Mi amiga soledad...

Mi amiga Soledad
compañera de mi alma
hace tanto te conozco
desde mucho me acompañas.

Te has convertido en mi sombra
desde que amanece el alba
dondequiera que yo esté
tu presencia nunca falla.

Pensé que me dejarías
como me dejó la infancia
pero al transcurrir del tiempo
te tengo más arraigada.

No he conseguido hasta ahora
tener amiga más franca
que en silencio me aconseje
aunque no sea acertada.

Pero no somos perfectos
en nuestra confección humana
así también como yo
tú gozas de muchas fallas.

Te agradezco compañera
toda tu gran enseñanza
por ti aprendí a ser fuerte
y a conocer más mi alma.

Aunque has sido posesiva
no tengo más camaradas
te llevas mi libertad...




Paraguas de amor...

Yo quiero ser tu paraguas
para que te cobijes en mi sombra
que donde quieras que vayas
vuele tu alma como la alondra...

Y volando libre puedas soñar
en un mundo carente de todo mal
y sepas mi amor que te voy a dar
la sombra que te de la felicidad.

Yo solo quiero que te proteja
de los rayos malignos y la desidia
y sepas que dentro aquí mi alma
morirá si no me amas, de pesadillas.

Pero este poema es para decirte
que ese paraguas es un manto protector
con el que siempre voy a protegerte
para que vivas este amor con esplendor.

Todas las palabras son una metáfora
que en cada verso escribo con fervor
porque tu eres para mi el ánfora
donde guardo las pasiones y mi amor.

Ángel Reyes Burgos
Feliz domingo crayolita

Canción de Espronceda.

No piense nunca el lloroso
 que este cantar dolorido
 es un capricho tejido
 por la musa de un dichoso.
 No piense que es armonioso
 juego de un estro liviano;
 piense que yo no profano,
 ni con mentiras sonoras,
 las penas desgarradoras
 del corazón de un hermano.

 Una canción de dolores
 me piden mis padeceres,
 tal como ayer mis quereres
 pidieron cantos de amores;
 que así como son mayores
 si se cantan los contentos,
 así los tristes acentos
 de las trovas doloridas,
 si no curan las heridas,
 amansan los sufrimientos.
Mis penas son tan vulgares
como esas espinas duras
que erizan las espesuras
de todos los espinares.

Más hondas son que los mares
Más hondas y más sombrías
que un horizonte sin días,
pues no hay abismo tan hondo
como el abismo sin fondo
de unas entrañas vacías.

En su Himno al sol y en el poema Óscar y Malvina, Espronceda se acerca también a la poesía de James Macpherson, inventor del vate céltico Ossian. El estilo más cultivado por el autor extremeño es algo amante de los efectos retóricos, pero es flexible e inspirado en sus mejores momentos... Para saber más pulse aquí.

Un hermoso soneto de Espronceda.

Fresca, lozana, pura y olorosa,
gala y adorno del prensil florido,
gallarda puesta sobre el ramo erguido,
fragancia esparce la naciente rosa.

Mas si el ardiente sol lumbre enojosa
vibra, del can en llamas encendido,
el dulce aroma y el color perdido,
sus hojas lleva el aura presurosa.

Así brilló un momento mi ventura
en alas del amor, y hermosa nube
fingí tal vez de gloria y de alegría.

Mas, ay, que el bien troncóse en amargura,
y deshojada por los aires sube
la dulce flor de la esperanza mía.

A partir de la muerte del rey, Espronceda se dedicó a la política y al periodismo. Se enroló en la Milicia Nacional llegando a ser primer teniente de la Compañía de Cazadores de Madrid. En 1834 ingresa en la Guardia Real, pero Cea Bermúdez lo aleja de Madrid, temiendo sus inclinaciones de liberal exaltado, y le destina a Cuéllar, donde comienza a escribir su novela histórica Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar. Para saber más pulse aquí.

Voy a acercarme despacio...

Yo quise ser jardinero
para tenerte entre flores
y mirar tu hermoso cuerpo
y oler de tus bellos olores...

Que desnudas me pareces
una flor linda y florida
y quiero siempre tenerte
en mi pecho adormecida.

Para despertarte con besos
rozarte con mis caricias
plantar mis labios en tus pechos
y suspirar con tus delicias.

¿Puede un jardín más hermoso
que pueda al mío igualar
si te contemplan mis ojos
cuando tu plantada estas?.

Voy a acercarme despacio
y besando tu piel desnuda
en ese jardín glorioso
me abrazaré a tu cintura.

