Hueles a hembra


Hueles a hembra cálida y jugosa,
al rocío que besa a la amapola,
a suspiro de rosa enamorada
a la hierba bañada por la aurora.

Hueles a hogaza tierna y horneada,
a rescoldo de leña, a primavera
al trigo que se dora en los sembrados
a la menta que crece en las riberas.

Hueles al tibio perfume de tus ingles,
al aroma animal de tus axilas
a la flor que palpita entre tus muslos
y se baña en el néctar que destila.

Cuando hundo mi rostro entre tus pechos,
y me lleno los labios de ambrosias,
sé que ya estoy perdido y me someto
al sagrado placer de tus caricias.


Bendito sea el año, Petrarca


Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenose al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

Petrarca representa el amor como una bendición que transforma la vida y la hace manantial inagotable. Para el poeta, el amor es gracia de la que brota todo arte y toda belleza, y se condensa en el nombre de la persona amada.


El Descubrimiento de América


El Descubrimiento de América en 1492 fue trascendental y el 12 de octubre se ha considerado como un día memorable porque a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América, que culminó con el llamado «encuentro de dos mundos», que transforma las visiones del mundo y las vidas tanto de europeos como de americanos, ya que debido a sus descubrimientos se gesta la colonización europea de América. Sin embargo, el 12 de octubre de 1492 no se reveló la existencia de América. Cristóbal Colón siempre creyó que había llegado a las Indias sin sospechar que se había topado con el continente americano. Después de Colón, se organizaron otros viajes financiados por la Corona española, como los de Núñez de Balboa que cruzó a pie el istmo de Panamá y encontró el océano Pacífico (1513); y el de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518) que recorrieron las costas mexicanas. El florentino Américo Vespucio (1451-1512), al que el rey Fernando el Católico concede carta de ciudadanía castellana en Toro el 24 de abril de 1505, recorrió la costa norte de América del Sur, los litorales de Brasil y el sur de la Patagonia, y se le considera el primer europeo en comprender y anunciar que esas tierras eran en realidad un nuevo continente; por este motivo, el cartógrafo Martin Waldseemüller les dio en su mapa de 1507 el nombre de América, que se usa desde entonces.

El 23 de septiembre de 1892, la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena promulgó un Real Decreto en San Sebastián, a propuesta del presidente Antonio Cánovas del Castillo, en el que se declaraba fiesta nacional el 12 de octubre de 1892, en conmemoración del Descubrimiento de América.6​ Dicho Real Decreto fue firmado por la reina regente en nombre de su hijo Alfonso XIII y en presencia del presidente del Consejo de Ministros el 12 de octubre de 1892 en el Monasterio de La Rábida, con motivo de su visita a Huelva, Palos de la Frontera y Moguer para la celebración de los actos del IV centenario del descubrimiento de América.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fiesta_Nacional_de_Espa%C3%B1a

De dentro a fuera


Mientras quemo el fulgor que he disfrutado,
el mismo que pasó fugaz y airoso,
deshojo mi presente, cual precioso
momento que proviene del pasado.

El calor recibido está guardado,
tal vez por ser también lo más valioso;
del negro más oscuro y tenebroso
he sido muchas veces rescatado.

Añoro la ceguera encantadora 
que sufrían mis ojos. Quien pudiera
volver a ver el sol de ayer,…ahora.

Sin esa claridad, de dentro a fuera,
el silencio tortuoso que en mi mora
despierta toda ausencia traicionera.

Al sol que me dio vida 



Elegia a la tierra


Es absurdo y complejo tu calvario,
infundado y perverso, a más de indigno,
en razón de su insólito escenario.

Hoy registro tu estado, ayer benigno,
con carencias jamás imaginadas
y percibo en tu esencia el claro signo…

Quién creyera que torpes puñaladas
te atestaran los hombres para hurtarte,
sin reparos, tus savias más preciadas.

