Soy la vida; sin ser nada


Soy la vida; sin ser nada,
tu futuro y tu presente.

Te mantengo los pulmones
alejados de una muerte
que se planta ante los ojos
tan siniestra como siempre.

Aunque te alivio las horas,
mucho apego no me tienes,
pues por más que te acaricio
yo sé que no me prefieres.

Bajo los ojos azules,
marrones, negros o verdes,
yo procuro ir bien vestida
de blanco o azul celeste.

Soy la nada hecha de tela,
la espada que te protege,
necesaria como el aire
y vital contra la fiebre.
Soy quien quiere que tus labios
vuelvan a besar en breve.


Destino...


Por qué seguir los pasos del destino?
llameantes piedras delante me arroja
colmando senderos de lava roja
ignorando la línea de mi sino.

Solitario surcaré mi camino
siguiendo la ruta yo mismo escoja
hasta encontrar algún brazo me acoja
en el final de un viaje cansino.

Atrás quedará mi banal memoria.
Serán los nobles y bellos momentos
quienes guíen las riendas de victoria

Construiré con el más fuerte cimiento
el mayor y ancho muro de la historia
y no volver, hasta mi último aliento.
¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

Enviado por vazcas

Poema de mi infancia, El burro flautista


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!».

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

Tomás de Iriarte fabulista, traductor, dramaturgo y poeta español de la Ilustración y el Neoclasicismo, para saber más pulse aquí.

Canción de la muerte...


Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.

Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño
aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo
de una brisa sin rumor.

Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.

Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.
En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad.

Ven y tu ardiente cabeza
entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa;
eterno regalaré;
ven y yace para siempre
en blanca cama mullida,
donde el silencio convida
al reposo y al no ser.

Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.

Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón.

José Espronceda

Poemas de Gabriel Celaya

TERROR DE LO ABIERTO

Laberinto de fuera,
figures rodeos;
laberinto de dentro,
focos, espejos.
¿Qué se descubre?
El espacio sin centro
La conciencia sin nadie
Y el mundo al cero.
No hay vigilante.
No hay nadie en medio.
¡Terror! El espacio
simplemente abierto.
Se grita. Y es terrible,
No hay eco.
Y uno vuelve a la cueva
y al miedo,
y a hablar consigo mismo
Del cero-cielo.
Laberinto final: Serpiente
del pensamiento.
A JOSÉ GARCÍA NIETO

¿Dónde estás? ¿Dónde estoy?
Juego al ser de quita y pon.
Pero en el fondo, ya sé
que tú te llamas José.
Y tú sabes quién soy yo.

Juego a decir la verdad
y siempre me sale mal.
Cuando en plena discusión
te digo que no y que no,
digo sí a nuestra amistad.

En este mundo al revés
hay que saber atender.
Lo demás de lo demás
sólo es locura: Pensar.
La verdad, José, Gabriel.


Gabriel Celaya

Resurrección, Amado Nervo

Amado Nervo (Tepic, en el Distrito Militar del mismo nombre desde 1867 hoy Nayarit; 27 de agosto de 18701​-Montevideo, Uruguay; 24 de mayo de 1919), cuyo nombre completo era Amado Ruiz de Nervo Ordaz,2​ fue un poeta y escritor mexicano, perteneciente al movimiento modernista. Fue miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, no pudo ser miembro de número por residir en el extranjero.3​

Poeta, autor también de novelas y ensayos, al que se encasilla habitualmente como modernista por su estilo y su época, clasificación frecuentemente matizada por incompatible con el misticismo y tristeza del poeta, sobre todo en sus últimas obras, acudiéndose entonces a combinaciones más complejas de palabras terminadas en "-ismo", que intenta reflejar sentimiento religioso y melancolía, progresivo abandono de artificios técnicos, incluso de la rima, y elegancia en ritmos y cadencias como atributos del estilo de Nervo.

