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Lagrimas amargas


Algo me pasa, aunque realmente no se que es, cada día que amanece me siento al borde del llanto, las cifras sobre los muertos diarios no consigo asimilarlas, los dramas familiares y de comerciantes son descorazonadores...un halo de derrotismo se apodera de mi en cada instante del día y mis noches se llenan de sombras sin rostros. 

Me cuesta dormir, porque un desfile imparable de ojos tristes me miran por encima de una mascarilla que ocultan las sonrisas que tanto alegraban mis días, intento descifrar esos rostros anónimos que me hablan de desesperación y falta de vida y de contacto humano, falta de sueños, zombis derrotados que giran en torno a mi almohada como queriéndose sentir cerca de otro ser humano, pero yo cierro los ojos fuertemente para desterrarlos de mi mente.

Las horas pasan y el sonido de los noticiarios con cifras de la pandemia, martillean mi cerebro con números imposibles, abuelos que mueren de tristeza y niños mirando a sus padres a través de una ventana y con sus bracitos  extendidos, sin entender porque sus padres ya no los abrazan... Mi almohada ya no tiene capacidad para absorber más lagrimas cuando miro a la ventana y veo que está amaneciendo...aprieto con fuerza mis ojos enrojecido, negándome a levantarme y salir de nuevo a la calle a enfrentarme a la cofradía de los desahuciados... 


El coronavirus está matando a mucho tonto

 

La estupidez humana parece no tener límites y da igual que no enfrentemos a una pandemia global, algunos siguen a lo suyo.

Los negacionistas del coronavirus son otra secta destructiva que ponen en riesgo la salud y la vida de los demás, pero a veces (casi como un caso de justicia cósmica) tienen que asumir hasta el trágico final su disparatada locura.

Así dos descerebrados, de esos que subían a sus perfiles de redes sociales fotografías negando la gravedad de la pandemia y desafiando las medidas de distanciamiento social y uso de mascarillas, se han topado finalmente con un virus que ellos mismos proclamaban en internet que no existía.

Y el resultado no puede ser más revelador: tanto la influencer brasileña como el inglés, que se reían de todo el mundo por tener miedo a un virus que ya ha matado a más de un millón de personas, se infectaron y han terminado falleciendo.

Por todo ello (y aunque pueda sonar a desconsiderado) únicamente hay que constatar que hoy en el mundo quedan dos tontos menos, porque estos semideficientes no eran unos pastores de cabras que vivían en una aldea remota de Afganistán, sino en países civilizados y tenían al alcance de un par de clics de ratón toda la información generada en este último año sobre el tema. Pero ellos en su prepotente ignorancia decidieron "pensar" que sabían más que científicos, médicos y autoridades sanitarias, por lo que han pagado con su vida su estulticia.

P.D:

Y mientras tanto otro negacionista, este encima criminal, se ha dedicado a sacar de los congeladores de un hospital estadounidense varios cientos de dosis de vacunas contra el coronavirus para que así se inactivaran y las personas que luego las utilizaron quedaran desprotegidas. Ahora se enfrenta a la posibilidad de pasar 20 años en la cárcel si el juez encargado de su sentencia tiene en cuenta el peligro que ha supuesto para la vida de sus convecinos.  

Historia de las pandemias


Las cuatro epidemias más mortales de la historia...
Antes de la aparición del nuevo coronavirus, otras epidemias asolaron el mundo, llevándose consigo millones de vidas

La plaga de Justiniano, en el 541, fue uno de los efectos de una erupción de un volcán en el 536.

El 11 de abril el covid-19 se convirtió oficialmente en pandemia. La OMS anunció que por su nivel de propagación, la enfermedad originaria de Wuhan (China) ya se podía denominar de este modo. Hasta la fecha ya hay 55 millones de contagiados y más de millón y medio de muertos...

