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Rima LXXII. Gustavo Adolfo Bécquer

Cerraron sus ojos 
que aún tenía abiertos, 
taparon su cara 
con un blanco lienzo, 
y unos sollozando, 
otros en silencio, 
de la triste alcoba 
todos se salieron.

La luz que en un vaso 
ardía en el suelo, 
al muro arrojaba 
la sombra del lecho; 
y entre aquella sombra 
veíase a intervalos 
dibujarse rígida 
la forma del cuerpo.
Despertaba el día, 
y, a su albor primero, 
con sus mil ruidos 
despertaba el pueblo. 
Ante aquel contraste 
de vida y misterio, 
de luz y tinieblas, 
yo pensé un momento:

Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos...

Nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer. Para saber más pulse aquí.

Sonetos de don Luis de Góngora.

La muerte de un caballero

Ave real de plumas tan desnuda, 
Que aun de carne voló jamás vestida, 
Cuya garra, no en miembros dividida, 
Inexorable es guadaña aguda;

Lisonjera a los cielos o sañuda 
Contra los elementos de una vida, 
Florida en años, en beldad florida, 
Cuál menos piedad árbitra lo duda,

No a deidad fabulosa hoy arrebata 
Garzón, que en vez del venatorio acero 
Cristal ministre impuro, si no alado

Espíritu que, en cítara de plata, 
Al Júpiter dirige verdadero 
Un dulce y otro cántico sagrado.
De los mismos.

Peinaba al sol Belisa sus cabellos 
Con peine de marfil, con mano bella; 
Mas no se parecía el peine en ella 
Como se escurecía el sol en ellos.

En cuanto, pues, estuvo sin cogellos, 
El cristal sólo, cuyo margen huella, 
Bebía de una y otra dulce estrella 
En tinieblas de oro rayos bellos.

Fileno en tanto, no sin armonía, 
Las horas acusando, así invocaba 
La segunda deidad del tercer cielo:

«Ociosa, Amor, será la dicha mía, 
Si lo que debo a plumas de tu aljaba 
No lo fomentan plumas de tu vuelo».





















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica...Para saber más pulse aquí.

Poesia Luis de Góngora.

Una moza de alcobendas 
sobre su rubio tranzado 
pidió la fe que le he dado, 
porque eran de oro las prendas; 
concertados sin contiendas 
nuestros dulces desenojos, 
me pidió sobre sus ojos 
por lo menos un doblón; 
yo, aunque de esmeralda son, 
se le libré en tremecén.

 ¿hice bien? 
     
En el dedo de un doctor 
engastado en oro vi 
un finísimo rubí, 
porque es siempre este color 
el antídoto mejor 
contra la melancolía; 
yo, por alegrar la mía, 
un rubí desaté en oro; 
el rubí me lo dio toro, 
el oro ciudad real. 

¿hice mal?
      















Luis de Góngora, Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema pícaro o de tono más personal y lírico...para saber más pulse aquí.

Amada, Pastora mía...

Amada pastora mía,
tus descuidos me maltratan,
tus desdenes me fatigan,
tus sinrazones me matan.

A la noche me aborreces
y quiéresme a la mañana;
ya te ofendo a medio día,
ya por la tarde me llamas;

agora dices que quieres,
y luego que te burlabas,
ya ríes mis tibias obras,
ya lloras por mis palabras.

Cuando te dan pena celos
estás más contenta y cantas;
y cuando estoy más seguro
parece que te desgracias.

A mi amigo me maldices
y a mi enemigo me alabas;
si no te veo me buscas,
y si te busco te enfadas.

Partíme una vez de ti,
lloraste mi ausencia larga,
y agora que estoy contigo
con la tuya me amenazas.

Sin mar ni montes en medio,
sin peligro ni sin guardas,
mar, montes y guardas tienes
con una palabra airada.
Las paredes de tu choza
me parecen de montaña,
un mar el llegar a vellas
y mil gracias tus desgracias.

Como tienes en un punto
el amor y la mudanza,
pero bien le pintan niño,
poca vista y muchas alas.

Si Filis te ha dado celos,
el tiempo te desengaña,
que como ella quiere a uno
pudo por otra dejalla.

Si el aldea lo murmura,
siempre la gente se engaña,
y es mejor que tú me quieras
aunque ella tenga la fama.

