La cautiva, Espronceda



Ya el sol esconde sus rayos, 
el mundo en sombras se vela, 
el ave a su nido vuela. 
Busca asilo el trovador.
 
Todo calla: en pobre cama 
duerme el pastor venturoso: 
en su lecho suntuoso 
se agita insomne el señor. 

Se agita; mas ¡ay! reposa 
al fin en su patrio suelo; 
no llora en mísero duelo 
la libertad que perdió. 

Los campos ve que a su infancia 
horas dieron de contento, 
su oído halaga el acento 
del país donde nació. 

No gime ilustre cautivo 
entre doradas cadenas, 
que si bien de encanto llenas, 
al cabo cadenas son. 

Si acaso, triste lamenta, 
en torno ve a sus amigos, 
que, de su pena testigos, 
consuelan su corazón. 

La arrogante erguida palma 
que en el desierto florece, 
al viajero sombra ofrece, 
descanso y grato manjar.
Y, aunque sola, allí es querida 
del árabe errante y fiero, 
que siempre va placentero 
a su sombra a reposar. 

Mas ¡ay triste! yo cautiva, 
huérfana y sola suspiro, 
el clima extraño respiro, 
y amo a un extraño también. 

No hallan mis ojos mi patria; 
humo han sido mis amores; 
nadie calma mis dolores 
y en celos me siento arder. 

¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?, 
no puedo ni ceder a mi tristura, 
ni consuelo en mi amargura 
podré jamás encontrar. 

Supe amar como ninguna, 
supe amar correspondida; 
despreciada, aborrecida, 
¿no sabré también odiar? 

¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! 
La infeliz Zoraida ahora 
sólo venganzas implora, 
ya condenada a morir. 

No soy ya del castellano 
la sumisa enamorada: 
soy la cautiva cansada 
ya de dejarse oprimir.

Para saber más pulse  aquí

Y seguimos en silencio


Hoy os dejo con este poema reflexión que escribió mi hijo Miguel Ángel...

Tus silencios son tan largos, tan profundos y tan dañinos 
que te duelen en el alma mas que los golpes de sus nudillos.
Tus silencios son culpables porque ocultan a un canalla, 
tu silencio es inocente, ya no valen las palabras.

Silencio en tu barrio, silencios vecinos
silencio al trabajo, silencios de amigos, y te cuestionan...
que hay silencios que se olvidan y otros hay que no perdonan,
que cobarde es tu silencio cuando aceptas tu destino!
que silencio mas valiente cuando callas por tus hijos.

Tus silencios son mentiras que descubre tu mirada
tus silencios son verdades que le escupes a la cara,
no permitas que te calle, no le prestes tu silencio
que un silencio manejable será tu cruz y tu tormento.

Tu que de un silencio en tu cuerpo concibes la vida
y ahora te matan tus propios silencios
silencio que el maltrato lleva adentro
siguen muriendo mujeres y nosotros...

EN SILENCIO!!!
Y SEGUIMOS EN SILENCIO.


Líbame mariposa...


Mi crisálida se convierte en mariposa
para libar de tu cáliz la ambrosía
y beber de cada poro de tu piel
la miel que te produce hacerte mía.

Temblando entre sollozos entrecortados
te dejas que te libe lentamente.
te recorro con mi lengua poderosa
desde el sur hasta tus pechos prominentes.

Te apoderas de mi espada en el viaje
y se pierde en el volcán de tu pasión,
movimientos y vaivenes tormentosos,
estallando gritos desde  el corazón.

Los sollozos se apoderan de mi alma
llantos de felicidad y llantos de amor
lagrimas de consuelo que no conocía
lagrimas que surgen del corazón.

Quedará para siempre en mi alma prendida
ese gran momento en que te amé
soñaré cada noche con esa ambrosía
de tus poros mi amor donde me sacié
y renacerá de nuevo mis ansias cautivas
para libarte de nuevo hasta el amanecer...

Autor:  


¿Recuerdas San Valentín?



Recuerdas mi dulce amor
el primer San Valentín
con las esperanzas vivas
y una vida por vivir
donde no tenia mas sueños
que tenerte junto a mi.

