendo
su mirada, infinito desatino.

Si te acercas alcanzas a percibir
aquella alma en pena rezando;
de casa en casa su malherir
duras penas para sentirla murmurando:


¿Por qué me has abandonado?
¿Cuándo tu amor por mi se ha quebrado?
Ni me di cuenta ¡ay ingenua!
de que aquello no era una tregua,
ni pacto, ni entendimiento,ni esperanza,
ni desaliento; ni certeza, ni la suerte…
resultaba ser mi muerte.

Era el vacío, el abandono, no era nada; era el fin.

Ya no sufras más aliento,
ya parece que va amaneciendo,
olvida tú al olvido, momento
en el que tu savia irá creciendo;
deja los suspiros, alma errante,
aligera tu mochila de piedra
¡De tanto peso inútil y constante!
Y vuela…
vuela alto por los aires de la Sierra…

En las sombras de la madrugada
anda un alma ermitaña,
que observa en paz la alborada,
en lo alto de la montaña.


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