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A una dama que conoció niña



Si Amor entre las plumas de su nido
Prendió mi libertad, ¿qué hará ahora,
Que en tus ojos, dulcísima señora,
Armado vuela, ya que no vestido?

Entre las vïoletas fui herido
Del áspid que hoy entre los lilios mora;
Igual fuerza tenías siendo aurora,
Que ya como sol tienes bien nacido.

Saludaré tu luz con voz doliente,
Cual tierno ruiseñor en prisión dura
Despide quejas, pero dulcemente.

Diré como de rayos vi tu frente
Coronada, y que hace tu hermosura
Cantar las aves, y llorar la gente.

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561-Córdoba, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde, y con simplificación perpetuada durante siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada a lo largo de los siglos en Europa y América. Para saber más pulse aquí.

Góngora, sonetos satíricos...


Señores Corteggiantes, ¿quién sus días 
De codicioso gasta o lisonjero 
Con todos estos príncipes de acero 
Que me han desempedrado las encías?

Nunca yo tope con Sus Señorías, 
Sino con media libra de carnero, 
Tope manso, alimento verdadero, 
De Jesuitas sanctas Compañías.

Con nadie hablo, todos son mis amos, 
Quien no me da, no quiero que me cueste; 
Que un árbol grande tiene gruesos ramos.

No me pidan que fíe ni que preste, 
Sino que algunas veces nos veamos, 
Y sea el fin de mi soneto éste.

El Conde mi señor se fue a Napoles; 
El Duque mi señor se fue a Francia: 
Príncipes, buen viaje, que este día 
Pesadumbre daré a unos caracoles.

Como sobran tan doctos españoles, 
A ninguno ofrecí la Musa mía; 
A un pobre albergue sí, de Andalucía, 
Que ha resistido a grandes, digo soles.

Con pocos libros libres (libres digo 
De expurgaciones) paso y me paseo, 
Ya que el tiempo me pasa como higo.

No espero en mi verdad lo que no creo: 
Espero en mi conciencia lo que sigo: 
Mi salvación, que es lo que más deseo.

























Durante una estancia en la Corte de Valladolid se enemistó con Quevedo, a quien acusó de imitar su poesía satírica bajo pseudónimo. En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la tensión estética y el barroquismo de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache y en 1613 el Polifemo, un poema en octavas que parafrasea un pasaje mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, para saber más pulse aquí.

Dos sonetos don Luis de Gongora

A Júpiter

Tonante monseñor, ¿de cuándo acá 
Fulminas jovenetos? Yo no sé 
Cuánta pluma ensillaste para el que 
Sirviéndote la copa aún hoy está.

El garzón frigio, a quien de bello da 
Tanto la antigüedad, besara el pie 
Al que mucho de España esplendor fue, 
Y poca, mas fatal, ceniza es ya.

Ministro, no grifaño, duro sí, 
Que en Líparis Estérope forjó 
(Piedra digo bezahar de otro Pirú)

Las hojas infamó de un alhelí, 
Y los Acroceraunios montes no. 
¡Oh Júpiter, oh, tú, mil veces tú!
Al serenísimo Infante Cardenal 

Purpúreo creced, rayo luciente 
Del Sol de las Españas, que en dorado 
Ya trono el Tíber os verá sagrado 
Leyes dar algún día a su corriente.

De coronas entonces vos la frente, 
Vuestro Padre de orbes coronado, 
Deba el mundo un redil, deba un cayado 
A vuestras llaves, a su espada ardiente.

Creced a fines tan esclarecidos, 
Oh vos, a cuyo glorïoso manto 
Sombra son eritreos esplendores,

Y en quien debidamente repetidos 
De vuestros dos se ven progenitores 
El nombre, lo católico, lo santo.





















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el ¡Príncipe de la Luz¡, que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el ¡Príncipe de las Tinieblas¡, en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles...Para saber más pulse aquí.

Ya no más...

Ya no más, ceguezuelo hermano, 
Ya no más.

Baste lo flechado, Amor, 
Más munición no se pierda; 
Afloja al arco la cuerda 
Y la causa a mi dolor; 
Que en mi pecho tu rigor 
Escriben las plumas juntas, 
Y en las espaldas las puntas 
Dicen que muerto me has.

Ya no más, ceguezuelo hermano, 
Ya no más.

Para el que a sombras de un robre 
Sus rústicos años gasta, 
El segundo tiro basta, 
Cuando el primero no sobre; 
Basta para un zagal pobre 
La punta de un alfiler; 
Para Bras no es menester 
Lo que para Fierabrás.
Ya no más, ceguezuelo hermano, 
Ya no más.

Tan asaeteado estoy, 
Que me pueden defender 
Las que me tiraste ayer 
De las que me tiras hoy; 
Si ya tu aljaba no soy, 
Bien a mal tus armas hechas, 
Pues a ti te faltan flechas 
Y a mí donde quepan más.

Ya no más, ceguezuelo hermano, 
Ya no más.

La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta la época Neoclásica. Para saber más pulse aquí. 

Al tronco Filis de un laurel sagrado ...Gongora

Al tronco Filis de un laurel sagrado 
Reclinada, el convexo de su cuello 
Lamía en ondas rubias el cabello, 
Lascivamente al aire encomendado.

