martes, 12 de febrero de 2019

Virtud, y vicio


Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (Pazo de Casdemiro, Pereiro de Aguiar, provincia de Orense, 8 de octubre de 1676-Oviedo, 26 de septiembre de 1764) fue un religioso benedictino, ensayista y polígrafo español. Junto con el valenciano Gregorio Mayans constituye la figura más destacada de la primera Ilustración española.....

Cada mortal (decía Filón, citado por S. Ambrosio {(a) Lib. 1 de Cain, & Abel, tiene dentro del domicilio del alma dos mujeres: la una honesta, pero áspera, y desabrida: la otra impúdica, pero dulce, y amorosa. Aquélla es la virtud; esta la delicia mundana.

Pintó el Sabio Judío la virtud y el vicio según la primera apariencia, o según la opinión del mundo, mas no según la verdad. Es así que comúnmente se concibe la virtud toda asperezas, el vicio todo dulzuras; la virtud metida entre espinas, el vicio reposando en lecho de flores. Pero éste es un error, y el error más nocivo entre cuantas falsas opiniones sustenta la ceguera del mundo. Tentaré en este discurso su desengaño, mostrando que aun en esta vida, prescindiendo del premio, y castigo de la otra, es mucho más molesto, y trabajoso el abandono a los deleites, que la práctica de las virtudes morales, y cristianas. Para esto me serviré de aquellos argumentos, que ofrecen la razón natural, y la experiencia, tomando poco, o nada de las sentencias de Padres, y dichos de Filósofos, de que se pudiera amontonar infinito; porque a quien no persuadieren la experiencia, y la razón, no ha de convencer la autoridad.

Si pudiésemos ver los corazones de los hombres entregados al vicio, presto se quitaría la duda. Mas por reflexión podremos verlos en los espejos de las almas, que son semblantes, palabras, y acciones. Atiéndase bien a estos infelices, y se hallará que ningún otro iguala la turbación de sus semblantes, la inquietud de sus acciones, la desazón de sus palabras. No hay que extrañar: son muchos los torcedores, que los están conturbando en el goce de sus adorados placeres. Su propia conciencia, doméstico enemigo, huesped inevitable, pero ingrato, les está continuamente mezclando con el néctar que beben, el azibar que abominan.

Con enérgica propiedad dijo Tulio, que las culpas de los impíos, representadas en su imaginación, son para ellos continuas, y domésticas furias: Hae sunt impiis assiduae, domestica que furiae {(a) Orat. pro Rosc.}. Estas son las Serpientes, o los Buitres que despedazan las entrañas del malvado Ticio: éstas las Aguilas, que rasgan el corazón del atrevido Prometeo. Considérense los tormentos de un Caín, fugitivo de todos, y aun, si pudiese de sí mismo, errante por montes, y selvas, sin poder jamás arrancar la flecha que le atravesaba el pecho; esto es, la memoria de su delito, como la otra herida Cierva, en quien figuró el gran Poeta la mortal inquietud de aquella Reina enamorada...Para saber más pulse aquí.

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