Sonetos de Garcilaso y Góngora,

Garcilaso de la Vega

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si ella quisiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?
Luis de Góngora

En crespa tempestad del oro undoso 
nada golfos de luz ardiente y pura 
mi corazón, sediento de hermosura, 
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso 
su amor ostenta, su vivir apura; 
ícaro en senda de oro mal segura 
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix, encendidas 
sus esperanzas, que difuntas lloro, 
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico y pobre, en el tesoro, 
el castigo y la hambre imita a Midas, 
Tántalo en fugitiva fuente de oro.

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