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Tus ojos y Piedra, poemas cortos

¿Qué vuelve tan hermosos a tus ojos,
voy siempre preguntándole a las nubes?
¿ Se los quitaste acaso a los querubes
para darle en tu rostro sus alojos?

¿O es la sonrisa de tus labios rojos
la que en complicidad tan femenina
a tus miradas hondas ilumina?
¿O es que tu rostro así ya es todo bello?
tu pelo, tus sonrisas, ¿es por ello
que el mirar de tus ojos me fulmina?
Yo le entregué una rosa que llevaba
el infinito amor que me incinera,
sin una espina que al dolor esclava
su mano lastimarla pudiera.

Así se la entregué porque la llevo
unida a mi existencia como hiedra,
y aunque en la copa de sus labios bebo,
por esta flor, me devolvió una piedra.

La cigarra y Las Canéforas, sonetos

Canta tu estrofa, cálida cigarra, 
y baile al son de tu cantar la mosca, 
que ya la sierpe en el zarzal se enrosca 
y lacia extiende su verdor la parra.

Desde la yedra que a la vid se agarra 
y en su cortina espléndida te embosca, 
recuerda el caño de la fuente tosca 
y el fresco muro de la limpia jarra.

No consientan tus élitros fatiga, 
canta del campo el productivo costo, 
ebria de sol y del trabajo amiga.

Canta y excita al inflamado agosto 
a dar el grano de la rubia espiga 
y el chorro turbio del ardiente mosto.
Deteniendo severo magistrado 
su pie ante las canéforas preciosas, 
mira en sus caras de purpúreas rosas 
el pudor por carmines dibujado.

El temblador ropaje replegado 
les da esbeltez de vírgenes graciosas 
y llevan en las manos primorosas 
ricas bandejas de oro cincelado.

Sobre el metal que espejeando brilla, 
del sacrificio llevan la cuchilla 
que al magistrado, cándidas, ofrecen.

Y le brindan también trigo flamante, 
que en las caneas de oro rutilante 
rubios granizos con el Sol parecen.





















Salvador Rueda Santos (aldea de Benaque, 3 de diciembre de 1857-Málaga, 1 de abril de 1933) fue periodista y poeta español. Se le considera precursor español del modernismo...Para saber más pulse aquí.

Ya, por favor, ya y Que frío, sonetos

 ¿Por qué te aferras como musgo al tallo
de mis recuerdos a quedar prendida,
si se agotó el capítulo de vida
donde las flores ya no son de mayo?

¿Por qué te aferras, como estruendo al rayo,
al esclavo mental que no te olvida,
si busca el pensamiento que te anida
dejar de ser tu crónico vasallo.

El oro en el desierto no hace rico:
ya no me hagas vivir como demente
que de ésta mi añoranza ya claudico.

Salte ya, por favor, ya de mi mente
Déjame en libertad, te lo suplico.
Mas pareciera que te digo.Vente.
Qué frío. Cuánto frío me congela
adentro de la fosa de tu olvido,
si en el abandonado y yermo nido
el ave de tu indiferencia vuela.

En este cementerio, cuánto hiela
con el cadáver de tu amor tendido,
de todas tus miradas excluído
y que toda sonrisa me cancela.

Qué frígido glaciar tu indiferencia,
sin nada ya de lo que fuera mío,
con nada, más que acaso con tu ausencia.

Nada de ti, anochecer sombrío,
que en ese témpano de la abstinencia,
tu abandono congela. Ay, cuánto frío.





















En el siglo xiv fueron muy importantes los sonetos amorosos de Dante Alighieri, dedicados a su amada Beatrice Portinari, y recogidos en su libro Vita nuova. Pero el sonetista más influyente de la centuria fue el poeta aretino Petrarca, en cuyo Cancionero el soneto se revela como la estructura más adecuada para la expresión del sentimiento amoroso. A través de la influencia de Petrarca, el soneto se extiende al resto de literaturas europeas...Para saber más pulse aquí.

Que falta le hacen y Me encanta

Que falta le hacen

Qué falta le hacen tus mejillas suaves
a las caricias leves de mis manos,
igual que en los floríferos veranos
requieren de los árboles las aves.

Qué falta le hace tu mirada tierna
de mis ojos al iris sitibundo,
así como conforta al moribundo
la fe de que lo espera vida eterna.

Y los candentes besos de mi boca,
cómo precisan de tu rostro suave,
igual que entre las aguas ya sin nave
necesitan los náufragos la roca.

Cómo le falta en pasional pareja
tu cuerpo a mis románticos abrazos,
como el triunfo hace falta en los fracasos,
como requiere flores una abeja.
Me encanta

Cuando tu rostro entre mis manos preso
lo contemplo tan cerca de mis ojos,
al declamar un recital de antojos
me provoca un romántico embeleso.

No puedo sostenerme y me tropiezo
para caer de amor hecho despojos,
al paraíso de tus labios rojos
en donde dejo mi extasiado beso.

Tu mirada serena y amorosa,
como caricia celestial ¡me encanta
y tu sonrisa mágica de Diosa.

No sé por qué, no sé, pero ¡me encanta
tu pelo que tan lacio se alboroza,
tus facciones, tu piel, todo, me encanta.
























Es muy frecuente, también, el soneto en la obra de los autores de la generación del 27, sobre todo en Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti; García Lorca cultivó esta forma en sus Sonetos del amor oscuro...Para saber mas pulse aquí.

