Un buen soldado...


Con un sueño descosido bajo el pelo
y un agujero del tamaño de una bala,
volvió a su casa “pa” morirse piel adentro,
como se mueren los hombres que ya perdieron su alma.

Era un soldado, orgulloso, hábil, recto.
Su religión era su patria y un buen arma.
Nunca pensó que una bandera junto al pecho,
le llevaría hasta el horror de la mayor miseria humana.

El vio a los niños mutilados en el suelo.
Oyó los gritos de mujeres desgarradas.
Escupió sangre sobre el nicho de los muertos
y volvió a levantarse, con el sol, a la batalla.

Masticó el polvo de los tanques y los huesos
y en su fractura no logró alzar la mirada,
no halló el honor en caminar sobre desechos,
ni en sesgar vidas ajenas en una guerra gastada.

Vive intentando derrotar a su memoria,
que le traiciona con sus gritos desgarrados.
Vive muriendo en el dolor de un alma rota,
sin religión, sin patria, solo es un hombre que una vez, 
soñó con ser un buen soldado. 


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