En mi corazón yo he prendido


En mi corazón yo he prendido
la luz de nueva esperanza
que me muestre nuevo camino
que me lleve hasta tu casa.

Que por estar a tu lado
de fuerzas ya desfallezco
y quiero ya que tus brazos
me quemen a fuego lento.

Que necesito tus besos
y que tus manos me toquen
y entre palabras de amor
mis suspiros se desboquen.
Cuantas ganas vida mía
cuantos deseos reprimidos
desde que amanece el día
quedan en mi pecho rendido.

Y quiero sacarlos a la vida
para no morir penando
que sepas ya no son heridas
las que me están matando.

Pues tú volviste mi cielo
de un color azul hermoso
y me llenaste de consuelo
volviendo feliz mis ojos.
















Entre nos


Qué podría decirte que no sepas
si conoces de mí hasta mis sueños,
si en mi mundo no hay sitio en que no quepas, 
si eres causa de todos mis empeños.

Que podría decirte novedoso
si mi amor inefable permanece, 
si viviendo a tu lado soy dichoso,
si en tus brazos mi amor se reverdece.

Que podría decirte si admirando
tu garbosa figura y tu mirada,
me estremezco y al traste todo mando,
para hacerte el amor, mi dulce amada.
 
Solo puedo decir que cada día,
yo te adoro por ser mi compañía.

Jorge Toro Salazar

Al dolor


Hiere, hiere, ¡oh Dolor! He, aquí desnudo
mi inerme pecho: el protector escudo
que en otro tiempo rechazó tus dardos,
roto en pedazos estalló a tus golpes,
y contra ti ya nada me defiende.

¡A ti me entrego en mi fatal despecho!
Hiere, pues, rompe, hiende,
destroza sin piedad mi inerme pecho.
Pero sabe, oh Dolor, que, aunque rendido,
a ti me doy perdida la esperanza;
no me verás doblar la erguida frente
y el rudo bote de tu ardiente lanza
del corazón herido
no arrancará ni queja ni gemido
ni de su llanto hará correr la fuente.

Y acaso el solo ruego
que escuchen de mis labios tus oídos,
será que de tu brazo formidable
en mí descargues tan tremendo y fuerte
que con sólo ese golpe me des muerte,
dando fin a esta vida miserable.

Julio Zaldumbide Gangotena

Recuerdos


¿Por dónde andáis? pedazos del pasado,
amigos de un instante pasajero;
me acelero y pienso preocupado
en todo este vacío traicionero
que araña, con malicia , acomodado,
en el rincón del alma que más quiero.
¿Por dónde andáis? queridos portadores
de momentos pasados y mejores.

Suma y resta la vida mientras dura,
a veces, con total incertidumbre,
vivir y no perder la compostura
es algo que se acepta por costumbre;
andar, andar y andar pasa factura,
ya nada se ve igual desde la cumbre,
por eso voy guardando día a día
pedazos de tristeza y alegría.

En el presente tengo la esperanza
de no caer in situ en el abismo;
donde nada se mueve... nada avanza,
allí, todo parece un espejismo.
Cuidad de no romper con mi añoranza
es cuánto tengo y queda de mí mismo,
así que no tardéis mucho en volver.
¿Por dónde andáis? pedazos de mi ayer.

Ramón Bonachi

Nuestro otoño


Tanto tiempo contigo, tantos años unidos,
y seguimos mirando similares paisajes,
caminamos con calma, sin afanes ni ruidos,
de la mano tomados por iguales parajes.

Y a pesar del otoño, a pesar de los años,
nos seguimos amando con igual ansiedad;
y en las cómplices noches, entre besos y amaños,
nos volvemos mozuelos y olvidamos la edad.

Ya sabemos con creces del amor reposado,
que maduro se goza sin excesos ni prisas,
ya tenemos el tiempo, un cariño blindado
y gloriosas jornadas de pasión y sonrisas.

No tememos a nada, hoy la paz nos cobija,
el amor nos reúne y no hay qué nos aflija.

Jorge Toro Salazar

El perro vagabundo


Llevando mi soledad
acuestas por los caminos
una tarde lo encontré
cabizbajo y abatido.

Su caminar vacilante
más o menos como el mío
su corazón anhelante
muy grande pero vacío.

Lo habían abandonado
y estaba triste y perdido
con las orejas caídas
y el rabo medio escondido.

Le miré y él me miró
y en sus ojos color vino
se adivinaba el dolor
en sus pupilas prendido.








