La gran pluma de Lope de Vega, sonetos


Pasé la mar cuando creyó mi engaño

Pasé la mar cuando creyó mi engaño
que en él mi antiguo fuego se templara;
mudé mi natural porque mudara
naturaleza el uso, y curso el daño.

En otro cielo, en otro reino extraño,
mis trabajos se vieron en mi cara,
hallando, aunque otra edad tanta pasara,
incierto el bien y cierto el desengaño:

el mismo amor me abrasa y atormenta
y de razón y libertad me priva.
¿Por qué os quejáis del alma que le cuenta?

¿Que no escriba, decís, o que no viva?
Haced vos con mi amor que yo no sienta
que yo haré con mi pluma que no escriba.
Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?

Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?
Llamad desde la posta, Garcilaso.
¿Quién es? Dos caballeros del Parnaso.
No hay donde nocturnar palestra armada.

No entiendo lo que dice la criada.
Madona, ¿qué decís? Que afecten paso,
que ostenta limbos el mentido ocaso
y el sol depingen la porción rosada.

¿Estás en ti, mujer? Negóse al tino
el ambulante huésped. ¡Que en tan poco
tiempo tal lengua entre cristianos haya!

Boscán, perdido habemos el camino;
preguntad por Castilla, que estoy loco
o no habemos salido de Vizcaya.



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