Nos enfrentamos a una situación trágica por una alta mortalidad a la que la sociedad llevaba mucho tiempo sin estar expuesta. Antes del coronavirus, otras pandemias y epidemias mortales asolaron el mundo, dejando horribles cifras de muertes. A continuación explicamos cuatro de los episodios más mortales de la historia.

Plaga Antonina (165-180 d. C.): 5 millones de muertos
Al igual que el covid-19, se cree que la también conocida Peste Antonina se originó en China. Los soldados que marchaban a Roma desde Mesopotamia a fines del año 165 d. C. estaban enfermos, muchos cubiertos pápulas (tumor eruptivo que se presenta en la piel sin pus ni serosidad) rojas y negras que podrían llegar a juntarse y caerse. La plaga pronto se extendería por todo el Imperio Romano. En aquel entonces se vivió una situación similar a la actual, no todo el que contrajo el virus –que los investigadores creen que probablemente fuera viruela– murió y los que sobrevivieron se volvieron inmunes. Cuando la plaga llegó a estar bajo control en el 180 d. C., ya había matado alrededor de cinco millones de personas y prácticamente había fulminado a los 150.000 hombres de las fuerzas armadas de Roma. También segó la vida del emperador Marco Aurelio.

Los síntomas, descritos por el famoso médico romano Galeno, eran bastante desagradables: diarrea, tos, fiebre, sequedad de garganta y las pápulas antes mencionadas. En su tiempo la leyenda contaba que la enfermedad fue liberada cuando un soldado romano abrió accidentalmente un ataúd dorado en el templo de Apolo, liberando a la peste maldita de su encierro. Los cristianos también fueron culpados por enojar a los dioses.

Plaga Justiniana (540-542 d.C.): más de 25 millones
Roma pensó que no volvería a vivir una tragedia semejante, pero 400 años después, una nueva epidemia se extendió por territorio romano. Una epidemia mucho mayor: la peste justiniana, que apareció alrededor del 540, también en Oriente, y que se extendió y reapareció en los puertos del Mediterráneo durante los dos siglos siguientes y diezmó la población del Imperio bizantino. "La enfermedad duró cuatro meses en Bizancio, y su mayor virulencia duró tres meses. En un principio, las muertes fueron algo más que lo normal, después la mortalidad se elevó mucho más, y más tarde alcanzó a cinco mil personas cada día, e incluso llegó un momento que fueron diez mil cada día y hasta más. Al principio, todos los hombres asistían al entierro de los muertos de su propia casa, después los arrojaron en las tumbas de otros, para finalmente llegar a un estado de confusión y desorden", escribió Procopio de Cesarea en su libro 'Guerra persa'. "Esclavos fueron separados de sus dueños, y hombres que en tiempos habían sido ricos fueron privados del servicio de sus criados, que habían enfermado o muerto, llegando incluso a haber casas completamente vacías de seres humanos. Por esa razón, sucedió que algunos de los hombres notables de la ciudad permanecieron sin sepultar durante muchos días".

Algunas de las 2.000 calaveras y 8.000 huesos humanos enterrados en el interior de la cripta de la iglesia de San Leonardo en Hythe, Kent, en Inglaterra. Nadie sabe con seguridad la razón por la que tantas calaveras continúan allí. Algunos creen que pertenecen a soldados extranjeros asesinados en una gran batalla. Otra teoría es que son víctimas de la Peste Negra. Pero existe un consenso general sobre que eran ciudadanos de Hythe que murieron hace muchos años y fueron desenterrados en el siglo trece cuando la iglesia necesitó ampliar su terreno. 

Esta vez sí se trató de peste: los enfermos experimentaron bubones, ojos sanguinolentos, fiebre y delirios. Los historiadores hablan de que el cambio climático que experimentó la Tierra en esa época favoreció las migraciones de roedores, cuyas pulgas acabaron contagiando a los comerciantes, que expandieron la epidemia por los puertos. Cuando la epidemia llegó a Constantinopla, la ciudad se vació. Los mercados cerraron y el emperador Justiniano tuvo que requisar tumbas privadas para enterrar a los muertos y que no se quedasen tirados al sol de la calle. Y al extenderse a Roma, el papa Gregorio Magno sacó en procesión a miles de personas frente al mausoleo del emperador Adriano para rezar y detener la plaga. Pero, obviamente, favoreció el contagio. 