Pobre perro vagabundo
despreciado y escupido,
todo el mundo te rechaza
y te sientes afligido.

Le acaricié la cabeza,
le dije “Vente conmigo,
nunca más estarás sólo,
yo te llamaré, “mi amigo”.

Se iluminaron sus ojos,
me lamía con su hocico,
se olvidó de su dolor
y el mío quedó dormido.




Desconozco el autor




A Lorca (Elegía)


En este arcano mundo de gusanos,
tú eres un diminuto instante ameno;
de versos y poemas sigue lleno
el tiempo que tuviste entre tus manos.

Romancero de payos y gitanos,
cuando más te recuerdo, más veneno.
Aunque guardo silencio, doy de pleno
si digo que hay rencores sobrehumanos.

Tu tristeza se seca al sol, reposa
inerte, sin saber por qué motivo,
pues no todo es cuestión de mala suerte.

Viejo amigo, la envidia es peligrosa,
cómo duele su acoso estando vivo,
qué inútil resultado tras la muerte.

Ramón Bonachí.



Al poeta Pedro Soto de Rojas


Poco después que su cristal dilata,
Orla el Dauro los márgenes de un Soto,
Cuyas plantas Genil besa devoto,
Genil, que de las nieves se desata.

Sus corrientes por él cada cual trata
Las escuche el Antípoda remoto,
Y el culto seno de sus minas roto,
Oro al Dauro le preste, al Genil plata.

Él, pues, de rojas flores coronado,
Nobles en nuestra España por ser Rojas,
Como bellas al mundo por ser flores,

Con rayos dulces mil de Sol templado
Al mirto peina, y al laurel las hojas,
Monte de musas ya, jardín de amores.

Su vida estuvo llena de penurias y le costó publicar sus obras, pero sus versos le hicieron inmortal gracias a la reivindicación de su figura siglos después de su muerte. (Gongora)

En sus poesías se solían distinguir dos períodos. En el tradicional hace uso de los metros cortos y temas ligeros. Para ello usaba décimas, romances, letrillas, etc. Este período duró hasta 1610, en que cambió para volverse culterano, haciendo uso de metáforas difíciles, muchas alusiones mitológicas, cultismos, hipérbatos, etc., pero Dámaso Alonso demostró que estas dificultades estaban ya presentes en su primera época y que la segunda es una intensificación de estos recursos realizada por motivos estéticos...Para saber más pulse aquí.

Entre olvidos


A veces el olvido puede llegar a ser
más frecuente de lo que imaginamos,
nosotros mismos queriendo o sin querer,
olvidamos amar lo que tanto amamos.

Olvida aquel árbol ya anciano florecer,
olvida su hogar un pájaro y se extravía;
una pasión olvidada ya no puede arder
o alguien ha olvidado que arde todavía.

Se olvida un nombre por algún motivo,
se da un abrazo tardío en caso de luto;
sin olvido el morir nunca es definitivo,
pero si acaso te olvidan… ya es absoluto.

Se olvida en ocasiones un cumpleaños,
olvidamos un lugar al que íbamos antes;
él y ella se miran como unos extraños
porque ambos olvidaron que eran amantes.

Muere un perro de tristeza en el olvido
y una flor en un jardín que olvidado existe.
Olvidas la letra de un poema que has leído
y ya no recuerdas a ningún poeta triste.

No te acuerdas de Dios ni tus manos juntas,
pero si un día lo necesitas sí… así es la vida.
Y a veces por olvidar con miedo te preguntas
si el propio Dios aun siendo Dios también olvida.

Poema original de Álvaro Márquez


Cuando yo te encuentro enferma

Cuando yo te encuentro enferma
mi alegria desaparece
y no hay en la tierra manera
de huir de mis pesares.

El alma se me congela
la tristeza me atenaza
y los quejidos se me quedan
dentro muy dentro del alma.

No quiero saber que estas lejos
cuando enferma tu te encuentres
prefiero estar en tu lecho
acariciando tus sienes.

Quiero que te pongas buena
crayolita de mi vida
y que mi alma serena
curen todas tus heridas.



Deseos

 
Quieren calladamente mis deseos
fundirse con los tuyos,sin más brío ,
que aquel que de calor y no este frío 
helado  con dudosos titubeos .

Quieren estas mis ansias y jadeos
llenar cualquier lugar, cualquier vacío
que exista  entre el agrado y el hastío
de este amor que no entiende de rodeos.