Ángel Reyes Burgos

Defendiendo el amor...

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida, que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido, que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar, solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:
mirad cuál amistad tendrá con nada,
el que en todo es contrario de sí mismo.

La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompaña al joven rey en viajes a Andalucía y Aragón, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Para saber más pulse aquí.

Tú en mi pecho...

Mi pecho abrí ese día
en que yo te conocí
y en mi pecho te metías
para quedarte a vivir.

Yo ya no se que haría
si de mi pecho te fueras
quedate amada mía
que mi alma así no muera.

No estás ni dentro ni fuera
formas parte de mi piel
donde no existen fronteras
por las que te pueda perder.

Estas tatuada en mi alma
con tintas de sentimientos
desde que eres la dueña
de todos mis pensamientos.

Necesito de este amor
que grabaste a fuego lento
para quitarme el dolor
amargo del sufrimiento...

Ángel Reyes Burgos

Los hijos olvidarán...


El tiempo es un animal extraño. Se parece a un gato, hace lo que le da la gana. Te mira astuto e indiferente, se marcha cuando le suplicas que se quede y se queda inmóvil cuando le pides por favor que se vaya. A veces te muerde mientras ronronea o te araña mientras te besa.
El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin reposo.
De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones.
El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.
El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan un amor poderoso e incontenible.
Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de su piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos. Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río qué excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.
Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.
Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás ( ¡y ojo, esto tiene que suceder! )

Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nanas y los “Había una vez” acabarán de resonar en la oscuridad.
Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tengo suerte, me perdonarán alguno. Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.

Olvidarán, aunque yo no lo haré. Las cosquillas y los “corre corre”, los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las tartas, las caricias mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en que me han necesitado tanto, como el aire que respiran.
Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos, porque ésto es lo que el tiempo elige.
Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente! y que el tiempo, astuto e indiferente, sea amable con esta madre que no quiere olvidar...Conchis

Soneto del amor victorioso...

Ni el tiempo que al pasar me repetía
que no tendría fin mi desventura
será capaz con su palabra obscura
de resistir la luz de mi alegría,

Ni el espacio que un día y otro día
convertía distancia en amargura
me apartará de la persona pura
que se confunde con mi poesía.

Porque para el Amor que se prolonga
por encima de cada sepultura
no existe tiempo donde el sol se ponga.

Porque para el Amor omnipotente,
que todo lo transforma y transfigura,
no existe espacio que no esté presente.




Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires. Era hijo de padres españoles, y a los veinte años viajó a la patria de sus ancestros. Vivió en España desde 1920 hasta 1924, donde leía a los poetas modernistas que lo influenciaron en sus primeros libros. Para saber más pulse aquí.

Y pronto beso y suspiro...

¿Cual es tu pensamiento
cuando te levantas?
¿me sientes tan dentro
como yo en el alma?...

Yo pronto suspiro
al tocar la almohada
y no tenerte conmigo
ni besar tu cara...

¿Pero sabes una cosa?
anoche te estuve soñando
con ese cuerpo de diosa
cuando tu me estas amando. 
Y pronto beso y suspiro
cuando en la cama temblando
tu cuerpo junto al mío
me estabas acariciando.

Un rato me quedo soñando
despierto sobre la cama
¿Estará en mi pensando?
¿o por mi no siente nada?...

Doy un salto de alegría
al escuchar el celular
eras tu y mi fantasía...
me hizo volver a soñar.


Me despierto tras un sueño...

Me despierto tras un sueño en que volaba
entre los cielos, como un ave planeaba,
imaginaba cada parte de tu cuerpo
con los ojos bien cerrados agarrados
al placer de poder verte una vez más
entre mis brazos.

Cada frase de tu boca me estremece
y es verdad, que la lucha que he
sufrido su recompensa me da.
Resurgir de mis cenizas
por una de tus sonrisas.
evadirme desde un mundo,
pero solo si es contigo.

Analizo cada gesto que me lanzas,
porque nada importa si no estas
para equilibrar mi balanza.


Quiero ver amaneceres
que destellen con tu rostro,
que la luna y las estrellas se unan
para verte pronto.
Clara oscuridad que ha dejado
de invadirnos, almas que se unen
para formar un destino.

Avanzamos rápido sabiendo lo que se avecina
combatiendo unidos hasta llegar a la cima…
rompo el pasado ya sanado por tus besos
los recuerdos que demuestran no es cierto
que no exista el amor, que sea un mito
que comprenda que no es historia de dos
y al revés.

