lunes, 18 de diciembre de 2017

A la memoria de José Larra

Ese vago clamor que rasga el viento 
es la voz funeral de una campana; 
vano remedo del postrer lamento 
de un cadáver sombrío y macilento 
que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó su misión sobre la tierra, 
y dejó su existencia carcomida, 
como una virgen al placer perdida 
cuelga el profano velo en el altar. 
Miró en el tiempo el porvenir vacío, 
vacío ya de ensueños y de gloria, 
 se entregó a ese sueño sin memoria, 
que nos lleva otro mundo a despertar.

Era una flor que marchitó el estío, 
era una fuente que agotó el verano: 
ya no se siente su murmullo vano, 
ya está quemado el tallo de la flor. 
Todavía su aroma se percibe, 
y ese verde color de la llanura, 
ese manto de yerba y de frescura 
hijos son del arroyo creador.or.

Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.
Duerme en paz en la tumba solitaria 
donde no llegue a tu cegado oído 
más que la triste y funeral plegaria 
que otro poeta cantará por ti. 

Ésta será una ofrenda de cariño 
más grata, sí, que la oración de un hombre, 
pura como la lágrima de un niño, 
memoria del poeta que perdí.

Si existe un remoto cielo 
de los poetas mansión, 
y sólo le queda al suelo 
ese retrato de hielo, 
fetidez y corrupción, 
digno presente por cierto 
se deja a la amarga vida. 

Abandonar un desierto 
y darle a la despedida 
la fea prenda de un muerto.

Poeta, si en el no ser 
hay un recuerdo de ayer, 
una vida como aquí 
detrás de ese firmamento... 
conságrame un pensamiento 
como el que tengo de ti.































Vallisoletano, era hijo de José Zorrilla, un hombre conservador y absolutista, seguidor del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón y relator de la Real Chancillería...Para saber mas pulse aquí.

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