Duele verte incapaz de ya salvarte
del final al que vas por el humano,
que se arrasa a sí mismo al arrasarte.

Lo fatal se aproxima, mas su mano
palpa solo el dinero, que hoy lo infesta,
porque, afín a su espíritu profano,
se presume imbatible en cuanto apuesta…

Jorge Toro Salazar.

Rubén Darío. De invierno


En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
Envuelta en su abrigo de marta cibelina
Y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
Rozando con su hocico la falda de Alençón,
No lejos de las jarras de porcelana china
Que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
Entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
Voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

Como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos, mírame, con su mirar risueño,
Y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, 18 de enero de 1867-León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, quizá, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispano, y por ello es llamado «príncipe de las letras castellanas»...Para saber más pulse aquí.

Pierde tras el laurel su noble aliento


Pierde tras el laurel su noble aliento
el héroe joven en la atroz milicia;
supúltase en el mar por su avaricia
el necio, que engañaron mar y viento.

Hace prisión su lúgrube aposento
el sabio por saber; y por codicia
el que al duro metal de la malicia
fio su corazón y su contento.

Por su cosecha sufre el sol ardiente
el labrador, y pasa noche y día
el cazador de su familia ausente.

Yo también llevaré con alegría
cuantos sustos el orbe me presente,
sólo por agradarte, Filis mía.

José Cadalso

José Cadalso y Vázquez de Andrade, que usó el pseudónimo literario de El Militar (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque, 26 de febrero de 1782), fue un militar español, muerto al ser alcanzado por una granada inglesa, y un valioso literato, recordado por sus obras Los eruditos a la violeta, Noches lúgubres y Cartas marruecas...Para saber más pulse aquí.

Sin duda alguna


En verdad que esta es la historia 
de un amor que se hizo cuento, 
de risas, de  sufrimiento,
de  rodar como una noria. 
 
Mas pudo alcanzar la  gloria 
sin morir en el intento, 
por fortuna ese momento, 
tiene un sitio en la  memoria. 

Y es que solo fue mirarla 
y sentir en lo profundo 
un latir descontrolado 

que no cesa en desearla 
y besar cada segundo 
del presente y del pasado.

En tu idioma.


Cuando tú me sorprendes con tu idioma 
y mi nombre pronuncias con tu aliento,
cuando muestras desnudo el sentimiento,
nadie puede ignorarte, ni de  broma.

Tu mirada me pone en punto y coma ,
anulando mi estado en el momento
en que ignoro el lugar del que frecuento,
pues es mucha la gracia que en ti asoma.

Conmueve estar presente al lado mío,
disparando un extraño abecedario
cada vez que tienes calor o frio.

Un repetir de amor, regresa  a diario, 
llenando  de caricias un vacío
de sobras ya  lo sabes ... necesario. 

A mi Chanel, 

Viva México y su grito


Las fiestas patrias se celebran en el mes de septiembre por el aniversario del llamado Grito de Independencia, que fue dado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla en 1810, este se dio en la madrugada del 16 de septiembre, cuando al hacer sonar la campana de la iglesia de Dolores Hidalgo convocó al pueblo a levantarse en armas en contra del dominio de los españoles.
Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo, formaron parte de un grupo que conspiraba contra el gobierno español. Al ser descubierta la conspiración, fue ordenada la aprehensión de los cuatro.

La guerra de la Independencia dio inicio una madrugada en la ciudad de Dolores Hidalgo a  mando del cura Miguel Hidalgo y Costilla, junto con los generales Ignacio Allende y Juan Aldama. Finalmente la Independencia de México se consumó el 27 de Septiembre de 1821 bajo el Plan de Iguala, proclamado por Austin de Iturbide y Vicente Guerrero.
Las zonas que actualmente comprenden México, Centroamérica y el sur de Estados Unidos habían quedado en manos de España cuando Hernán Cortés derrocó el gobierno de México Tenochtitlán en 1521.