Tú me enseñaste a creer a sentir
que hay algo fuerte que te hace enloquecer.
pues amar más allá, de lo que puedo contar,
hace que cada segundo quiera vivir 
MUCHO MÁS

Dos sonetos de Edgar Allan Garcia.

Nada detiene tu claridad oscura,
sitiado estoy en esta amanecida,
obligada a ceder va la vencida
calma a sucumbir en la llama pura.

En tu mirada descubro la estatura
del animal atroz que no me esquiva
pues, en esos ojos negros está viva
el alma que atrona en la espesura.

Ahora sé que tu pleamar puede
desgarrar estos muros calcinados
hasta que de la nada, nada quede.

Ahora sé que dormiremos lado a lado
hasta que la luz me rompa las sienes
y, loco de amor, afirme lo negado.
Te amaré para siempre, dije un día,
te amaré porque existo al amarte,
no vivirte sería igual que matarte
o vagar por una tierra que no es mía.

En este amor despliego toda mi porfía,
por esta locura arriaré mi estandarte;
gozaré, sufriré, hasta aprender el arte
de estar entero y ser feliz en la agonía.

Esta sinrazón mía por la que enhiesto
sobre tu duro vientre naufrago y ardo,
es vértigo voraz en el que presto
me deshago de mí como de un dardo.

En tu cuerpo me hundo con tal exceso,
que no sé, en morir, por qué tanto tardo.




















Edgar Allan Garcia, Algunas de sus obras han sido publicadas en España, Perú, México y Argentina. Su libro Leyendas del Ecuador se ha convertido en un clásico de la literatura nacional en escuelas y colegios, en tanto que su novela juvenil El rey del mundo, fue escogida como parte del programa nacional de lectura de Argentina. Para saber más pulse aquí.

Cuando pienso que estás triste...

Cuando pienso que estás triste
y mis besos no te alcanzan
porque no puedo tenerte,
ni mirarme en tu mirada,
ni con mis dedos tocarte...
a mi se me parte el alma.

Si tengo estos sentimientos
que en mi pecho por ti anida
¿Como dejar ese sufrimiento?
cuando te encuentras vencida...

No habrá lamento más grande
cuando estás tan lejos y sufriendo
que encontrarme impotente
mientras tu estas padeciendo.
No ahogues tus penas en la nada
piensa lo que te estoy queriendo
y que quede en tu alma anclada
los sentimientos que tengo...

Piénsalo siempre mi amor
que entre tu vida y mi vida
no habrá barrera mayor
que la que la distancia obliga.

No te sientas nunca sola
que los dos ya somos uno
y en el sentir de mi alma
contigo, hasta el fin del mundo...



Ser, o no ser...William Shakespeare

Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna, o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… 

Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. 

Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte. El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve, aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción...

William Shakespeare, El crítico estadounidense Harold Bloom sitúa a Shakespeare, junto a Dante Alighieri, en la cúspide de su canon occidental. Ningún otro escritor ha tenido nunca tantos recursos lingüísticos como Shakespeare, tan profusos en Trabajos de amor perdidos que tenemos la impresión de que, de una vez por todas, se han alcanzado muchos de los límites del lenguaje. Para saber más pulse aquí.

Versos de Clotilde, 17, octosilabos

Te doy toda piel morena,
en la tuya dulce asilo,
que gozando no es ajena
cuando al besarla suspiro.

Eres huracán y brisa,
calma, a corazón anhelo,
el cascabel de mi risa
y la ansiedad de mi celo.

Remontas del mismo suelo
al azul del paraíso
y este cuerpo que lo quiso,
se hizo nube de tu cielo.
Golpe de pasión, entrega,
donde la voz se hace trizo
y a grito mi cuerpo ruega
ser lumbre donde me atizo.

Sepulcro eres donde muero,
ahogarme en tu brebaje,
beber agua en tu venero
y moverme en tu oleaje.



(© Derechos Reservados )

Hace tanto calor, tanto...

Hace tanto calor, tanto...
que hoy no quiero vestidos
que no suframos tormentos
tengamos los cuerpos desnudos.

Yo necesito esa gracia
que derramas cuando me miras
y tu deseo en el alma
que me contempla y cautiva.

Que esos dones de tu cuerpo
me dejen la piel encendida
cuando desnuda te miro
y dejas mi alma rendida.

Tu no necesitas de linos
ni sedas ni tejidos hermosos
mis besos son el destino
sobre tu piel y tus ojos.

Mas que mi cuerpo desnudo
en estos versos de amor
te estoy transmitiendo mis sueños
más allá del propio sol...

Ángel Reyes Burgos
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