Pudo haber desaparecido un cuarto de la población conocida de la época, entre 25 y 50 millones de personas. Y provocó el colapso final de la organización tradicional romana para dar paso a la Edad Media. Fue un cambio de paradigma político, económico y social, como lo será ,de otra manera, el coronavirus que, sin esa letalidad, sí planteará transformaciones globales. El mundo nunca volverá a ser el mismo.

La gripe española (1918-1920): 50 millones
Es considerada la pandemia más mortífera y devastadora de la Edad Contemporánea. Pese a que no fue el epicentro del problema, España ha pasado a la historia por ser el supuesto foco principal donde muchos piensan que se ocasionó la enfermedad. Un punto más para nuestra leyenda negra, pues, en realidad, todo se debe a una triste casualidad: al ser uno de los pocos países neutrales durante la época, se hizo eco de los primeros casos. Otras zonas que se encontraban en guerra estaban bajo censura militar y decidieron ocultar la pandemia. Sea como fuere, nuestra región fue una de las más afectadas, con ocho millones de personas infectadas y 300.000 fallecidas.

La mal denominada gripe española, causó la muerte de aproximadamente 50 millones de personas (otras cifras apuntan 100 millones) al finalizar la Primera Guerra Mundial. Es decir, entre un 10% y un 20% de los que se contagiaron. A diferencia de otras epidemias que afectaron a niños y ancianos, en este caso la mayoría de las víctimas tenían entre 18 y 49 años, en un momento en que la guerra de trincheras y las malas condiciones higiénicas de los soldados en el frente sin duda agravaron el problema. De hecho, en la primavera de ese año empezaron a enfermar de una gripe que parecía peor que la estacional, aunque las autoridades, para no desanimar aún más a una población, profundamente abatida por la situación vital, infravaloraron el problema. El rotativo 'Daily Mail', por ejemplo, aseguró que no era peor que un simple resfriado.

La peste negra (1347-1353 a.C.): 200 millones
La pandemia más devastadora de la humanidad fue la peste negra. Aunque es difícil saber el número de fallecidos en la época, puesto que no se contaba con los sistemas actuales para registrar las muertes, los expertos apuntan que un tercio de la población pudo sucumbir a la enfermedad, que se produjo en Eurasia, y consideran optimista esa cifra. En Alemania, por ejemplo, se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida. En concreto, algunos datos apuntan a que el número de víctimas oscila entre 50 millones y más de 200 millones. Estableciendo paralelismos con la actual epidemia de covid-19, la enfermedad también surgió en Asia y se propagó a Europa mediante las rutas comerciales. Además, el primer contagio en nuestro continente fue en Mesina, una ciudad italiana donde solían parar los marinos. Y, como ha sucedido con las teorías de la conspiración en torno al coronavirus, durante la epidemia de peste negra se culpó a los judíos, que la habrían propagado mediante "el envenenamiento de pozos". Otros hablaban de orígenes más geológicos, como producto de erupciones volcánicas, o incluso culpaban a los astros.

Como también sucede con el coronavirus, la enfermedad pasaba de los animales a los humanos, en este caso provenía de los roedores, que se encontraban en todas partes (algunos hablan de ratas y otros del gerbilino, proveniente de Asia). Aunque Boccaccio habla de un tipo de peste asintomático, que provocaba la muerte a las 14 horas aproximadas, en realidad los síntomas eran múltiples; fiebre superior a 40ºC, sed, tos y sangrado por distintos orificios, y lo que dio nombre a la enfermedad: manchas negras y azuladas en la piel y bubones en cuello, axilas, brazos o piernas debido a la inflamación de ganglios (luego esos bubones se rompían y supuraban un líquido con un terrible olor). Fuente El confidencial.

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