miércoles, 1 de febrero de 2017

Poema de Gil Vicente, poeta portugués.

Las huestes de don Rodrigo 
desmayaban y huían 
cuando en la octava batalla 
sus enemigos vencían.

Rodrigo deja sus tiendas 
y del real se salía, 
solo va el desventurado, 
sin ninguna compañía; 
el caballo de cansado
ya moverse no podía, 
camina por donde quiera
sin que él le estorbe la vía.

El rey va tan desmayado
que sentido no tenía; 
muerto va de sed y hambre,
que verle era gran mancilla; 
iba tan tinto de sangre
que una brasa parecía.

Las armas lleva abolladas,
que eran de gran pedrería; 
la espada lleva hecha sierra
de los golpes que tenía; 
el almete de abollado
en la cabeza se hundía; 
la cara llevaba hinchada
del trabajo que sufría.

Subióse encima de un cerro,
el más alto que veía; 
desde allí mira su gente
cómo iba de vencida; 
de allí mira sus banderas
y estandartes que tenía, 
cómo están todos pisados
que la tierra los cubría; 
mira por los capitanes,
que ninguno aparecía; 
mira el campo tinto en sangre,
la cual arroyos corría.
Él, triste de ver todo esto,
gran mancilla en sí tenía, 
llorando de los sus ojos
de esta manera decía:

«Ayer era rey de España,
hoy no lo soy de una villa; 
ayer villas y castillos,
hoy ninguno poseía; 
ayer tenía criados
y gente que me servía, 
hoy no tengo ni una almena,
que pueda decir que es mía.

¡Desdichada fue la hora,
desdichado fue aquel día 
en que nací y heredé
la tan grande señoría, 
pues lo había de perder
todo junto y en un día!

¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes
y llevas esta alma mía 
de este cuerpo mezquino,
pues se te agradecería?

Gil Vicente (1465-1536?) fue el primer gran dramaturgo portugués y poeta de renombre. Se le identifica también con el joyero, autor de la Custodia de Belem, maestro del equilibrio y con el maestro de retórica del rey Don Manuel. Como hombre de teatro, parece también haber desempeñado las tareas de músico, actor y director. Es considerado frecuentemente, de una forma general, el padre del teatro portugués y también del teatro español, ya que también escribió en castellano, y compartió la paternidad de la dramaturgia española con Juan del Encina. Para saber más pulse aquí.


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