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Octubre y castillo de belleza


Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.




Sí; en tu cerca ruin, que desordena
ya abril con su pasión verdecedora,
al sol más libre ¡oh árbol preso!, dora
tu cúpula broncínea, blanda y plena.

Por ti es fuerte tu cárcel; por ti amena
su soledad inerme. Inmensa aurora
es tu sombra interior, fresca y sonora
en el yermo sin voz que te encadena.

Ave y viento, doble ala y armonía,
vendrán a tu prisión, sin otro anhelo
que el de la libertad y la hermosura,

Espera, ¡oh árbol solo! ¡oh alma mía!,
seguro en ti e incorporado al cielo,
firme en la excelsitud de tu amargura.






























Juan Ramón Jiménez.-En 1918 encabeza movimientos de renovación poética, logrando una gran influencia en la Generación del 27. De 1921 a 1927 publicó en revistas parte de su obra en prosa, y de 1925 a 1935 publicó sus Cuadernos, donde se encuentran la mayoría de sus escritos...Para saber más pulse aquí.

Desnudos, Juan Ramón Jiménez

Hoy te diré yo 
tocándote el alma.

O, bajo los pinos, 
tu desnudez malva, 
tus pies en la tierna 
yerba con escarcha, 
tus cabellos verdes 
de estrellas mojadas.

Y tú me dirás 
huyendo: Mañana...

Levantará el gallo 
su clarín de llama, 
y la aurora plena, 
cantando entre granas, 
prenderá sus fuegos 
en las ramas blandas.
Hoy te diré yo 
tocándote el alma.

O, en el sol nacido, 
tus sienes doradas, 
los ojos inmensos 
de tu cara maga, 
evitando azules 
mis negras miradas.

Y tú me dirás 
huyendo: Mañana...

En 1891 aprueba con calificaciones de sobresaliente el examen de Primera Enseñanza en el Instituto "La Rábida" En 1899 estudia Bachillerato en el colegio de San Luis Gonzaga del Puerto de Santa María. Pulse aquí.

Árboles hombres, Juan Ramón Jiménez

Ayer tarde
volvía yo con, las nubes
que entraban bajo rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía
de tan secreto paraje
sólo yo podía estar
entre las rosas finales.

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.
Me retardé hasta la estrella.
En vuelo de luz suave
fui saliéndome a la orilla
con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía
vi a los árboles mirarme,
se daban cuenta de todo,
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,
oí hablarme a los árboles.

Escribe sus primeros trabajos en prosa y verso. Empieza a colaborar en periódicos y revistas de Sevilla y Huelva...Para saber más pulse aquí.

Lo comprenderas despues...

Lo que no entiendes ahora 
lo comprenderás después ... 
Mis pensamientos son altos 
y mis caminos también. 

Tú miras lo que está al frente; 
Yo miro lo que ha de ser 
Mantente firme, no dudes, 
pues, mi gloria has de ver. 

Confía, sé muy paciente; 
no te inquietes, solo cree 
que el que lo ha dicho lo hará; 
nunca falla, El es fiel. 

Si se embravecen las olas 
y arremeten contra tí... 
Si la obscuridad te cubre 
y no sabes dónde ir. 
No temas, tú no estás solo; 
contigo siempre estaré 
En esas densas tinieblas 
tesoros te mostraré. 

Aprovecha este momento 
pues todo es para tu bien 
Sacrifícame alabanza, 
canta, danza, seme fiel 

Que el reino es para valientes; 
si crees, tú has de vencer. 
Lo que no entiendes ahora, 
lo comprenderás después.

Zaida (1063-1101) fue una princesa musulmana de al-Ándalus, nuera de Muhammad ibn 'Abbad al-Mu'tamid y concubina de Alfonso VI de León, con quien tuvo a Sancho Alfónsez, muerto en la batalla de Uclés en 1108.

Noche de todos los santos...

Viento negro, luna blanca.
Noche de Todos los Santos.
Frío. Las campanas todas
de la tierra están doblando.

El cielo, duro. Y su fondo
da un azul iluminado
de abajo, al romanticismo
de los secos campanarios.

Faroles, flores, coronas
campanas que están doblando.
Viento largo, luna grande,
noche de Todos los Santos.

Yo voy muerto, por la luz
agria de las calles, llamo
con todo el cuerpo a la vida,
quiero que me quieran, hablo...

a todos los que me han hecho
mudo, y hablo sollozando,
roja de amor esta sangre
desdeñosa de mis labios.
Y quiero ser otro, y quiero
tener corazón, y brazos
infinitos, y sonrisas
inmensas, para los llantos
aquellos que dieron lágrimas
por mi culpa, pero, ¿acaso
puede hablar de sus rosales
un corazón sepulcrado?
Corazón, estás bien muerto,
Mañana es tu aniversario.