Las hojas del clavel, que había juntado 
El silencio en un labio y otro bello, 
Violar intentaba, y pudo hacello, 
Sátiro mal de hiedras coronado;

Mas la invidia interpuesta de una abeja, 
Dulce libando púrpura, al instante 
Previno la dormida zagaleja.

El semidiós, burlado, petulante, 
En atenciones tímidas la deja 
De cuanto bella, tanto vigilante.
Al tronco descansaba de una encina 
Que invidia de los bosques fue lozana, 
Cuando segur legal una mañana 
Alto horror me dejó con su rüina.

Laurel que de sus ramas hizo dina 
Mi lira, ruda sí, mas castellana, 
Hierro luego fatal su pompa vana 
(Culpa tuya, Calíope) fulmina.

En verdes hojas cano el de Minerva 
Árbol culto, del Sol yace abrasado, 
Aljófar, sus cenizas, de la yerba.

¡Cuánta esperanza miente a un desdichado! 
¿A qué más desengaños me reserva, 
A qué escarmientos me vincula el hado?



















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el ¡Príncipe de la Luz¡, que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el ¡Príncipe de las Tinieblas¡, en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles...Para saber más pulse aquí.

A un sueño...

 Varia imaginación que, en mil intentos, 
A pesar gastas de tu triste dueño 
La dulce munición del blando sueño, 
Alimentando vanos pensamientos,

Pues traes los espíritus atentos 
Sólo a representarme el grave ceño 
Del rostro dulcemente zahareño 
Gloriosa suspensión de mis tormentos,

El sueño, autor de representaciones, 
En su teatro, sobre el viento armado, 
Sombras suele vestir de bulto bello.

Síguele; mostraráte el rostro amado, 
Y engañarán un rato tus pasiones 
Dos bienes, que serán dormir y vello.
Aunque a rocas de fe ligada vea 
Con lazos de oro la hermosa nave 
Mientras en calma humilde, en paz süave 
Sereno el mar la vista lisonjea;

Y aunque el céfiro esté porque le crea. 
Tasando el viento que en las velas cabe, 
Y el fin dichoso del camino grave 
En el aspecto celestial se lea,

He visto blanqueando las arenas 
De tantos nunca sepultados huesos, 
Que el mar de Amor tuvieron por seguro,

Que dél no fío, si sus flujos gruesos 
Con el timón o con la voz no enfrenas, 
Oh dulce Arión, oh sabio Palinuro.
























Góngora no dejó de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso. Descaminado, enfermo, peregrino...Para saber mas pulse aquí.

Don Luis de Gongora, sonetos.

Cual parece al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha artificiosas
bordadura de perlas sobre grana,
               
tales de mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezcladas leche y sangre mana,

lanzando a vueltas de su tierno llanto
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera:

si enternecer bastara un duro canto,
mirad qué habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera. 
Culto jurado, si mi bella dama,
en cuyo generoso mortal manto
arde, como en cristal de templo santo,
de un limpio amor la más ilustre llama,

tu musa inspira, vivirá tu fama
sin invidiar tu noble patria a Manto,
y honrarte ha, en premio de tu dulce canto,
no de verde laurel caduca rama,

sino de estrellas inmortal corona.
Haga, pues, tu dulcísimo instrumento
bellos efectos, pues la causa es bella,

que no habrá piedra, planta, ni persona,
que suspensa no siga el tierno acento,
siendo tuya la voz, y el canto della.






















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas» Para saber mas pulse aquí.

Dos sonetos de Góngora.

A este que admiramos en luciente, 
Émulo del diamante, limpio acero, 
Igual nos le dio España caballero 
Que de la guerra Flandes rayo ardiente.

Laurel ceñido, pues, debidamente, 
Las coyundas le fían del severo 
Suave yugo, que al lombardo fiero 
Le impidió sí, no le oprimió la frente.

¿Qué mucho si frustró su lanza arneses, 
Si fulminó escuadrones ya su espada, 
Si conculcó estandartes su caballo?

Del Cambresí lo digan los franceses: 
Mas no lo digan, no, que en trompa alada 
Musa aun no sabrá heroica celebrallo.
Al sol peinaba Clori sus cabellos 
Con peine de marfil, con mano bella; 
Mas no se parecía el peine en ella 
Como se obscurecía el sol en ellos.

Cogió sus lazos de oro, y al cogellos, 
Segunda mayor luz descubrió aquella 
Delante quien el Sol es una estrella 
Y esfera España de sus rayos bellos.

Divinos ojos, que en su dulce Oriente 
Dan luz al mundo, quitan luz al cielo, 
Y espera idolatrallos Occidente.

Esto Amor solicita con su vuelo, 
Que en tanto mar será un arpón luciente 
De la Cerda inmortal mortal anzuelo.



















Luis de Góngora, su obra. Las Soledades causaron un gran escándalo por su atrevimiento estético y su oscuridad hiperculta, y a veces tras este debate es el disgusto ante la temática homosexual. Las atacaron Francisco de Quevedo, Lope de Vega, el conde de Salinas y Juan de Jáuregui...Para saber más pulse aquí.
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