En el año de 1845, el presidente Antonio López de Santa Anna celebro oficialmente la ‘Ceremonia del Grito’ para recordar al cura Hidalgo y a los héroes que lucharon por la independencia. Estableció que la ceremonia se realizara cada 15 de septiembre a las 23:00 horas. A su vez poder festejar su cumpleaños número 80.

El 16 de Septiembre  de 1910 fue oficialmente inaugurado el  “Ángel de la Independencia” Obra  del Arquitecto Antonio Rivas. Os dejo con este poema que escrbí para la ocasión.

Como el águila agarra la serpiente
el mexicano con su furia hace valer
el derecho de hacerse independiente
de la corrupción, los narcos y el poder.

Y esos gritos desgarra sus gargantas
al son de las campana de la libertad
que corean desde México hasta España
con las lágrimas que dicen...vasta ya...

Afila tus uñas mexicano, saca tus dientes
no te dejes doblegar hermano
se como el águila, fuerte
lucha por esa libertad que ganaste, contracorriente.

Las fiestas patrias son para hacer examen de conciencia
¿Quiénes son tus gobernantes?
¿Qué es tu bandera?, ¿Qué seca los pechos de tus madres?
¿Qué será esa fiera? que con zarpazos de pobreza, te desespera.

Yo quisiera gritar muy fuerte y claro
como español y mexicano de vocación
tocando la campana de mi pecho
y entonando con vosotros una oración...

Señor de los espacios infinitos
tu que tienes a esa gente en tu conciencia
ayúdalos señor te lo suplico
aplicando la razón de la experiencia...


Sapo maldito


No te creas más listo ni mas fuerte,
no te creas que nada soy sin ti,
no te pienses que tienes una esclava
porque aun no he saltado contra ti.

Eres un pobre viejo alcoholizado,
no me importa qué diga tu carnet,
un proyecto de hombre fracasado,
un drogata meando en la pared.

Ya no se te levanta ni la mano,
tu boca huele a piara y muladar,
tu piel es un pellejo desgarrado,
tus ojos, golondrinos en tu faz.








Ya he tenido bastante, ya me marcho,
muérete en la covacha de tu hiel,
hueles a podredumbre y a fracaso
¡quedate las migajas del pastel!
He llorado hasta quedarme ciega,
he aguantado tus cuernos sin cuartel,
tus desprecios, tus broncas, tus palizas
por un hijo que ya no sé quien es.

Puedes irte al infierno como un sapo,
como el sapo maldito que eres tú,
porque yo elevo el vuelo hacia la vida
a buscar paz, amor y juventud.






No te culpo...no me culpes...


No voy a decir que es tu culpa o mía,
que caiga en eso ahora es una tontería
y ya de tonterías hemos tenido bastante.

Tampoco me parece aceptable que huya
al hecho de que alguien hoy me sustituya
y otra mujer en mis brazos te suplante.

Alguna vez nos creímos imprescindibles,
cosas serias las convertimos en risibles
y el mapa de nuestro amor fue cambiando.

Los caminos que a amarnos nos conducían,
vientos soplando que de guías nos servían,
cosas que estaban y ya no seguían estando.

Un mapa dibujado empezó a desdibujarse,
amores que se topaban dejaron de toparse
y sueños unidos no volvieron a estar juntos.

Hacer el amor dejó de parecernos la gloria
y nos preguntábamos al leer nuestra historia
si acaso sería el final alguno de sus puntos.

Nos fuimos acostumbrando a las ausencias,
ya no se mezclaban como antes las esencias
ni siquiera para ver ambos cómo anochecía,

en medio de nuestros apuros, nuestras prisas,
al alejarnos supimos que en nuestras sonrisas
alguna lágrima en nuestras almas se escondía.

El tiempo fue pasando, el cielo azul ya era gris,
el panorama celeste cambió rápido, en un “tris”
lo que para hacerlo azul tanto amor nos costó.