Recuerdas cuando con rosas
y temblándome hasta el alma
poniendo toda mi calma
un beso ardiente te daba
y veía en esos ojos
la pasión de tu mirada.
Recuerdas esos dulces días
donde por ti yo perdía
hasta el aire junto a ti
y con besos de ternura
me llevabas a la locura
por sentirme tan feliz...

Mis sueños no terminaron
con el paso de los años
mis sueños no se acabaron
aunque si que yo te extraño
en este día de amor
cuando no estas a mi lado.


Un soplo de fuego


Quiero recibir tu soplo
Que me quemes como lava
Y se me clave en el pecho
Como se clava una daga.

Que el calor de un soplo tuyo
Será ese regalo pendiente
Que sobre mi pecho profundo
Se quedará para siempre.
Dame un soplo que me sepa
A fuente de amor y vida
Que me caliente las venas
Y calcine mis heridas…

Voy a sentirte en mi pecho
Con tus besos incandescentes
Con calor de puro fuego
Que me queme lentamente…


El coronavirus está matando a mucho tonto

 

La estupidez humana parece no tener límites y da igual que no enfrentemos a una pandemia global, algunos siguen a lo suyo.

Los negacionistas del coronavirus son otra secta destructiva que ponen en riesgo la salud y la vida de los demás, pero a veces (casi como un caso de justicia cósmica) tienen que asumir hasta el trágico final su disparatada locura.

Así dos descerebrados, de esos que subían a sus perfiles de redes sociales fotografías negando la gravedad de la pandemia y desafiando las medidas de distanciamiento social y uso de mascarillas, se han topado finalmente con un virus que ellos mismos proclamaban en internet que no existía.

Y el resultado no puede ser más revelador: tanto la influencer brasileña como el inglés, que se reían de todo el mundo por tener miedo a un virus que ya ha matado a más de un millón de personas, se infectaron y han terminado falleciendo.

Por todo ello (y aunque pueda sonar a desconsiderado) únicamente hay que constatar que hoy en el mundo quedan dos tontos menos, porque estos semideficientes no eran unos pastores de cabras que vivían en una aldea remota de Afganistán, sino en países civilizados y tenían al alcance de un par de clics de ratón toda la información generada en este último año sobre el tema. Pero ellos en su prepotente ignorancia decidieron "pensar" que sabían más que científicos, médicos y autoridades sanitarias, por lo que han pagado con su vida su estulticia.

P.D:

Y mientras tanto otro negacionista, este encima criminal, se ha dedicado a sacar de los congeladores de un hospital estadounidense varios cientos de dosis de vacunas contra el coronavirus para que así se inactivaran y las personas que luego las utilizaron quedaran desprotegidas. Ahora se enfrenta a la posibilidad de pasar 20 años en la cárcel si el juez encargado de su sentencia tiene en cuenta el peligro que ha supuesto para la vida de sus convecinos.  

Frases de Víctor Hugo


1 «Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga»

2 «La melancolía es la felicidad de estar triste»

3 «El infierno está todo en esta palabra: soledad»

4 «Los volcanes arrojan piedras, y las revoluciones hombres»

5 «La tolerancia es la mejor religión»

6 «Inspiración y genio son casi la misma cosa»

7 «Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien»

8 «Ningún ejército puede detener la fuerza de una idea cuando llega a tiempo»

9 «Nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria está en convencer»


Como una sola flor desesperada.


Lo quiero con la sangre, con el hueso,
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,

y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.

Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.

Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.

Juana de Ibarbourou (Fernández Morales, de soltera), también conocida como Juana de América (Melo, Uruguay, 8 de marzo de 1892-Montevideo, 15 de julio de 1979), fue una poeta uruguaya. Es considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de principios del siglo XX, para saber más pulse aquí.

Los cuentos de Canterbury


Los cuentos de Canterbury (en inglés medio, Tales of Caunterbury; en inglés, The Canterbury Tales) es una colección de veinticuatro cuentos escritos en inglés medio por el escritor inglés Geoffrey Chaucer entre 1387 y 1400. Fueron escritos en su mayoría en verso, aunque hay dos en prosa, y son presentados como parte de una competencia de narración de historias de un grupo de peregrinos durante un viaje de Londres a Canterbury para visitar el santuario de Tomás Becket en la catedral de dicha ciudad. El premio es una comida en la taberna Tabard de Southwark a su regreso. 