Sentimentalismo, frío.
La ciudad está doblando.
Luna blanca, viento negro.
Noche de Todos los Santos.






















Juan Ramón Jiménez, En 1902 publicó Arias tristes e intervino en la fundación de la revista literaria Helios. También abandonó el Sanatorio del Rosario y se trasladó al domicilio particular del doctor Luis Simarro. Ya en 1904 publicó Jardines lejanos...Para saber mas pulse aquí.

Ante la sombra virgen y la memoria, Juan Ramón Jiménez


Siempre yo penetrándote, 
pero tú siempre virgen, 
sombra; como aquel día 
en que primero vine 
llamando a tu secreto, 
cargado de afán libre. 

¡Virgen oscura y plena, 
pasada de hondos iris 
que apenas se ven; toda 
negra, con las sublimes 
estrellas, que no llegan 
(arriba) a descubrirte!
¡Qué tristeza este pasar 
el caudal de cada día 
(¡vueltas arriba y abajo!), 
por el puente de la noche 
(¡vueltas abajo y arriba!), 
al otro sol!

¡Quién supiera 
dejar el manto, contento, 
en las manos del pasado; 
no mirar más lo que fue; 
entrar de frente y gustoso, 
todo desnudo, en la libre 
alegría del presente!
















Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881-San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) fue un poeta español, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956, por el conjunto de su obra, designándose como trabajo destacado de la misma la narración lírica Platero y yo...Para saber mas pulse aquí.

Vísperas, Juan Ramón Jiménez

Hora morada y profunda,
áurea y roja de cálidos luceros.
Altas, profusas, lejanas,
multiplican, oscuras, las campanas
sus sones pregoneros.

El ambiente se inunda
de un viento ardiente de pureza,
y un cielo no pintado
se va extendiendo entre 
las nubes granas y redondas.

El ángel del pasado lo ha cruzado,
resplandeciendo belleza.
Altas, profusas, lejanas,
multiplican, oscuras, las campanas
sus sones vesperales.

La cabeza febril se me ha doblado
sobre los tibios cristales
del jardín verde azul en la penumbra,
rosado de los últimos rosales.

Mi corazón se alumbra
de oro blanco por dentro súbitamente.

Ahora sí que encuentro
en mí tu porvenir, puro pasado...
















En 1918 encabeza movimientos de renovación poética, logrando una gran influencia en la Generación del 27. De 1921 a 1927 publicó en revistas parte de su obra en prosa, y de 1925 a 1935 publicó sus Cuadernos, donde se encuentran la mayoría de sus escritos...Para saber más pulse aquí.

Mañana de primavera...

Mañana de primavera
Vino ella a besarme, cuando
una alondra mañanera
subió del surco, cantando
Mañana de primavera...

Le hable de una mariposa
blanca que vi en el sendero;
y ella, dándome una rosa,
me dijo. Cuánto te quiero.
No sabes lo que te quiero...
Guardaba en sus labios rojos
tantos besos para mi.
Yo le besaba los ojos...
Mis ojos son para ti,
tu, para mis labios rojos...

El cielo de primavera
era azul de paz y olvido...
Una alondra mañanera
canto en el huerto aún dormido.
Luz y cristal su voz era
en el surco removido...
















Juan Ramón Jiménez: En 1918 encabeza movimientos de renovación poética, logrando una gran influencia en la Generación del 27. De 1921 a 1927 publicó en revistas parte de su obra en prosa, y de 1925 a 1935 publicó sus Cuadernos, donde se encuentran la mayoría de sus escritos...Para saber más pulse aquí.

Cuando yo era el niño dios...

Cuando yo era el niño dios, 
era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; 
la luz con el tiempo dentro.

Cada casa era palacio 
y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, 
lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes 
saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, 
como los vientos, ligeros,
creyendo que el horizonte 
era la raya del término.

Recuerdo luego que un día 
en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, 
me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios 
ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban 
la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, 
hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, 
toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol 
y por la calle de en medio,
iba tirando doblada 
del niño dios y su perro:
el niño todo metido 
en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo 
con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! 
¿Se fue con el niño dios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre 
lo que fue con lo primero!

Quién pudiera no caer, 
no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, 
vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niño dios 
en mi Moguer, este pueblo…


























Juan Ramón Jiménez revisó concienzudamente a lo largo de su vida su obra. El poemario Leyenda (1896-1956), publicado póstumamente por Antonio Sánchez Romeralo en 1978, y en edición corregida por María Estela Arretche en 2006 (Madrid: Visor), recoge la obra poética íntegra del autor tal como éste quiso que se publicara...Para saber más pulse aquí.

Noche de todos los santos.