Centinela de amor y Necesito de ti, sonetos

Centinela de amor

Te puse tras la tapia de mi frente
para tenerte así mejor guardado,
y te velé, ay, amor diariamente
con bayoneta y casco de soldado.

Te quise tanto, tanto, que la gente
me señalaba igual que a un apestado;
pero qué feliz era sobre el puente
de tu amor, oh mi río desbordado.

Un día, me dijiste: No te quiero
y mi tapia de vidrios y de acero
a tu voz vino al suelo en un escombro.

La saliva en mi boca se hizo nieve,
y me morí como un jacinto breve
apoyado en la rosa de tu hombro.
Necesito de ti

Necesito de ti, de tu presencia,
de tu alegre locura enamorada.
No soporto que agobie mi morada
la penumbra sin labios de tu ausencia.

Necesito de ti, de tu clemencia,
de la furia de luz de tu mirada;
esa roja y tremenda llamarada
que me impones, amor, de penitencia.

Necesito tus riendas de cordura
y aunque a veces tu orgullo me tortura
de mi puesto de amante no dimito.

Necesito la miel de tu ternura,
el metal de tu voz, tu calentura.
Necesito de ti, te necesito.





















Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, VII marqués del Moscoso y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908 - Madrid, 9 de diciembre de 1982), fue un poeta español de la Generación del 27...Para saber mas pulse aquí

Dime que me quieres, dímelo por Dios...

Dime que me quieres, dímelo por Dios,
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
se te hará más fácil decírmelo así,
y el te quiero tuyo será pa mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón.
Dime que me quieres, dímelo por Dios.

Te quiero más que a mi vía,
te quiero más que a mis ojos.
más que al aire que respiro
y más que a la mare mía.

Que se me paren el pulso si te dejo de querer,
que las campanas me doblen falto alguna vez.
Eres mi vía y mi muerte.
Te lo juro compañero,
No debía de quererte y sin embargo te quiero.
Vino amargo que no da alegría,
aunque me emborrache no la puedo olvidar,
porque la recuerdo dame vino amargo,
que amargue, que amargue, pa quererla más.

Esta pena mía
me está apuñalando de noche y de día.
Esta pena mía
si me encuentro solo me da compañía.
Si ve que estoy triste se vuelve alegría.
Si ve que me pierdo me sirve de guía.
Se que me atormenta y es una agonía,
pero estoy contento con la pena mía.

Rafael de León

Este poema lo hizo famoso Concha Márquez Piquer que lo cantaba de forma magistral.



























Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, VII marqués del Moscoso y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908 - Madrid, 9 de diciembre de 1982), fue un poeta español de la Generación del 27 y autor de letras para copla, faceta esta última en la que se hizo famoso por haber formando parte del trío Quintero, León y Quiroga. Fue el letrista de algunas de las más célebres canciones populares españolas del siglo XX, como Tatuaje, Ojos verdes, A ciegas, A la lima y al limón ¡Ay pena, penita, pena!, María de la O, Con divisa verde y oro...Para saber mas pulse aquí.

Cuatro sonetos de amor... Rafael de León


I
Decir "te quiero" con la voz velada
y besar otros labios dulcemente,
no es tener ser, es encontrar la fuente
que nos brinda la boca enamorada.
             
Un beso así no quiere decir nada,
es ceniza de amor, no lava hirviente,
que en amor hay que estar siempre presente,
mañana, tarde, noche y madrugada.
             
Que cariño es más potro que cordero,
más espina que flor, sol, no lucero,
perro en el corazón, candela viva...
     Lo nuestro no es así, a qué engañarnos,
lo nuestro es navegar sin encontrarnos,
a la deriva, amor, a la deriva.

II
Me avisaron a tiempo: ten cuidado,
mira que miente más que parpadea,
que no le va a tu modo su ralea,
que es de lo peorcito del mercado.
             
Que son muchas las bocas que ha besado
y a lo mejor te arrastra en su marea
y después no te arriendo la tarea
de borrar el presente y el pasado.
             
Pero yo me perdí por tus jardines
dejando que ladraran los mastines,
y ya bajo la zarpa de tus besos
     me colgué de tu boca con locura
sin miedo de morir en la aventura,
y me caló tu amor hasta los huesos.
III
Otro domingo más sin tu mirada,
dejándome morir junto a la gente
que pasa y que traspasa indiferente
a mi canción de amor desesperada.
             
Una yegua de celos colorada
corre llena de furia por mi frente
y galopa de oriente hasta occidente
en busca de tu falsa coartada...
             
Porque yo sé de más que en esta hora
hay alguien que los labios te devora
y comparte la cepas de tu vino.
   Mas, como de perderte tengo miedo,
no ahondo en la maraña de tu enredo
y comulgo con ruedas de molino.
             
IV
Peso poco en tu vida, casi nada,
como un leve rumor, como una brisa,
como un sorbo de fresca limonada
bebido sin calor y a toda prisa.
             
No adelanto el compás de tu pisada,
ni distraigo la salve de tu misa,
y en tu frente de nardo desvelado
no llego ni a recuerdo ni a sonrisa.
             
Y en cambio tú eres todo, mi locura,
mi monte, mi canción, mi mar templado,
el pulso de mi sangre, la llanura
    donde duermo sin sueño ni pecado,
y el andamio en que apoyo con ternura
este amor que nació ya fracasado.

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