Los cuentos presentan una estructura semejante a El Decamerón de Boccaccio. Los cuentos de Canterbury es una de las obras más importantes de la literatura inglesa, y quizás la mejor obra de la Edad Media en Inglaterra. Fue la última obra de Geoffrey Chaucer, quien en 1386 fue nombrado Contralor de Aduana y Justicia de Paz y en 1389 Escribano de la obra del Rey. La versión de la obra que prevalece hoy en día procede de dos manuscritos ingleses diferentes, el Ellesmere y los manuscritos Hengwrt. Su mayor contribución a la literatura inglesa fue la popularización del inglés vernáculo en la literatura, en oposición al francés, el italiano y el latín. 

Sin embargo, el inglés había sido utilizado como idioma literario siglos antes de Chaucer y varios de sus contemporáneos como John Gower, William Langland, el Poeta Pearl y Juliana de Norwich también escribieron obras literarias prominentes en inglés. Es incierto hasta qué punto fue Chaucer crucial en la evolución de esta preferencia literaria.

Un grito mudo

 


Me alcanza un repentino desconcierto, 
la extraña aparición de un imprevisto 
que logra sujetarme y retenerme 
en medio de un intenso escalofrío. 

El corazón me sale por la boca, 
se aleja la razón sin previo aviso, 
es tanta la tensión que en mi produce 
que dudo si estoy muerto o sigo vivo.
 
Oh, cielos! Cerrar quieran hoy mis ojos 
y alejen el mal sueño apercibido 
tanta es la sequedad que no me sale 
por mucho que lo intento ni un suspiro.

Juro que por correr no faltan ganas 
mas conseguir lograrlo es ya distinto, 
apenas que lo intento el plomo es tanto 
que no puedo escapar, no lo consigo.
 
Intento hallar la calma por ventura 
pero, yo,  no soy yo... no soy el mismo, 
soy un fajo de nervios y a la espera 
de que el miedo se aleje del pasillo.
 
¡Que salga ya el valor de su escondite! 
Que dejen de temblar por el peligro 
las fuerzas que de golpe y sin razón 
dejaron en mi boca un mudo grito.


Los reyes magos



Ya tenemos aquí los Reyes
y la ilusión está servida
aunque protegidos vienen
nos traerán cien maravillas.

Vacunas, geles y disgustos
mascarillas para todo el año
más confinamiento y sustos
más pobreza y desengaños.

Y si no te hace ilusión
tantos regalos de oriente
renuncia con convicción
y muérete un poco más tarde.

Aunque yo lo pensaría
y antes de dejar la vacuna
con Belcebú pactaría
inyectándomela en las venas.

Piensa con cordura hermano
usa gel y mascarilla
y lávate bien las manos
hasta que lleguen a Sevilla.


¿Sera que me volví loco?...

Entre la hiedra del campo
retoza como una diosa
mujer de cuerpo divino
suave y de piel hermosa.

Vestida tiene su alma
de sueños apasionado
desnudo su hermoso cuerpo
esperando ser gozado.

¿Sera que me volví loco?...
¿sera que estoy alucinando?...
si con los ojos abiertos
parece que estoy soñando.

Rozo con suaves caricias
esa piel de terciopelo
y fabrico corazones
con las trenzas de su pelo.

Mis labios se hacen pinceles
dibujando besos ardientes
desde el sur a las planicies
desde sus pechos a su frente.

¿Sera que me volví loco?...
¿será que estoy alucinando?...
si con los ojos cerrados
la veo y la estoy amando
y  el mismo sol se retira
para que siga soñando...


Un alegre funeral

Los funerales nunca son alegres, pero el de este 2020 va a ser para todos una gran fiesta, porque enterrar este nefasto año será para muchos dejar atrás una pesadilla a la que a esta pandemia arrebató a seres queridos y a muchos amigos cambiando nuestras vidas.

