viernes, 16 de marzo de 2018

Del Trópico, Rubén Darío

Qué alegre y fresca la mañanita. 
Me agarra el aire por la nariz: 
los perros ladran, un chico grita 
y una muchacha gorda y bonita, 
junto a una piedra, muele maíz.

Un mozo trae por un sendero 
sus herramientas y su morral: 
otro con caites y sin sombrero 
busca una vaca con su ternero 
para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha, 
que de la piedra pasa al fogón, 
un sabanero de buena facha, 
casi en cuclillas afila el hacha 
sobre una orilla del mollejón.
Por las colinas la luz se pierde 
bajo el cielo claro y sin fin; 
ahí el ganado las hojas muerde, 
y hay en los tallos del pasto verde, 
escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno corvo y sonoro, 
pasa un vaquero, y a plena luz 
vienen las vacas y un blanco toro, 
con unas manchas color de oro 
por la barriga y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate, 
me regocija con la ilusión 
de una gran taza de chocolate, 
que ha de pasarme por el gaznate 
con la tostada y el requesón.



















La niñez de Rubén Darío transcurrió en la ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres (de hecho, durante sus primeros años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo contacto con su madre, que residía en Honduras, y con su padre, a quien llamaba "tío Manuel"...Para saber más pulse aquí

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