Cuando tenía nueve años murió su padre, dejando a la familia en situación económica comprometida. Otras dos muertes han de marcar su vida: el suicidio de su hermano Luis, que también era poeta, y el retorno "a la fuente de gracia de donde procedía" de su amada Ana Cecilia Luisa Daillez.

Cursó sus primeros estudios en Michoacán; primero en Jacona, en el Colegio de San Luis Gonzaga, donde se destacó por su inteligencia y cumplimiento, después en Zamora estudió ciencias, filosofía y el primer año de leyes en el Seminario aun cuando abandonó los estudios rápidamente en 1891.4​Las urgencias económicas le hicieron desistir y lo obligaron a aceptar un trabajo de escritorio en Tepic y trasladarse después a Mazatlán, donde alternaba sus deberes en el despacho de un abogado con sus artículos para El Correo de la Tarde. Para saber más pulse aquí.

Más que hermanos...

(Romance de doble sentido)

Amigo que caminas y me sigues,
si vieras que se alejan mis zapatos
no te importe perder mi compañía,
que sigan los recuerdos en contacto.

De toda nuestra mágica aventura
no dejes que al llover se pierda el rastro,
ni que pueda atraparte el sufrimiento
cuando encuentres la huella de mis pasos.

Dime si lo que digo no es verdad,
¿quién mas que tu conoce mi pasado?
para darle a mis pasos un sentido,
para no ser la sombra de un extraño.

Si acaso no eres tú quien se retrasa,
si llegas tu a la meta más temprano,
seré yo quien te nombre en cada cruce.
Mis versos serán todos como salmos
plegarias simplemente de un poeta
que hablarán de un amigo , más que hermano.

Si vieras que se alejan mis zapatos,
que sigan los recuerdos en contacto,
no dejes que al llover se pierda el rastro
cuando encuentres las huellas de mis pasos.

Quien más que tú conoce mi pasado
para no ser la sombra de un extraño,
si llegas tu a la meta más temprano
mis versos serán todos como salmos
que hablarán de un amigo, más que hermano.



Nota: Fotografía y poema
Ramon Bonachi

Poesía inolvidable.


A MIGUEL DE UNAMUNO

Miguel atormentado, cuántas veces
cuestionas a tu Dios en tus poemas,
no sé si en busca de ángeles o jueces,
encuentras soluciones o problemas.

Razón te doy, la poesía es ética
indagación, tormento y reflexión,
pero no debe descuidar la estética,
lo que parece el quid de tu cuestión.

En cambio, en tus novelas, allí sí
has roto moldes viejos, con escritos
de contenido nunca baladí,
que logran superar caducos hitos.

Miguel de ti venero integridad,
porque hasta en tus errores hay verdad.

Ricardo Fernández.
LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzome noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

Miguel de Unamuno.

Rima de Bécquer


¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume aspirar hasta saciarse!
¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!

¡Qué hermoso es cuando hay sueño
dormir bien… y roncar como un sochantre…
y comer… y engordar…! ¡y qué fortuna
que esto sólo no baste!

Cuarentena

Que pase ya estos días
de separación forzosa
que sin tenerte vida mía,
mi vida es dolorosa...

Que necesito tu aliento
para vivir día a día
y librarme del tormento
de no sentir tu alegría.
Los momentos son eternos
el aire ya no me llega,
yo necesito tus besos
y sentir la sangre en mis venas.

Y me aferro a los recuerdos
para no perder la razón
de esos abrazos que tengo
guardados en el corazón.

Autor:  



Sonetos de Lorca

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?

¿Viste la grieta azul de luna rota
que el Júcar moja de cristal y trinos?
¿Han besado tus dedos los espinos
que coronan de amor piedra remota?

Te acordaste de mí cuando subías
al silencio que sufre la serpiente,
prisionera de grillos y de umbrías?

¿No viste por el aire transparente
una dalia de penas y alegrías
que te mandó mi corazón caliente?