El amor era el plato principal de nuestro menú,
pero ya de ese mismo amor no me hablabas tú
y entre mis conversaciones nunca lo incluía yo.

Simplemente dejó de ser lo que parecía que era,
se acabó para nosotros de pronto la primavera
y nos llegó de la nada el más frío invierno...

Dejó de ser el sueño, la esperanza, el anhelo
y los que tan abrazados se fabricaron su cielo,
ahora están viviendo su soledad en el infierno.

No te culpo, no me culpes, cosas que pasan,
situaciones que se nos dan y que nos arrasan
y cuando nos damos cuenta ya sucedieron...

Hubo sentimientos que entre nosotros cabían,
que nos dimos cuenta ambos de que nacían...
pero no supimos ver cuándo murieron.

Poema original de Álvaro Márquez


El seminarista de los ojos negros


El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.

Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.

Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.








Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: ¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyo tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aun guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...

Miguel Ramos Carrión

Tengo hambre


Tengo sed ancestral de buenas nuevas,
de torrentes de lluvia redentora,
de cánticos de paz y de armonía,
de abrazos en las luces y en las sombras.

Tengo hambre de luz y de horizontes,
de futuros brillando en la mañana,
de anocheceres de paz y de armonía,
sin miedos, sin temores ni amenazas.

Quiero un mundo mejor para mis hijas,
Un futuro de amor para mis nietos,
Una tierra preñada de esperanza,
Sin basura, sin guerras, sin recelos,
donde todos tengamos un espacio
en que vivir como hermanos, bajo un cielo
sin misiles, sin bombas, sin más truenos
que los rayos que anuncian aguaceros,
donde las armas, el hambre y la miseria
sean solo un recuerdo del pasado
donde volvamos a cuidar la tierra,
esa madre que todo nos la ha dado
que a pesar del horror que le hemos hecho
nos regla la vida entre sus brazos.


La invasión de los phonbies


Los puedes ver recorriendo nuestras aceras, no miran, no escuchan, se deslizan como mutantes pero no se te ocurra interponerte en su camino, serás arrollado sin piedad. Llevan la cabeza baja pendiente de un amuleto que los dirige a distancia, a veces, incluso le contestan, pero sus ojos sus manos y sus vísceras están encadenados a él.

No hay lugar en el que no les acompañe, en el metro, en los restaurantes, en las reuniones de amigos, mientras los humanos dialogan entre ellos, se miran y hasta se tocan, los phonbies permaneces apartados, alienados en su propio universo.

Estos seres descerebrados eran personas normales hasta que cayeron bajo la maldición de ese gran hermano que les dirige, día y noche, las veinticuatro horas están a su merced, y controlan hasta sus sueños.

Esta plaga está cada vez mas extendida, millones de personas han caído bajo sus garras y solo los ancianos parecen permanecer inmunes, ataca a los niños cada vez más jóvenes y una vez inoculados, es imposible librarse, si un apagón milagroso no lo impide, en pocos años, toda la humanidad caerá bajo el imperio de las tinieblas, la máquina dominará al hombre, y los sonidos del silencio será la sinfonía del nuevo mundo.


Cuando te miro...

 


Cuando te miro a los ojos
besando tu ardiente boca,
en mi piel y sobre mi pecho
cien volcanes me provocas.

Y ardo de puro fuego
y en el fuego me consumo
cuando tu pecho y mis besos
se convierten en solo uno.

Cuantos suspiros en mi alma
sintiéndome entre tus brazos,
cuanto amor en mi derramas
cuantos sentimientos puros.


Al dormir si no te tengo
hasta el aire a mi me falta
y voy soñando despierto
que a mi alma tu te abrazas.

Yo me convierto en poema
tú en mi azucena blanca
que en las nubes de mis penas
las alegrías me plantas.

Y sigo diciéndote amor
que de amor te estoy soñando,
que eres mi luna y mi sol
cuando tu me estas besando.




















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