Con esto me pones miedo
y me celas y amenazas:
si lloras, ¿cómo aborreces?
y si burlas, ¿cómo amas?—».

Esto Belardo decía
hablando con una carta,
sentado al pie de un olivo
que el dorado Tajo baña.




Lope de Vega





































Niño muy precoz, leía latín y castellano ya a los cinco años. A la misma edad compone versos. Siempre de acuerdo con su testimonio, a los doce escribe comedias Yo las componía de once y doce años  de a cuatro actos y de a cuatro pliegos porque cada acto un pliego contenía. Es posible que su primera comedia fuese, como el mismo Lope afirmaría en la dedicatoria de la obra a su hijo Lope, El verdadero amante...Para saber más pulse aquí.

Dos sonetos de Gabriel Bocángel

A un ruiseñor

Abril volante, viva primavera, 
tan viva, que engañado en tus colores, 
te dio el tiempo el castigo de las flores, 
que el invierno a su vida parca es fiera. 

No moriste, volaste a más esfera,  
pues Filis hoy te anima con dolores; 
bien es que muera quien cantaba amores, 
yo sé quien calla, aunque de amores muera. 

Tu muerte procuraste, para verte 
compadecido de quien vive ajena  
de dolerse de un vivo enamorado. 

¡Oh infeliz en la vida, y en la muerte! 
vivo, no la causaste amante pena, 
muerto, no te aprovecha su cuidado.
A un soldado

Tu obstinado cadáver nos advierte 
que hay vida muerta, pero no vencida, 
pues solo en tu valor, solo en tu vida, 
algo miró después de sí la muerte. 

Fuerte es la Parca, pero tú más fuerte:
no se debió a su golpe tu caída 
tú contra ti la ayudas ya rendida, 
¿qué quién pudiera, sino tú, vencerte? 

Tú dividiste el trance indivisible 
de morir y postrarte, tan altivo, 
que en el daño común no hallas ejemplo. 

¿Cuánto más que inmortal, y que invencible 
contemplaré que fuiste, cuando vivo, 
si el cadáver intrépido contemplo?






















Gabriel Bocángel, estudió en Toledo y en Alcalá de Henares. Dominó el español, el italiano, el latín y tal vez el griego clásico. Desde 1629 desempeñó el cargo de Bibliotecario del Cardenal Infante don Fernando de Austria, hermano menor de Felipe IV, y otros elevados puestos en la corte. En 1637 se casó en primeras nupcias con Eugenia Bolero, que falleció a los catorce meses...Para saber más pulse aquí.

Sonetos satíricos entre Gongora y Quevedo.

A Gongora

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.
A una nariz.

Erase un hombre a una nariz pegado,
erase una nariz superlativa,
erase una nariz sayón y escriba,
erase un pez espada muy barbado.

Erase un reloj de sol mal encarado,
erase un alquitara pensativa,
erase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón mas narizado.

Erase un espolón de una galera,
erase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.

Erase un narcisismo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.





















Se cuenta que Don Luis de Góngora y Don Francisco de Quevedo, dos de los grandes poetas del Siglo de Oro y mayores representantes de dos diferentes tendencias literarias (Culteranismo y Conceptismo), eran acérrimos enemigos. Sus enfrentamientos literarios son una divertida muestra de su arte y de su gran talento. También a la hora de insultar...

Dos sonetos de don Luis de Góngora, siglo de oro.

De pura honestidad templo sagrado,
cuyo bello cimiento y gentil muro,
de blanco nácar y alabastro duro
fue por divina mano fabricado;

Pequeña puerta de coral preciado,
claras lumbreras de mirar seguro,
que a la esmeralda fina el verde puro
habéis para viriles usurpado;

Soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto en torno gira,
ornan de luz, coronan de belleza;

Ídolo bello, a quien humilde adoro,
oye piadoso al que por ti suspira,
tus himnos canta, y tus virtudes reza.
Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo que la llama al Fénix aun le niega
quiere obstinada que a sus alas guarde,

Pues en su daño arrepentida tarde,
del esplendor solicitada, llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo que arde;

Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja breve,
¡suma felicidad a yerro sumo!

No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo, sí, cuanto más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.




















Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. Para saber más de su vida y obra, pulse aquí.
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