miércoles, 2 de enero de 2019

Los tres reyes magos...

Llegad, Reyes del Oriente; 
la estrella que os va guiando 
ya de Belén en la gruta 
fija sus destellos claros; 
y cuando llenos de gozo 
adoréis al niño santo, 
seguid por nuevos caminos, 
cruzad ligeros los campos, 
y atravesad las ciudades 
donde os están esperando 
los pequeñuelos: dormidos, 
con la sonrisa en los labios, 
parece que están diciendo: 
¿qué traerán los Reyes Magos? 

Los adurmió la esperanza, 
y en el sueño, dulce y grato, 
ven agrandarse, agrandarse, 
las figurillas de barro 
que estaban quietas y fijas 
del Nacimiento en lo alto; 
y por las calles obscuras 
pasáis en bullicio extraño, 
en ricos mantos envueltos, 
sobre los caballos blancos 
y en los cestos primorosos, 
que en las ventanas colgaron, 
dejáis los lindos juguetes 
y confites delicados, 
y al toque de las trompetas, 
y al trote de los caballos, 
cual fantasmas de la noche 
vais pasando, vais pasando.

Ya pasasteis, ya pasasteis;
¡también los tiempos pasaron!
En las sendas de la vida
atrás os fuimos dejando,
y a otros reyes ofrecimos
el corazón por esclavo:
al oro, que es rey del mundo;
al amor, que es rey tirano;
 al éxito, que envanece
 con su pasajero aplauso;
y cuando en alas del tiempo 
también se van alejando 
y en el borde del camino 
tristes y solos quedamos, 
¡ah! cómo entonces volvemos 
los ojos a lo pasado, 
buscando vuestros contornos 
en el imborrable cuadro 
de aquella edad venturosa 
que os esperaba soñando. 

Porque fuisteis la inocencia 
de nuestros primeros años; 
porque fuisteis la caricia 
de aquella bendita man 
que os colocó, cuidadosa, 
del Nacimiento en lo alto, 
y en el cestillo de mimbres 
colocó vuestro agasajo. 
¡Ah! si venís todavía 
como en los tiempos lejanos, 
para ser de los pequeños 
el regocijo y encanto, 
dejad también a los grandes 
de vuestros presentes algo; 
dejad también a los tristes, 
para el corazón, un bálsamo, 
algún consuelo en el alma 
y una oración en los labios; 
y al dormirnos, dulces sueños 
de la infancia recordando, 
tal vez una blanca sombra 
nos tienda amorosos brazos, 
diciéndonos, como entonces: 
¡ya vienen los Reyes Magos! 

Mercedes de Velilla y Rodríguez (Sevilla, 24 de septiembre de 1852-Camas, 12 de agosto de 1918), fue una ensayista, dramaturga y poetisa y una de las escritoras más representativas del movimiento literario de Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX, para saber más pulse aquí.

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