El perro vagabundo


Llevando mi soledad
acuestas por los caminos
una tarde lo encontré
cabizbajo y abatido.

Su caminar vacilante
más o menos como el mío
su corazón anhelante
muy grande pero vacío.

Lo habían abandonado
y estaba triste y perdido
con las orejas caídas
y el rabo medio escondido.

Le miré y él me miró
y en sus ojos color vino
se adivinaba el dolor
en sus pupilas prendido.








Pobre perro vagabundo
despreciado y escupido,
todo el mundo te rechaza
y te sientes afligido.

Le acaricié la cabeza,
le dije “Vente conmigo,
nunca más estarás sólo,
yo te llamaré, “mi amigo”.

Se iluminaron sus ojos,
me lamía con su hocico,
se olvidó de su dolor
y el mío quedó dormido.




Desconozco el autor




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