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oh, de valor dotado y de dulzura,

oh celestial saber, oh gracia pura, 
oh, de valor dotado y de dulzura, 
pecho real, honesto pensamiento. 

Oh luces, del amor querido asiento, 
oh boca, donde vive la hermosura, 
oh habla suavisima, oh figura 
angelical, oh mano, oh sabio acento. 

Quien tiene en solo vos atesorado 
su gozo y vida alegre y su consuelo, 
su bienaventurada y rica suerte, 

cuando de vos se viere desterrado, 
ay, ¿qué le quedará sino recelo, 
y noche y amargor y llanto y muerte?
Después que no descubren su lucero 
mis ojos lagrimosos noche y día, 
llevado del error, sin vela y guía, 
navego por un mar amargo y fiero.

El deseo, la ausencia, el carnicero 
recelo, y de la ciega fantasía 
las olas más furiosas a porfía 
me llegan al peligro postrimero.

Aquí una voz me dice: cobre aliento, 
señora, con la fe que me habéis dado 
y en mil y mil maneras repetido.

Mas, ¿cuánto desto allá llevado al viento?, 
respondo: y a las olas entregado, 
el puerto desespero, el hondo pido.



A nuestra señora...

No viéramos el rostro al padre Eterno 
alegre, ni en el suelo al Hijo amado 
quitar la tiranía del infierno, 
ni el fiero Capitán encadenado; 
viviéramos en llanto sempiterno, 
durara la ponzoña del bocado, 
serenísima Virgen, si no hallara 
tal Madre Dios en vos donde encarnara.

Que aunque el amor del hombre ya había hecho 
mover al padre Eterno a que enviase 
el único engendrado de su pecho, 
a que encarnando en vos le reparase, 
con vos se remedió nuestro derecho, 
hicistes nuestro bien se acrecentase, 
estuvo nuestra vida en que quisistes, 
Madre digna de Dios, y ansí vencistes.

No tuvo el Padre más, Virgen, que daros, 
pues quiso que de vos Cristo naciese, 
ni vos tuvistes más que desearos, 
siendo el deseo tal, que en vos cupiese; 
habiendo de ser Madre, contentaros 
pudiérades con serlo de quien fuese 
menos que Dios, aunque para tal Madre, 
bien estuvo ser Dios el Hijo y Padre.
Con la humildad que al cielo enriquecistes 
vuestro ser sobre el cielo levantastes; 
aquello que fue Dios sólo no fuistes, 
y cuanto no fue Dios, atrás dejastes; 
alma santa del padre concebistes, 
y al Verbo en vuestro vientre le cifrastes; 
que lo que cielo y tierra no abrazaron, 
vuestras santas entrañas encerraron.

Y aunque sois Madre, sois Virgen entera, 
hija de Adán, de culpa preservada, 
y en orden de nacer vos sois primera, 
y antes que fuese el cielo sois criada. 
Piadosa sois, pues la seriente fiera 
por vos vio su cabeza quebrantada; 
a Dios de Dios bajáis del cielo al suelo, 
del hombre al hombre alzáis del suelo al cielo.

Estáis agora, Virgen generosa, 
con la perpetua Trinidad sentada, 
do el Padre os llama Hija, el Hijo Esposa, 
y el Espíritu Santo dulce Amada. 
De allí con larga mano y poderosa 
nos repartís la gracia, que os es dada; 
allí gozáis, y aquí para mi pluma, 
que en la esencia de Dios está la suma.




































Fray Luis de León (en latín, F. Luyssi Legionensis; Belmonte, 1527 o 1528​-Madrigal de las Altas Torres, 23 de agosto​ de 1591) fue un poeta, humanista y religioso agustino español de la escuela salmantina...Para saber mas pulse aquí.
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