Quieren esos deseos tan callados 
huir de este silencio que tortura ,
rompiendo con caricias las mañanas 

Quieren verse en tus ojos reflejados
alcanzarte de lleno y sin mesura 
para luego morirse en ti, de ganas.

Fotografía y poema: Ramón Bonachí.

Hueles a hembra


Hueles a hembra cálida y jugosa,
al rocío que besa a la amapola,
a suspiro de rosa enamorada
a la hierba bañada por la aurora.

Hueles a hogaza tierna y horneada,
a rescoldo de leña, a primavera
al trigo que se dora en los sembrados
a la menta que crece en las riberas.

Hueles al tibio perfume de tus ingles,
al aroma animal de tus axilas
a la flor que palpita entre tus muslos
y se baña en el néctar que destila.

Cuando hundo mi rostro entre tus pechos,
y me lleno los labios de ambrosias,
sé que ya estoy perdido y me someto
al sagrado placer de tus caricias.


Bendito sea el año, Petrarca


Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenose al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

Petrarca representa el amor como una bendición que transforma la vida y la hace manantial inagotable. Para el poeta, el amor es gracia de la que brota todo arte y toda belleza, y se condensa en el nombre de la persona amada.


El Descubrimiento de América


El Descubrimiento de América en 1492 fue trascendental y el 12 de octubre se ha considerado como un día memorable porque a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América, que culminó con el llamado «encuentro de dos mundos», que transforma las visiones del mundo y las vidas tanto de europeos como de americanos, ya que debido a sus descubrimientos se gesta la colonización europea de América. Sin embargo, el 12 de octubre de 1492 no se reveló la existencia de América. Cristóbal Colón siempre creyó que había llegado a las Indias sin sospechar que se había topado con el continente americano. Después de Colón, se organizaron otros viajes financiados por la Corona española, como los de Núñez de Balboa que cruzó a pie el istmo de Panamá y encontró el océano Pacífico (1513); y el de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518) que recorrieron las costas mexicanas. El florentino Américo Vespucio (1451-1512), al que el rey Fernando el Católico concede carta de ciudadanía castellana en Toro el 24 de abril de 1505, recorrió la costa norte de América del Sur, los litorales de Brasil y el sur de la Patagonia, y se le considera el primer europeo en comprender y anunciar que esas tierras eran en realidad un nuevo continente; por este motivo, el cartógrafo Martin Waldseemüller les dio en su mapa de 1507 el nombre de América, que se usa desde entonces.

El 23 de septiembre de 1892, la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena promulgó un Real Decreto en San Sebastián, a propuesta del presidente Antonio Cánovas del Castillo, en el que se declaraba fiesta nacional el 12 de octubre de 1892, en conmemoración del Descubrimiento de América.6​ Dicho Real Decreto fue firmado por la reina regente en nombre de su hijo Alfonso XIII y en presencia del presidente del Consejo de Ministros el 12 de octubre de 1892 en el Monasterio de La Rábida, con motivo de su visita a Huelva, Palos de la Frontera y Moguer para la celebración de los actos del IV centenario del descubrimiento de América.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fiesta_Nacional_de_Espa%C3%B1a

De dentro a fuera


Mientras quemo el fulgor que he disfrutado,
el mismo que pasó fugaz y airoso,
deshojo mi presente, cual precioso
momento que proviene del pasado.

El calor recibido está guardado,
tal vez por ser también lo más valioso;
del negro más oscuro y tenebroso
he sido muchas veces rescatado.

Añoro la ceguera encantadora 
que sufrían mis ojos. Quien pudiera
volver a ver el sol de ayer,…ahora.

Sin esa claridad, de dentro a fuera,
el silencio tortuoso que en mi mora
despierta toda ausencia traicionera.

Al sol que me dio vida 



Elegia a la tierra


Es absurdo y complejo tu calvario,
infundado y perverso, a más de indigno,
en razón de su insólito escenario.

Hoy registro tu estado, ayer benigno,
con carencias jamás imaginadas
y percibo en tu esencia el claro signo…

Quién creyera que torpes puñaladas
te atestaran los hombres para hurtarte,
sin reparos, tus savias más preciadas.

Duele verte incapaz de ya salvarte
del final al que vas por el humano,
que se arrasa a sí mismo al arrasarte.

Lo fatal se aproxima, mas su mano
palpa solo el dinero, que hoy lo infesta,
porque, afín a su espíritu profano,
se presume imbatible en cuanto apuesta…

Jorge Toro Salazar.

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