Maldito dos mil veinte
entre otros años malditos
tú fuiste semáforo verde
al sufrimiento infinito.

Llegaste sin avisar
y entre sofocos ahogados
al hospital me has llevado
para no salir jamás...

¿Cómo quieres que te quiera?
voy a enterrarte bailando
y espero pronto te pudras
mientras yo sigo gozando.

Autor:  

1.717.055 de muertos, ¿feliz navidad?


Con la cifra de muertos cabalgando hacia los dos millones de personas, este año me resulta muy difícil desear una Feliz Navidad, pero es lo que deseo para todos desde lo más profundo de mi alma...

Lo más importante es no dejarse llevar por esta situación en la que nos encontramos y tener la convicción de que esta situación va a desembocar en una situación más amable para todos. No es la primera vez que la humanidad ha pasado por graves pandemias y la hemos superado, no tenemos motivos para pensar que en esta ocasión va a ser diferente, solo tenemos que tomarnos la situación con fe y la esperanza de que pronto todo esto se va a normalizar si nosotros ponemos de nuestra parte para evitar los contagios...

Esta en nosotros el ayudarnos mutuamente para frenar esta situación para que mas pronto que tarde, regresemos a la normalidad con una vida plena y feliz...Este es mi mas ferviente deseo para todos con la esperanza de saber que la tranquilidad está por llegar pronto a nuestras vidas...

Autor:  

Justino Andrade, historia


Conocí a don Justino Andrade cuando él bordeaba sus floridos ochenta años y yo fatigaba mis treinta, enredada entre los turnos de un marido taxista y el infierno de tres hijos varones. Frente a mi casa había entonces una pensión: La Dorotea, chica, modesta. La dueña era doña Amparo, una española viuda y sin hijos. Mujer de mucho temple, gran cocinera, quien con la ayuda de una empleada mantenía la pensión como un jaspe. Y allí llegó un día don Justino. Un día de invierno frío y seco.

Lo vi en una de mis corridas al almacén entre el desayuno y el almuerzo. Lo recuerdo entrando a La Dorotea. Vestía un gastado sobretodo gris, sombrero negro y un poncho blanco y celeste terciado al hombro. Como único equipaje traía una pequeña valija. Lo vi y lo olvidé en el acto. Un día, sin embargo, comencé a fijarme en él. Pese a lo crudo del invierno, solía sentarse mañana y tarde en la vereda de su pensión armando sin apuro su cigarro y con el amargo siempre ensillado. Puse atención en él, pues vi que siempre me observaba en mis idas y venidas. Una mañana cruzó.
Buen día doña.
Buen día.
No se mate tanto m’hija. Vive la vida disparando pues. Pare un poco. ¿Pa’qué corre tanto?
Yo barría la vereda. Detuve la escoba para contestarle un disparate y me encontré con sus ojos sinceros, su mano callosa sosteniendo el mate y le contesté:
Qué más remedio don. Si no corro no me da el tiempo.
¿Y pa’que quiere que el tiempo le dé? Lo que no se hace hoy se hará mañana.

Desde ese día fuimos amigos. Me gustaba llamarlo después de almorzar. Nos sentábamos en la cocina. Él traía el amargo. Yo tomaba un café y conversábamos. Se sentaba junto a la ventana apoyado en la mesa. Miraba hacia afuera fumando pausadamente y me contaba historias.

Había nacido en una estancia de Santa Bernardina a fines del siglo diecinueve. Hijo de la cocinera, nunca supo si su padre fue el estanciero o el capataz. No se lo dijeron y él no preguntó. Apenas cumplidos los catorce años se unió a una tropa de insurgentes. Vivió a campo y cielo. Peleando en guerrillas internas. Fue herido de sable en el combate de Illescas, durante la guerra civil de 1904. Fue su última patriada

Enfermo y debilitado, consumido por alta fiebre, acompañó a su General hasta el arroyo Cordobés cuando éste se dirigía hacia Melo. No volvió a guerrear. Se estableció en La Amarilla hasta restablecer su quebrantada salud. Allí vivió cerca de la casa que en los tiempos heroicos habitara Doña Cayetana María Leguizamón, una paraguaya apodada La Guaireña, que según se dice fue amante de Rivera.

