viernes, 8 de diciembre de 2017

¿Venganza consumada? ¿De quién?



Tomó el saco de las ratas y lo vació entero dentro de la cueva, llevaban varios días sin comer y enseguida se pusieron a morder todo lo que encontraban, los perros y el hombre, con el movimiento desesperado de sus cabeza, consiguieron morder y matar a algunas, pero la mayoría estaban cumpliendo su objetivo y mordían y comían sin cesar.

El cuadro era espeluznante, una enorme rata se introdujo a través de las partes blandas devorando los testículos del salvaje, gritaba y se estremecía con los ojos clavados en un Javier que desde el hueco en lo alto de la cueva lo miraba sonriente…

El doctor Ramírez, era el jefe del hospital psiquiátrico Nuevo Horizonte,  le estaba enseñando las instalaciones a un colega y al llegar a una puerta maciza de roble con una ventanilla de cristal se paró, se asomó y le invitó al acompañante a que mirara mientras le explicaba el caso…

Ese que está tumbado en el suelo lleno de trozos de papel higiénico… (Cada trozo tenia algo escrito de forma ininteligible que en momentos de lucidez, decía era su novela)… es el Dr. Reyes,  era nuestro responsable de la sala de psiquiatría, aprovechó un permiso para ir unos días al pirineos Aragonés, en busca de un ser del que le hablaron, probablemente un psicótico asesino, convivió varios días con el en su cueva y al regresar se puso a transferir sus notas para escribir una novela.
Su conducta empezó a cambiar, se volvía cada vez mas neurótico, agredió a dos enfermeras y un paciente, probamos de todo pero su comportamiento seguía empeorando. Lo tuvimos que encerrar en esta celda hace tres mes…

Mientras le explicaba el caso, el doctor se convulsionaba, cientos de ratas le mordían las entrañas, solo sus brazos estaban rígidos y levantados sosteniendo un trozo de papel, desde donde un Javier sonriente lo miraba a través del hueco del techo de la cueva, con el dedo índice, le hizo una señal clara de cortarle la cabeza.

El doctor intento gritar, cuando esa cabeza se precipitaba hacia el y veía como se transfiguraba en su propio rostro, de su garganta no salía un solo sonido, en el pecho sintió como si cien garras le aplastaran el corazón, el dolor era insoportable, los médicos miraban pero no había ningún signo externo que los alarmará, solo sus facciones se contrajeron en una mueca que revelaba un terror intenso…

Entraron en la celda al ver el tiempo que llevaba en esa postura, sus ojos estaban muy abiertos mirando ese papel, le tomaron el pulso, pero esa sangre ya no volvería a latir.
La autopsia, no reveló lesiones coronarias previas, el corazón simplemente no soportó su propio miedo…De mi novela Venganza salvaje, para seguir leyendo, pulse aquí.

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