Viento negro, luna blanca.
Noche de Todos los Santos.
Frío. Las campanas todas
de la tierra están doblando.
El cielo, duro. Y su fondo
da un azul iluminado
de abajo, al romanticismo
de los secos campanarios.

Faroles, flores, coronas
¡campanas que están doblando!
Viento largo, luna grande,
noche de Todos los Santos.

Yo voy muerto, por la luz
agria de las calles; llamo
con todo el cuerpo a la vida;
quiero que me quieran; hablo
a todos los que me han hecho
mudo, y hablo sollozando,
roja de amor esta sangre
desdeñosa de mis labios.
¡Y quiero ser otro, y quiero
tener corazón, y brazos
infinitos, y sonrisas
inmensas, para los llantos
aquellos que dieron lágrimas
por mi culpa!Pero,¿acaso
puede hablar de sus rosales
un corazón sepulcrado?

¡Corazón, estás bien muerto!
¡Mañana es tu aniversario!

Sentimentalismo, frío.
La ciudad está doblando.
Luna blanca, viento negro.
Noche de Todos los Santos.
que entre dientes, sin luz se ahogan.


























Pertenece a la etapa suficiente o verdadera todo lo escrito durante su exilio americano. Juan Ramón Jiménez continúa replegado en sí mismo en busca de la belleza y la perfección, aunque no tanto como para no preparar un amplio libro en favor de la República española, Guerra en España, que nunca pudo ver publicado...Para saber mas pulse aquí.

Pajarillo cojido, de tu pecho dulce...

Pajarillo cojido, de tu pecho dulce
por el águila negra de la muerte,
cómo me miras con tu ojito triste
negro pleno sangriento de luz débil.

Desde debajo de la garra inmensa,
que para siempre ya le tiene
y afirmado, mientras la desafía
la vasta sombra que su vista emprende.

Cómo me mira sin pedirme nada,
cómo me mira... por si yo pudiese,
que ya te está teniendo para siempre...
---
Bajo al jardín. son mujeres,
Espera, espera... mi amor
coje un brazo. Ven ¿Quién eres?
Y miro que es una flor...

Por la fuente; sí, son ellas
Espera, espera, mujer.
Cojo el agua. Son estrellas,
que no se pueden coger...

Juan Ramón Jiménez, En 1902 publicó Arias tristes e intervino en la fundación de la revista literaria Helios. También abandonó el Sanatorio del Rosario y se trasladó al domicilio particular del doctor Luis Simarro. Ya en 1904 publicó Jardines lejanos...Para saber más pulse aquí.

Poemas de Juan Ramón Jiménez

En el balcón, un instante 
nos quedamos los dos solos. 
Desde la dulce mañana 
de aquel día, éramos novios. 

El paisaje soñoliento 
dormía sus vagos tonos, 
bajo el cielo gris y rosa 
del crepúsculo de otoño. 

Le dije que iba a besarla; 
bajó, serena, los ojos 
y me ofreció sus mejillas, 
como quien pierde un tesoro. 

Caían las hojas muertas, 
en el jardín silencioso, 
y en el aire erraba aún 
un perfume de heliotropos.

No se atrevía a mirarme; 
le dije que éramos novios, 
y las lágrimas rodaron 
de sus ojos melancólicos.
Llueve sobre el campo verde
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de Noviembre
es de pálidos diamantes.

Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso
más idílico que antes.

Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.

Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas
de sedas y de cristales...

¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales.


























Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881-San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) fue un poeta español, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956, por el conjunto de su obra, designándose como trabajo destacado de la misma la narración lírica Platero y yo...Para saber más pulse aquí.

Desnudos, Juan Ramón Jiménez

Desnudos

Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba,
bajo la mano blanca, en el piano de ella...
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,
morena de la luna, era tres veces bella.

Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón, y si acaso llorábamos sin vernos
Cada nota encendía una herida de amores
El dulce piano intentaba comprendernos.

Por el balcón abierto a brumas estrelladas,
venía un viento triste de mundos invisibles
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles.




El color de tu alma

Mientras que yo te beso, su rumor
nos da el árbol que mece el sol el oro
que el sol le da al huir, fugaz tesoro
de un árbol que es el árbol de mi amor.

No es fulgor, no es ardor y no es rubor
lo que me da de ti lo que te adoro,
con la luz que se va: es el oro, 
es el oro hecho sombra: tu color.

El color de tu alma: pues tus ojos
se van haciendo ella y a medida
que el sol cambia sus oros por sus rojos
y tú te quedas pálida y fundida,
sale el oro hecho tú de tus dos ojos
que son mi paz, mi fe, mi sol: ¡mi vida!




Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881  San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) fue un poeta español, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956, por el conjunto de su obra, designándose como trabajo destacado de la misma, la narración lírica Platero y yo. 
Para saber más pulse aquí.
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