Me contó del dolor que lo aguijoneó cuando en enero del 21 vio pasar por Durazno, rumbo a Montevideo, el tren expreso que transportaba desde Rivera los restos de su General. Don Justino me contó su vida con simpleza. Como un cuento. Me dijo que nunca se casó, pero que creía tener tres o cuatro hijos por ahí. Hurgando en sus recuerdos me confesó que sólo una vez, se había enamorado de verdad. Pero que había mirado muy alto. Ella era la esposa de un hacendado. Una muchacha joven y muy bonita casada con un portugués viudo y con hijos.

Una primavera antes de terminar la zafra, ensilló su tordillo y se fue. Le faltaron agallas para pelearla y llevársela con él. No se arrepintió. No hubiese soportado vivir preso de una mujer. Él necesitaba el aire, el viento en la cara, el sol por los caminos, y el andar de pago en pago llevando la luna de compañera. No fue hombre de quedarse en ninguna parte. Fue domador y guitarrero. Anduvo esquilando por el Norte del país, solo o en comparsas. Diestro con la taba y muy enamorado. Andariego. Por eso no tenía historia propia. Ni familia. Ni amigos. Sólo anécdotas, historias de otros. Recuerdos. Y su visión de la vida, su filosofía aprendida de tanto andar y de tanto vivir. Casi iletrado, de espíritu rebelde, reaccionando siempre ante la injusticia social, fue don Justino un soñador de ideas avanzadas que muchos siguen soñando. En aquellas tardes de café y amargo descubrí en don Justino a un hombre íntegro, sincero hasta la exageración, simple y sabio.

Aprendí de él a darle otro ritmo a mi vida. A tomarme mi tiempo. A creer en mí. Y a saber que yo puedo. Se hizo amigo de mi esposo con quien compartía amargos y truco. Mis hijos lo aceptaron como de la familia, pero él nunca se entregó. Pese a que nosotros le brindamos toda nuestra amistad y cariño, don Justino conservó siempre cierta distancia. Y los años se fueron sucediendo entre problemas, tristezas y alegrías.

Había pasado largamente los ochenta y pico cuando un invierno se despidió de mí; varias veces me comentó el deseo de terminar sus días en sus pagos del Durazno. Deseché la idea de convencerlo de lo contrario. De todos modos, no me hubiese hecho caso. Y una tarde cruzó por última vez. No se despidió de nadie. Solo doña Amparo lo acompañó hasta la puerta de la pensión. Sentados en mi cocina y teniendo tanto de qué hablar, compartimos los últimos amargos en silencio.

La tarde empezó a escaparse por las rendijas. Él armó lentamente su cigarro, lo aspiró despacio. Por entre el humo miré su rostro cansado. Apretó mi mano con fuerza. Yo lo abracé y lo besé por primera y última vez. Como a mi padre, como a un amigo. Se fue con su sobretodo gris y su poncho blanco y celeste. Me dejó el regalo de haberlo conocido.
Supimos que murió en el tren antes de llegar a su pueblo.
Murió como vivió: andando.

Ada Vega, edición 2000  http://adavega1936.blogspot.com/

Mis sueños y tú...

Puede ser que tantos sueños
de sueños llene mi vida
cuando en mi pecho yo tengo
tu cuerpo de llama viva...

Y en sueños yo me transmuto
en cuerpo liviano y ligero
para llevarte en mis sueños
conquistando el mismo cielo.

Y allí nos hacemos eterno
mientras mis brazos te abrazan
y en un mundo bello y sereno
nos llenamos de esperanza.
Y es que no hay nada más hermoso
que sentirte entre mis brazos
y contemplar en tus ojos
mi paraíso soñado.

Cuando tendré ya la dicha
de soñar que no te sueño
porque nuestra realidad
en tus brazos es un consuelo.

Pero mientras eso no suceda
yo quiero seguir soñando
que mientras mis brazos te abrazan
tu pecho esta suspirando...


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