viernes, 16 de febrero de 2018

Pan, Gabriela Mistral

Dejaron un pan en la mesa, 
mitad quemado, mitad blanco, 
pellizcado encima y abierto 
en unos migajones de ampo.

Me parece nuevo o como no visto, 
y otra cosa que él no me ha alimentado, 
pero volteando su miga, sonámbula, 
tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche, 
huele a tres valles por donde he pasado: 
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui, 
y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia 
y por eso él así me ha llamado; 
y no hay nadie tampoco en la casa 
sino este pan abierto en un plato, 
que con su cuerpo me reconoce 
y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas 
el mismo pan en cien hermanos: 
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca, 
pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado

Gabriela Mistral


Después le olvidé, hasta este día 
en que los dos nos encontramos, 
yo con mi cuerpo de Sara vieja 
y él con el suyo de cinco años.

Amigos muertos con que comíalo 
en otros valles, sientan el vaho 
de un pan en septiembre molido 
y en agosto en Castilla segado.

Es otro y es el que comimos 
en tierras donde se acostaron. 
Abro la miga y les doy su calor; 
lo volteo y les pongo su hálito.

La mano tengo de él rebosada 
y la mirada puesta en mi mano; 
entregó un llanto arrepentido 
por el olvido de tantos años, 
y la cara se me envejece 
o me renace en este hallazgo.

Como se halla vacía la casa, 
estemos juntos los reencontrados, 
sobre esta mesa sin carne y fruta, 
los dos en este silencio humano, 
hasta que seamos otra vez uno 
y nuestro día haya acabado...

El 12 de diciembre de 1914 obtuvo el primer premio en el concurso de literatura de los «Juegos Florales» organizados por la Fech en Santiago, por sus Sonetos de la muerte.

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