De Ramon Bonachi a su padre. El viejo sombrero de mi padre

Asoma levemente de un ropero
mostrando todo el borde desgastado,
los años duermen juntos a su lado
pero antes disfrutó de caballero.

Amigo compañero y escudero
con marcas de un incógnito pasado,
imagen de guerrero derrotado
pues lleva muchos lustros prisionero.

Me daba la impresión de conocerte
notaba en mi una extraña sensación
del polvo no podía apenas verte.

Finalmente lloré de la emoción,
hallé el viejo sombrero de la suerte,
mi padre lo olvido en mi habitación.

Ramon Bonachi

Sonetos de Vicente García de la Huerta


Si nadie puede verte sin amarte,
dulce bien mío, y nadie puede verte
sin que le abrase con rigor de muerte
ardentísimas ansias de agradarte;

quien logra tan de cerca contemplarte,
y tanto como yo sabe quererte,
difícil es que a contenerse acierte
en los límites sólo de mirarte.

Abrásome a tu vista, dueño mío,
pretendo triunfos, pero al conocerte
repugnante, desisto en mis trofeos;

que a mi ciego furioso desvarío
refrena más el miedo de ofenderte,
que le mueve el tropel de mis deseos.
Si es muerte, si es infierno, Lisi mía,
el punto que me roba a tu presencia,
del vulgo la mordaz impertinencia
o de mi hado infeliz la tiranía,

¡cuánta habrá sido, Lisi, mi agonía,
mi confusión, mi pena, mi dolencia,
considerada bien la eterna ausencia
de las eternas horas de este día!

¡Ay, dulce prenda mía, si el no verte
un breve tiempo tiene tanta parte
de sentimiento, que me da la muerte!

¡cuánta será mi pena al contemplarte
capaz, por mi desdicha, de perderte,
incapaz por mi mal, de recobrarte!

Vicente García de la Huerta

Amor constante y la desconfianza


Antes al cielo faltarán estrellas,
al mar peligros, pájaros al viento,
al sol su resplandor y movimiento,
y al fuego abrasador vivas centellas;

antes al campo producciones bellas,
al monte horror, al llano esparcimiento,
torpes envidias al merecimiento,
y al no admitido amor tristes querellas;

antes sus flores a la primavera,
ardores inclementes al estío,
al otoño abundancia lisonjera,

y al aterido invierno hielo y frío,
que ceda un punto de su fe primera,
cuanto menos que falte el amor mío.
¿Qué es esto, amante corazón rendido?
¿De qué te sirve tan dichoso estado,
si tus penas parece se han doblado
de que empezaste a ser favorecido?

La imagen horrorosa del olvido
turba mi gloria y crece mi cuidado,
y aun al alma, confieso, ha penetrado,
no celos, un recelo mal nacido.

¡Ay, Lisi mía, en qué mortal quebranto
despedazado el corazón me siento,
de un temor a la rústica violencia!

Y si sólo un temor me aflige tanto,
cuánto será bien mío mi tormento,
si a ser este temor llega evidencia.

Cuando las cosas del todo no van bien.


Cuando las cosas del todo no van bien.
Cuando me siento vencida por caer. Te necesito a mi lado...
Cuando se quiebra en pedazos mi alegría.
Y está de cuestas treparme por la vida. Te necesito a mi lado...

Cuando conmigo estoy tan sólo. Y no encuentro otro modo de salir.
Pienso en ti y lo demás está de más.

Entonces vuelvo a comenzar. Cuando pienso en ti, te juro, gano la batalla.

Pienso en ti y lo demás está de más. Entonces vuelvo a respirar.
Cuando pienso en ti, mi cuerpo recupera el alma.

Cuando decido de pronto que voy a partir. Cuando me alejo en secreto de todo de mí. Te necesito a mi lado.

Cuando derrumbo mis sueños y los doy perdidos. Cuando después de intentar se cierran mis caminos. Te necesito a mi lado.

Recuerdos

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