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Acaso. Antonio Machado

Como atento no más a mi quimera 
no reparaba en torno mío, un día 
me sorprendió la fértil primavera 
que en todo el ancho campo sonreía. 

Brotaban verdes hojas 
de las hinchadas yemas del ramaje, 
y flores amarillas, blancas, rojas, 
alegraban la mancha del paisaje. 

Y era una lluvia de saetas de oro, 
el sol sobre las frondas juveniles; 
del amplio río en el caudal sonoro 
se miraban los álamos gentiles. 
Tras de tanto camino es la primera 
vez que miro brotar la primavera, 
dije, y después, declamatoria-mente: 

¡Cuán tarde ya para la dicha mía! 
Y luego, al caminar, como quien siente 
alas de otra ilusión: Y todavía 
¡yo alcanzaré mi juventud un día!

Antonio Machado nació a las cuatro y media de la madrugada el 26/7/1875, en una de las viviendas de alquiler del llamado palacio de las Dueñas, en Sevilla...Para saber más pulse aquí. 

Antonio Machado. A orillas del Duero

Mediaba el mes de julio, un hermoso día. 
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, 
buscando los recodos de sombra, lentamente. 
A trechos me paraba para enjugar mi frente 
y dar algún respiro al pecho jadeante, o bien 
ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante 
y hacia la mano diestra vencido y apoyado 
en un bastón, a guisa de pastoril cayado, 
trepaba por los cerros habita de las rapaces 
aves de altura, hollando las hierbas montaraces de fuerte olor, a romero, tomillo, salvia, espliego. 

Sobre los agrios caía un sol de fuego. 
Buitre de anchas alas con majestuoso vuelo 
cruzaba solitario el puro azul del cielo. 
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, 
y una redonda loma cual recamado escudo, 
y cárdenos alcores sobre la parda tierra 
harapos esparcidos de un viejo arnés, guerra,
serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero 
para formar la corva ballesta de un arquero 
en torno a Soria. Soria es una barbacana, 
hacia Aragón, que tiene la torre castellana.

Veía el horizonte cerrado por colinas 
oscuras, coronadas de robles y de encinas 
desnudos peñascales, algún humilde prado 
donde el merino pace y el toro, arrodillado 
sobre la hierba, rumia; las márgenes de río 
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío, 
y, silenciosamente, lejanos pasajeros, 
tan diminutos! ?carros, jinetes y arrieros, 
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas 
ensombrecerse las aguas plateadas Duero.

El Duero cruza el corazón de roble de Iberia 
y de Castilla. Oh, tierra triste y noble,
 la de los altos llanos y yermos y roquedas, 
de campos sin arados, regatos ni arboledas, 
decrépitas ciudades, caminos sin mesones, 
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones, 
aún van, abandonando el mortecino hogar, 
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar.
Castilla miserable, ayer dominadora, 
envuelta en sus andrajos, cuanto ignora. 
¿Espera, duerme o sueña?, sangre derramada 
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada. 
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; 
la mar y el monte y el ojo que los mira. 
¿Pasó? Sobre sus campos el fantasma yerta 
de un pueblo que ponía Dios sobre la guerra. 

La madre en otro tiempo fecunda , capitanes, 
madrastra es hoy apenas de humildes... 
Castilla no es aquella tan generosa un día, 
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía, 
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia, 
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia, 
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, 
pedía la conquista de los inmensos ríos 
indianos a la corte, la madre de soldados, 
guerreros y adalides que al tornar cargados 
de plata y oro, a España, en regios galeones, 
para la presa cuervos, para la lid leones. 

Filósofos nutridos de sopa de convento 
contemplan impasibles el amplio firmamento 
y si les llega en sueños, con  rumor distante, 
clamor de mercaderes de muelles, Levante, 
no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa? 
Y ya la guerra ha abierto puertas de su casa. 
Castilla miserable, ayer dominadora, 
envuelta en sus harapos, desprecia, ignora. 

El sol va declinando. De la ciudad lejana 
me llega un armonioso tañido de campana 
ya irán a su rosario las enlutadas viejas. 
De entre las peñas, dos lindas comadrejas; 
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen 
de nuevo, tan curiosas. Campos, obscurecen. 
Hacia el camino blanco está el mesón abierto 
campo ensombrecido y al pedregal desierto.

El 16 de mayo de 1889, Machado (al que apenas faltan tres meses para cumplir 14 años) aprueba el examen de ingreso en el instituto San Isidro. Para saber más, aquí. 

A un olmo seco. Antonio Machado

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

El olmo centenario en la colina
que lame el Duero, Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta,
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino,
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas,
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.



















Antonio Machado. La infancia sevillana de Antonio fotográficamente: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero...Para saber más pulse aquí.

Romance de la luna, luna


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.




