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Soneto V y VI de Garcilaso de la Vega

Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto, 
y cuanto yo escribir de vos deseo; 
vos sola lo escribisteis, yo lo leo 
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto; 
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, 
de tanto bien lo que no entiendo creo, 
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros; 
mi alma os ha cortado a su medida; 
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuando tengo confieso yo deberos; 
por vos nací, por vos tengo la vida, 
por vos he de morir, y por vos muero.
Soneto VI

Por ásperos caminos he llegado 
a parte que de miedo no me muevo; 
y si a mudarme a dar un paso pruebo, 
y allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy, que con la muerte al lado 
busco de mi vivir consejo nuevo; 
y conozco el mejor y el peor apruebo, 
o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío, 
y el errado proceso de mis años, 
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío, 
la cierta muerte, fin de tantos daños, 
me hacen descuidar de mi remedio.





















En ese mismo año de 1526, con motivo de las bodas de Carlos I con Isabel de Portugal, acompañó a la Corte en un viaje por varias ciudades españolas y se enamoró platónicamente de una dama portuguesa de la reina, Isabel Freyre, que cantó bajo el anagrama de Elisa en sus versos, que a ella son debidos...Para saber más pulse aquí.

Garcilaso de la Vega, sonetos

Soneto XXVII

Amor, amor, un hábito vestí 
el cual de vuestro paño fue cortado; 
al vestir ancho fue, más apretado 
y estrecho cuando estuvo sobre mí.

Después acá de lo que consentí, 
tal arrepentimiento me ha tomado, 
que pruebo alguna vez, de congojado, 
a romper esto en que yo me metí.

Mas ¿quién podrá de este hábito librarse, 
teniendo tan contraria su natura, 
que con él ha venido a conformarse?

Si alguna parte queda por ventura 
de mi razón, por mí no osa mostrarse; 
que en tal contradicción no está segura.
Soneto XXX

Sospechas, que en mi triste fantasía 
puestas, hacéis la guerra a mi sentido, 
volviendo y revolviendo el afligido 
pecho, con dura mano noche y día;

ya se acabó la resistencia mía 
y la fuerza del alma; ya rendido 
vencer de vos me dejo, arrepentido 
de haberos contrastado en tal porfía.

Llevadme a aquel lugar tan espantable, 
que, por no ver mi muerte allí esculpida, 
cerrados hasta aquí tuve los ojos.

Las armas pongo ya, que concedida 
no es tan larga defensa al miserable; 
colgad en vuestro carro mis despojos.





















Garcilaso de la Vega.-A su retorno a Toledo, contrajo matrimonio en 1525 con Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor, hermana de Carlos I de España; por ello Garcilaso entró a formar parte del séquito de ésta. También tuvo un hijo antes de su matrimonio con una dama comunera toledana,..Para saber más pulse aquí.

Dentro de mi alma fue de mí engendrado...

 Soneto XXXI

Dentro de mi alma fue de mí engendrado 
un dulce amor, y de mi sentimiento 
tan aprobado fue su nacimiento 
como de un solo hijo deseado;

mas luego de él nació quien ha estragado 
del todo el amoroso pensamiento: 
que en áspero rigor y en gran tormento 
los primeros deleites ha tornado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre, 
y matas al abuelo! ¿por qué creces 
tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh, celoso temor! ¿a quién pareces? 
¡que la envidia, tu propia y fiera madre, 
se espanta en ver el monstruo que ha parido!
Soneto XXXII

Mi lengua va por do el dolor la guía; 
ya yo con mi dolor sin guía camino; 
entrambos hemos de ir, con puro tino; 
cada uno a parar do no querría;

yo, porque voy sin otra compañía, 
sino la que me hace el desatino, 
ella, porque la lleve aquel que vino 
a hacerla decir más que querría.

Y es para mí la ley tan desigual, 
que aunque inocencia siempre en mí conoce, 
siempre yo pago el yerro ajeno y mío.

¿Qué culpa tengo yo del desvarío 
de mi lengua, si estoy en tanto mal, 
que el sufrimiento ya me desconoce?





















A finales de 1522, se embarcó, en compañía de Juan Boscán y Pedro de Toledo o Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, futuro virrey de Nápoles, en una expedición de socorro que quiso (y no pudo) evitar la caída de Rodas en poder de los turcos; de nuevo resultó herido, esta vez de gravedad...Para saber más pulse aquí.

Sonetos de Gabriel y Galán y Garcilaso

 A Teresa de Jesús.

Mujer de inteligencia peregrina 
y corazón sublime de cristiana, 
fue más divina cuanto más humana 
y más humana cuanto más divina.

Hasta el impío ante tu fe se inclina 
y adora la grandeza soberana 
de la egregia doctora castellana, 
de la santa mujer y la heroína.

¡Oh mujer! Te dará la humana historia 
la gloria que por sabia merecieres; 
mas con el mundo acabará esa gloria,

que por ser terrenal no es sempiterna. 
¡Tú, Teresa de Ahumada, al cabo mueres! 
¡Teresa de Jesús, tú eres eterna!

José María Gabriel y Galán
Soneto IV

Un rato se levanta mi esperanza: 
mas, cansada de haberse levantado, 
torna a caer, que deja, mal mi grado, 
libre el lugar a la desconfianza.

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado! 
Esfuerza en la miseria de tu estado; 
que tras fortuna suele haber bonanza.

Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos 
romper un monte, que otro no rompiera, 
de mil inconvenientes muy espeso.

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, 
quitarme de ir a veros, como quiera, 
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso.

Garcilaso de la Vega























José María Gabriel y Galán (Frades de la Sierra, Salamanca, 28 de junio de 1870-Guijo de Granadilla, Cáceres, 6 de enero de 1905) fue un poeta español en castellano y asturleonés (en la variedad altoextremeña).

Garci Lasso de la Vega (Toledo, entre 1498 quizá algunos años antes a partir de 1491 y 1503 Niza, Ducado de Saboya, 14 de octubre de 1536), más conocido como Garcilaso de la Vega, fue un poeta y militar español del Siglo de Oro.

Garcilaso de la Vega

   Soneto VIII

De aquella vista buena y excelente 
salen espíritus vivos y encendidos, 
y siendo por mis ojos recibidos, 
me pasan hasta donde el mal se siente.

Entrase en el camino fácilmente, 
con los míos, de tal calor movidos, 
salen fuera de mí como perdidos, 
llamados de aquel bien que está presente.

Ausente, en la memoria la imagino; 
mis espíritus, pensando que la vían, 
se mueven y se encienden sin medida;

mas no hallando fácil el camino, 
que los suyos entrando derretían, 
revientan por salir do no hay salida.
Soneto IX

Señora mía, si yo de vos ausente 
en esta vida turo y no me muero, 
paréceme que ofendo a lo que os quiero, 
y al bien de que gozaba en ser presente;

tras éste luego siento otro accidente, 
que es ver que si de vida desespero, 
yo pierdo cuanto bien bien de vos espero; 
y ansí ando en lo que siento diferente.

En esta diferencia mis sentidos 
están, en vuestra ausencia y en porfía, 
no sé ya que hacerme en tal tamaño.

Nunca entre sí los veo sino reñidos; 
de tal arte pelean noche y día, 
que sólo se conciertan en mi daño.





















Garcilaso de la Vega. Formaba parte del séquito del Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, II duque de Alba de Tormes cuando Carlos I desembarcó en Santander en 1522. Al año siguiente fue objeto nuevamente del favor real al ser designado miembro de la orden de Santiago y gentilhombre de la Casa de Borgoña,..Para saber más pulse aquí.
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