lunes, 9 de mayo de 2016

Aquelarre, soneto

Mediada de la noche la carrera,
de un monte en el reducto más profundo,
se perpetraba el crimen más inmundo
al que al hombre Satán llevar pudiera:

En cabruna apariencia, ¡oh, qué quimera!
reverenciaba al Príncipe del Mundo
y le estampaba el beso nauseabundo
la horda que al Terror estremeciera:

Espantajos deformes y temibles
y tarascas de muecas imposibles,
homúnculos y engendros del Averno,

del Mal los hijos más inconcebibles,
el ejército fiero del Infierno
al que ha de derrotar el Dios Eterno.

Osvaldo de Luis

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