Antonio Machado, (1.875 – 1939)




























Catedrático y rector de la Universidad de Sevilla y convencido institucionista, y su esposa, Cipriana Álvarez Durán, de cuya afición a la pintura quedó como ejemplo un retrato de Antonio Machado a la edad de cuatro años...Para saber mas pulsa aquí.

Soñé que tú me llevabas...

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Antonio Machado (1875-1839)

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 26 de julio de 1875 - Colliure, 22 de febrero de 1939), fue un poeta español, el más joven representante de la Generación del 98. Su obra inicial, de corte modernista (como la de su hermano Manuel), evolucionó hacia un intimismo simbolista con rasgos románticos, que maduró en una poesía de compromiso humano, de una parte, y de contemplación casi taoísta de la existencia, por otra; una síntesis que en la voz de Machado se hace eco de la sabiduría popular más ancestral. Dicho en palabras de Gerardo Diego, «hablaba en verso y vivía en poesía».
Fue uno de los distinguidos alumnos de la ILE, con cuyos idearios estuvo siempre comprometido. Murió en el exilio en la agonía de la Segunda República Española. Para saber mas pulse aquí 

Antonio Machado. Poema a la muerte de Rubén Darío,

Si era toda en tu verso la armonía del mundo,
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?
Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,
corazón asombrado de la música astral,

¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno
y con las nuevas rosas triunfantes volverás?
¿Te han herido buscando la soñada Florida,
la fuente de la eterna juventud, capitán?

Que en esta lengua madre la clara historia quede;
corazones de todas las Españas, llorad.
Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,
esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.

Mis poetas...Antonio Machado




El primero es Gonzalo de Berceo llamado,
Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,
que yendo en romería acaeció en un prado,
y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.

Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,
y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria,
y dijo: Mi dictado non es de juglaría;
escrito lo tenemos; es verdadera historia.

Su verso es dulce y grave; monótonas hileras
de chopos invernales en donde nada brilla;
renglones como surcos en pardas sementeras,
y lejos, las montañas azules de Castilia.

Él nos cuenta el repaire del romeo cansado;
leyendo en santorales y libros de oración,
copiando historias viejas, nos dice su dictado,
mientras le sale afuera la luz del corazón.

Inventario galante...Antonio Machado


Tus ojos me recuerdan
las noches de verano
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano...
Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.

De tu morena gracia,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos,
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.
Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso...
Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.



Profesión de Fe...Antonio Machado

Dios no es el mar, está en el mar,
riela como luna en el agua, o aparece
como una blanca vela,
en el mar se despierta o se adormece.

Creó la mar, y nace de la mar
cual la nube y la tormenta,
es el Criador y la criatura lo hace,
su aliento es alma, y por el alma alienta.

Yo he de hacerte, mi Dios,
cual tú me hiciste,
y para darte el alma que me diste
en mí te he de crear. Que el puro río
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón.
Seca, Dios mío...
de una fe sin amor la turbia fuente...


Introducción a los sueños, Antonio Machado


Leyendo un claro día
mis bien amados versos,
he visto en el profundo
espejo de mis sueños
que una verdad divina
temblando está de miedo,
y es una flor que quiere
echar su aroma al viento.

El alma del poeta
se orienta hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
mirar lo que está lejos
dentro del alma, en turbio
y mago sol envuelto.

En esas galerías,
sin fondo, del recuerdo,
donde las pobres gentes
colgaron cual trofeo
el traje de una fiesta
apolillado y viejo,
allí el poeta sabe
el laborar eterno
mirar de las doradas
abejas de los sueños.


Poetas, con el alma 
atenta al hondo cielo, 
en la cruel batalla 
o en el tranquilo huerto, 
la nueva miel labramos 
con los dolores viejos, 
la veste blanca y pura 
pacientemente hacemos, 
y bajo el sol bruñimos 
el fuerte arnés de hierro. 

El alma que no sueña, 
el enemigo espejo, 
proyecta nuestra imagen 
con un perfil grotesco. 

Sentimos una ola 
de sangre, en nuestro pecho, 
que pasa... y sonreímos, 
y a laborar volvemos.

Anoche cuando dormía...


Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Dí ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, bendita ilusión
que una colmena tenía
dentro de mi corazón,
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel..
Anoche cuando dormía
soñé bendita ilusión,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba 
calores de rojo hogar, 
y era sol porque alumbraba 
y porque hacía llorar. 

Anoche cuando dormía 
soñé bendita ilusión,
que era Dios lo que tenía 
dentro de mi corazón....


Antonio Machado

Yo voy soñando caminos, Antonio Machado

Yo voy soñando caminos
de la tarde, las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas...

¿Adónde el camino irá?
yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
la tarde cayendo está.

En el corazón tenía
la espina de una pasión,
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece,
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir...
aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

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